Pink Floyd: Animals

Reseña Original de 1977

POR FRANK ROSE | 23 Apr de 2018


Reseña Original de 1977.

Para Pink Floyd, el espacio siempre ha sido el gran escape. Todavía lo es, pero la definición ha cambiado. El romance con el espacio exterior ha sido remplazado por el horror de la distracción.

Este cambio no es de un día a otro. Estaba en Dark Side of the Moon y Brain Damage, Wish You Were Here y la historia de Syd Barret. Ahora está Animals, una visita a una finca cacofónica en la que tienes que cuidarte de tus enemigos. El disco trata la soledad, la muerte y las mentiras. “Disfruta ahogándote”, grita, mientras te caes en el hueco que es el álbum: “Disfruta ahogándote mientras estás solo/ Sintiéndote mal”. Gracias, lo intentaré.

No vale la pena. Como todos los discos de Floyd, este te absorbe como una esponja, pero de todas formas puedes escuchar el grito de los oyentes que intentan dar la pelea. ¿Cuál es el problema? Para los novatos, el saxofón que calentaba Dark Side of the Moon y Wish You Were Here ha sido remplazado por unos solos de guitarra cortesía de David Gilmour, un cambio frágil y no muy atinado. El canto es forzado. El sonido es más complejo, pero falta una verdadera profundidad; no hay nada que iguale la increíble introducción de Dark Side of the Moon, por ejemplo, con el sonido de las cajas registradoras que recuerdan al final mecánico de Metrópolis. De alguna forma, es como si la banda se estuviera transformando en una fábrica de noodles.

Tal vez eso no debería ser una sorpresa. Floyd nunca se ha sentido cómodo en el avante garde sesentero: el rock espacial se acercaba demasiado a la ciencia ficción. Pero el extraordinario éxito de Dark Side of the Moon (lanzado hace cuatro años y todavía encabezando los listados) fue el punto más alto de una década de crecimiento y le dio a la banda un público tan grande como el espacio. La tentación de seguir con las ideas prefabricadas de lo que le podría gustar a esa gente –en este caso más caliente y con heavy metal – parece que era demasiado fuerte como para resistirse.

Peor aún, se empieza a dar una sensación de derrota. En 1968, Floyd cantaba líneas como: “¿Por qué no podemos alcanzar el sol? /¿Por qué no podemos desperdiciar los años?”. Este tipo de cosas pueden parecer tontas, pero al menos no eran autocompasivas. El Floyd de 1977 es amargo y malhumorado. Se queja de la hipocresía en la actitud humana (y luego titula sus canciones con animales, ¿entiendes?). Suena como si acabara de descubrir esto, su mensaje es tedioso y no tiene sentido.

Lo mejor que ha hecho Floyd es comunicar lo que sucede en la cabeza tras vivir en un lugar como Inglaterra, donde el siglo XX se ha impuesto sobre cualquier otro. La tensión que potencia su música no es el simple temor del hombre antes de la tecnología, es el conflicto entre lo moderno y lo antiguo, entre la tecnología y la tradición. El espacio es la forma en la que Floyd resuelve el conflicto.

Evidentemente, el espacio no es un escape real y Pink Floyd lo sabe. Pero se supone que distraerse sí lo es. Animals es lo que hace la banda al darse cuenta que la distracción tampoco es la respuesta. No hay salida, te drogas y vuelves a tu estado normal. Eso es lo que ha hecho Pink Floyd, con un golpe muy fuerte.

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