RADIOHEAD: Genios y paranoia

Radiohead recuerda la creación de su profética obra maestra OK Computer

POR ANDY GREENE | 02 Jun de 2017


Thom Yorke tiene un consejo contundente para su yo más joven, ese humanoide veinteañero y paranoico que creó la obra maestra de su banda a finales del mileno pasado. “Aligerar las mierdas”, dice Yorke con una carcajada. El líder de Radiohead, que cumplió 48 años en octubre, ya no se esconde en los autobuses de las giras ni ventila el dolor y el miedo en cuadernos de espiral. Ahora baila en el escenario y hace de DJ en discotecas.

En este momento está sentado en Little Dom’s, un restaurante italiano de Los Ángeles, su ciudad adoptiva, y tiene puesta una chaqueta de jean desteñida con el cuello levantado, una camiseta blanca y pantalones que parecen de cuero. Lleva su pelo largo hacia atrás con moño pequeño y apretado y luce una barba gris con estilo. Little Dom’s es uno de sus lugares favoritos

—Estuvo cenando aquí la noche anterior—, pero ahora es mediodía, y el lugar ha abierto temprano solo para él. Pide un té y luego un espresso. En su mano tiene un iPhone con una calcomanía que resume su respuesta a casi todas las dudas imaginables: “Manda a la mierda lo que oíste”.

Acaba de comenzar una gira con Radiohead por Estados Unidos, tocando ante 90 mil personas el segundo fin de semana de Coachella. Esa presentación salió impecable, no como la semana anterior, cuando el sonido colapsó dos veces a mitad del show. Enfrentado a una situación similar en Grastonbury en 1997, Yorke se bajó del escenario “listo para matar” al final del show. Pero esta vez pudo reírse un poco. “Me gustaría contarles un chiste, calmar un poco el ambiente”, le dijo al público. “Pero esto es Radiohead, así que a la mierda”. Sin embargo, dice que “fue como una de esas pesadillas recurrentes en las que uno está tocando con todos los cojones pero nadie puede oírlo”.

Recientemente Yorke se ha enfrentado a sus viejas pesadillas y a su antiguo yo. Es el vigésimo aniversario del innovador Ok Computer, y el artista ha estado revisando sus viejos diarios, cuadernos y demos de la época para incluirlos en una edición de lujo del LP. “Ha sido demasiado loco pasar por esto”, dice Yorke. “Volver a donde estaba mi cabeza es realmente demente”. Los montones de papeles —que incluyen letras escritas en papelería de hoteles, instrucciones para usar un inhalador (“para tratar de no entrar en pánico”) y dibujos de aviones, helicópteros, autos, escaleras mecánicas y otros medios de transporte— revelan los pensamientos más íntimos de un tipo de 27 años que comenzó a colapsar después de vivir de gira en un autobús durante cuatro años consecutivos. “Era básicamente catatónico”, dice Yorke. “Tenía claustrofobia y simplemente no tenía sentido de la realidad en absoluto”.

FOTOGRAFÍA POR DANNY CLINCH
FOTOGRAFÍA POR DANNY CLINCH

Para la mayoría de los oyentes, las letras sobre accidentes de autos y aviones, androides paranoicos, secuestros alienígenas y un robot siniestro que declara que el hombre es poco más que “un cerdo en una jaula con antibióticos”, explotaban una sensación general de malestar sobre el futuro siglo XXI y la aterradora velocidad de las innovaciones tecnológicas, mientras los beepers se convertían en celulares y las computadoras en buques de noticias y pornografía. “Sentía que había una sobrecarga de información”, dice Yorke. “Lo irónico es que es mucho peor ahora”. Las letras también sacaron a flote los demonios personales de Yorke; los conflictos de estar en una banda de rock que nunca descansaba, así como algunas inseguridades más profundas que se remontaban a su niñez.

Lanzado en la primavera de 1997 —una época en la que la música se fragmentaba en un matorral de subgéneros y la relevancia del rock guitarrero parecía desvanecerse (el guitarrista Jonny Greenwood recuerda pensar que “las bandas ya eran un sombrero viejo”), OK Computer fue la última obra maestra del rock alternativo, y un recordatorio de que aún hay espacio para que —continuando con la misión de los Beatles— las bandas utilicen el estudio para crear grandes declaraciones artísticas con sonidos nunca antes escuchados. “Fue el álbum en donde lanzaron todo por la ventana”, dice el amigo de Yorke, Michael Stipe. “Se reimaginaron y descontextualizaron lo que era ser una banda”. Era un anhelo urgente y emotivo basado en la necesidad de crear algo real.

“Confiábamos mucho en nosotros y éramos estúpidos”, dice el bajista Colin Greenwood. “Estúpidos no es la palabra. Más bien nos faltaba experiencia. A los 24 o 25 años, uno no sabe qué tan mal puede salir algo porque piensa que puede hacer todo. ¡Y eso es fantástico!”. Con Ok Computer Radiohead pasó de ser una banda británica de culto a convertirse en la banda de rock más importante del planeta. Pero, tal como sucedía en los 90, su éxito solo dejó a Yorke más a la deriva. “En esa época, la persona que veía en el espejo se la pasaba diciéndome: ‘Eres mierda. Todo lo que haces es una mierda. No hagas eso, es una mierda’”. Por un momento, Yorke se perdió…

Jonny todavía se compadece por aquellos fans de Alanis Morissette. La cantante (a quien le encanta el segundo álbum lleno de guitarras de Radiohead, The Bends, de 1995) había invitado a la banda como telonera de su gira Jagged Little Pill, en donde se encontraron con un público de chicos indiferentes y cansados de esperar, que querían que la banda se bajara para poder oír Ironic. “Lo que más recuerdo de aquella gira”, dice Jonny “es haber tocado solos interminables de órgano frente a un público lleno de adolescentes calladas y desesperadas”.

La banda utilizaba escenarios pequeños para ensayar material de OK Computer, y probaba canciones inéditas complejas llenas de desespero y anhelo —Karma Police, Let Down, Paranoid Android— a plena luz del día. “Éramos expertos en tocar frente a gente a la que le importábamos una mierda”, dice Yorke. “Me gustaba mucho. La gente estaba sentada comiendo pollo. Y nosotros tratábamos de hacerlos atorar”. Pero era solo una serie más de shows, cuatro años de un ciclo brutal que comenzó en 1992, cuando esta banda de amigos del colegio (Yorke, Phil Selway, Colin, Ed O’Brien y Jonny) proventiente de Oxford, Inglaterra, se anotó un hit mundial con Creep, un himno de autodesprecio que amenazaba con convertirlos en otro one-hit wonder de los 90 —algo así como Marcy Playground y Spacehog—. Y tenían en cuenta a bandas británicas como Stones

Roses, que nunca estuvo interesada en las giras por los Estados Unidos.

Así las cosas, Radiohead se montó a un autobús y llegó a cada esquina de ese país para promocionar The Bends. Tan solo en 1995 tocaron en 177 shows como parte de una operación casi suicida de giras y grabaciones entre 1993 y 1998, con solo un mes de descanso. Para casi todos los miembros de la banda esos fueron los años gloriosos. “Algunos de mis mejores recuerdos con el grupo provienen de ese viaje en autobús por Estados Unidos”, dice O’Brien. “Jugábamos cartas o veíamos películas. Recuerdo haber pasado por las Montañas Rocosas Oyendo a Glen Campbell”.

En un punto de 1996, la banda estaba matando el tiempo en el autobús, escuchando una versión de audio de la novela clásica de ciencia ficción de Douglas Adams, A Hitchhiker’s Guide to the Galaxy, de 1979. A mitad del libro, una computadora espacial dice que es incapaz de defenderse de los misiles que le están llegando. “OK, computador”, responde al presidente galáctico Zaphod Beeblebrox, “quiero el control manual completo ahora”.

El cuaderno de dibujos de Yorke para OK Computer
El cuaderno de dibujos de Yorke para OK Computer

Yorke anotó la frase —que marcó el punto en la narrativa cuando los humanos se salvaban al reclamar el control de las máquinas— en su abultado cuaderno de letras. En las nuevas canciones se hacía mucha referencia a los efectos deshumanizantes de la tecnología, pero Yorke insistía en que lo que tenía en su mente eran los viajes sin pausa; la dislocación que sentía al “vivir en órbita” le ayudó a aprovechar el espíritu de una época futura aturdida por smartphones.

“La paranoia que sentía en el momento estaba más relacionada con la forma como la gente se relacionaba entre sí”, dice. “Pero estaba usando la terminología de la tecnología para expresarla. Todo lo que escribía era en realidad una manera de tratar de conectarme de nuevo con otros seres humanos cuando estaba siempre de paso. Tenía que escribir acerca de eso porque era lo que ocurría, y eso tenía implícito un sentimiento de soledad y desconexión”.

Yorke acepta que algunas de las letras provenían del nerd que tenía dentro. “Todo el álbum es putamente geek”, dice. “Cuando niño era un poco geek, lo digo sin pena. Luego estaba en una banda de rock conocida por tomar té y nunca socializar, cuando en realidad era distinto”. Yorke no habla mucho de eso, pero en realidad estaba bebiendo en aquellos días. Selway dice que merecían su reputación. “La imagen de Radiohead de gira es que es un monasterio sobre ruedas”, dice. “La mayoría de las veces, lo era”.

Mientras hacían un tour tras otro, Yorke empezó a lidiar con sus fobias, un día relató que se había imaginado que el autobús de la banda colgaba de un precipicio. “Nuestra familia casi sufre un accidente espantoso [en un auto]”, dice. “Mi papá solía hablarme mucho de eso. Creo que me estaba tratando de inculcar la idea de que cualquier cosa puede suceder en cualquier momento y que uno no tiene control de eso, lo que me hace tener un poco de paranoia justificada”.

Su odio por los carros estaba ligado a una sociedad en donde, según él, “la gente madruga demasiado y sale de casas en las que no quiere vivir para manejar hacia trabajos en los que no quiere estar, en uno de los medios de transporte más peligrosos que existe. Nunca me he acostumbrado a eso”.

La alienación le llegó a Yorke naturalmente. Nació con el ojo izquierdo cerrado y soportó cinco cirugías antes de cumplir seis años. Los médicos hicieron algo mal, lo que le obligó a usar un parche durante un año. Sin embargo, su ojo sufrió un daño permanente. El empleo irregular de su padre como proveedor de equipos para manejo de químicos hizo que la familia se mudara mucho, y el chico nuevo del ojo raro se convirtió en un blanco fácil del matoneo. “Hay una sensación omnipresente de soledad que he tenido desde el día en que nací”, dijo en 1995. “Tal vez muchas otras personas sienten lo mismo, pero no voy a correr por la calle preguntándoles a todos si están tan solos como yo”.

La corte de St. Catherine está en un terreno de cuatro hectáreas a unos 180 kilómetros al oeste de Londres, en el tranquilo pueblo de Bath, Inglaterra. La casa señorial e isabelina de nueve habitaciones fue construida por un monje en el año 950 después de Cristo y fue expandiéndose a través de los siglos, hasta convertirse en una de las residencias privadas con uno de los diseños arquitectónicos más impresionantes del Reino Unido. “Todavía sueño con ella en las noches”, dice la exdueña y actriz Jane Seymour (conocida por La dama del oeste), quien la rentaba a bandas como The Cure, que grabó su álbum Wild Moon Swings de 1996 en el gigantesco salón de baile en el centro de la casa. “Tiene una reverberación de cuatro segundos”, dice Seymour. “Cuando John Barry, el compositor, estuvo ahí, dijo: ‘No vayas a amoblar ese cuarto. No sabes lo precioso que es como un espacio vacío’”.

Era el lugar perfecto para que Radiohead grabara OK Computer. Antes de Napster el negocio todavía nadaba en dinero y la estabilidad en las ventas de The Bends en Inglaterra, junto a las buenas críticas que venían de Estados Unidos, convencieron a EMI de dar un gran presupuesto a la banda. “Ellos dijeron: ‘Hagan lo que quieran, los apoyamos totalmente’”, dice Yorke. “Era emocionante”.

Radiohead pasó un total de seis semanas viviendo y trabajando allí, donde conocieron alguna información valiosa sobre la propiedad: podría estar embrujada. La hija ilegítima del rey Enrique VIII de Inglaterra, Ethelreda Malte, supuestamente murió en uno de los cuartos en 1599 y nunca abandonó el lugar. Jonny terminó durmiendo en el cuarto de niños “rodeado de aterradoras muñecas rotas y caballos de madera”, dice. “La gente escuchaba ruidos todo el tiempo”.

Thom Yorke en Coachella: “Estoy disfrutando esta gira”, dice.
Thom Yorke en Coachella: “Estoy disfrutando esta gira”, dice.

Yorke fue el que peor la pasó. “Los fantasmas me hablaban mientras dormía”, cuenta, insinuando que se divirtió un poco. “Hubo un punto en el que me paré una mañana después de escuchar voces toda la noche y decidí que tenía que cortarme el pelo”. Intentó cortárselo bien bajito con unas “pequeñas tijeras y una navaja”. No salió bien. “Me corté un par de veces. Fue un desastre. Bajé y todos dijeron: ‘Uh, ¿estás bien?’. Yo respondí ‘¿Qué pasa?’. Phil fue muy amable y afeitó todo”.

Pero el fenómeno sobrenatural más duradero fue la música que la banda estaba haciendo. “Era un momento mágico”, dice O’Brien. “En serio creo que las estrellas estaban alineándose. De alguna forma todo era muy claro”. Estaban tomando inspiración de una variada lista de algunos de los mejores álbumes de la historia: Pet Sound de los Beach Boys, What’s Going On de Marvin Gaye y especialmente Bitches Brew de Miles Davis, uno de los favoritos en el autobús de la gira. “En algunos sentidos éramos bastante presumidos”, dice Jonny. “Escuchábamos un disco como Bitches Brew y era una influencia tan grande que queríamos hacerlo. Y no nos importaba que ninguno tocara o tuviera una trompeta o que incluso nadie quisiera una. Pero pensábamos, arrogantemente: ‘Sí, podemos irnos por ese lado’”.

No les importaba el dominio del rock guitarrero en Inglaterra. Incluso antes de Oasis, los hermanos Gallagher eran despectivos con los educados miembros de Radiohead, llamándolos “estudiantes”.

“Para nosotros, el brit pop era simplemente un resurgimiento de los 60”, dice Jonny. “Solo lleva a otra copia. Eres tú queriendo estar en otra época. Y apenas entras a ese camino, podrías ser, en serio, una banda de jazz de Dixieland”. Yorke es más directo. “Todo el cuento del brit pop me dio mucha rabia”, dice. “Lo odiaba. Era mirar para atrás, y yo no quería nada de eso”. Nigel Godrich, un joven ingeniero que había grabado The Bends, era, por primera vez, un productor en todo el sentido de la palabra, aunque no tenía ese título (después lo tomaría en los siguientes álbumes de Radiohead y con artistas que van desde Beck hasta Paul McCartney), además fue el único ingeniero. Godrich era tan valiente y ambicioso como la banda, y veía grandeza en Radiohead. “Eran la banda de mis sueños”, dice. “No había restricciones. No era un rock & roll primitivo. Tenían un pensamiento conceptual de alto nivel, que iba para adelante en términos de sonido y con canciones hermosas. Era una cosa perfecta. Mucha gente, muchas ideas y todos podíamos ir en la misma dirección”.

Todos los miembros de Radiohead eran agresivos con las bandas de rock progresivo de los 70 (“No me gustaba Pink Floyd”, dice O’Brien), pero eso no los detuvo al momento de reinventar lo progresivo desde cero en OK Computer, particularmente en los seis minutos y medio de Paranoid Android, que Yorke describió como una mezcla entre Bohemian Rhapsody y Happiness Is a Warm Gun. “El problema con lo progresivo”, dice Jonny, “es que suena como si en realidad lo hubieran pensado. Y el resultado es agotador. Todos esos discos fueron muy pastorales y predicaban sobre unicornios y dinosaurios”.

Por otro lado, Radiohead se alejaba de las bandas que tocan y graban todos juntos en vivo; la primera canción del álbum, Airbag, se construyó alrededor de un loop distorsionado de batería de Selway. Yorke fue más allá en Karma Police. Una noche, él y Godrich estaban tomándose una cerveza cuando el cantante confesó que no le gustaba la segunda parte de la canción. Sin otro miembro de la banda presente, tomó unos samples y loops para crear una nueva base musical con su voz encima, llegando al clímax en una mezcla de sonidos que era casi el equivalente electrónico de A Day in the Life.

“Fue la primera vez que hicimos algo como eso”, cuenta Godrich. “Solo nosotros en el estudio, como precursores de muchas cosas, buenas y malas, que vendrían”. Era una nueva forma de trabajar que llevaría directamente a la exploración electrónica en Kid A y más allá, así como a álbumes solistas y conflictos dentro de la banda.

En Fitter Happier, Yorke le cedió la voz principal a un Macintosh LC II, que leía textos en un tono plano, sin emoción y con errores de pronunciación. Ahí daba algunos consejos prácticos (“No more microwave dinners and saturated fats”), perturbadores (“No killing moths or putting boiling water on the ants”) y se dio cuenta de que el resultado enfatizaba muy bien el tema del álbum.

El LP cierra con la triste The Tourist, en la que se repetía la frase “Hey, man, slow down”. “Cuando escribí esas canciones, todo era sobre la velocidad”, dice Yorke. “Muchas veces miraba por la ventana cosas que se movían tan rápido que apenas podía verlas. Una mañana en Alemania me sentía particularmente paranoico porque no había dormido bien. Salí a buscar algo de comer, pero no encontraba nada y había un puto perro que me ladraba. Entonces veía a este perro mientras todo lo demás seguía su curso. De ahí salió ‘Hey, man, slow down’. Suena como si hablara sobre tecnología y cosas así, pero no lo es”.

Al final la inversión de su disquera no produjo la secuela de The Bends que la empresa esperaba. “Ellos creían que el disco iba a estar repleto de sencillos para radio”, dijo su mánager Chris Hufford, quien recuerda haber escuchado la palabra “decepcionado”. “Yo dije: ‘Olvídense de los malditos sencillos, solo escuchen… Se darán cuenta de que este es un trabajo maravilloso’”.

Los críticos y los fanáticos sí se percataron inmediatamente y el álbum llegó a ser doble platino en Estados Unidos. Radiohead había alcanzado un nivel al que la mayoría de las bandas ni se acercaban, pero sus miembros no estaban seguros de qué hacer con el éxito. “De alguna forma no lo crees”, dice O’Brien. “Pero sentía que habíamos hecho un disco muy bueno”. Selway añade: “A veces daban ganas de sentarte y taparte los oídos para bloquear algunas cosas. Tal vez estábamos un poco prevenidos después de la respuesta que tuvo Creep. En realidad todo tenía un doble filo”.

Radiohead en Tokyo. Foto por Tom Sheehan
Radiohead en Tokyo. Foto por Tom Sheehan

Cuando empezó la gira de OK Computer, Radiohead le permitió al director Grant Gee empezar a grabar su mundo cargando solo una cámara portátil Sony PC-100. En mayo de 1997 empezó a filmar una película que titularía, irónicamente, Meeting People Is Easy, mientras la banda se reunía en un hotel de Barcelona para realizar entrevistas promocionales por tres días seguidos. “Tal vez no hubiera molestado a personas duras”, dice Gee, “pero sentía que ellos eran muy sensibles”.

Yorke dice que, por instantes, se divirtió. “Pero no podía manejar el lado público de eso y la manera como la gente me hablaba, incluso en la calle. David Bowie fue capaz de usar estos personajes que lidiaban en su relación con los fans. Lo hizo de una manera muy elegante y refinada. Yo no”.

El agotamiento de Yorke finalmente le pasó la cuenta en noviembre de 1997, cuando la gira llegó a un estadio en Birmingham, Inglaterra. “Salí de la prueba de sonido, desaparecí, me perdí de la seguridad y luego traté de salir del edificio”, dijo Thom. Después de esperar un rato terminó en un tren lleno de fans de Radiohead que iban camino al concierto. “No había a donde ir, así que me escondí en el tren, y eso es lo más cercano a intentar escapar”.

Thom estaba colapsando, pero sus compañeros de banda lo mantuvieron alejado del límite. “Personalmente hablando”, dijo O’Brien, “y desde mi propio sufrimiento, pasé mucho tiempo buscando a Thom. La idea era asegurarnos de que era capaz de superar ese concierto. Tuve que acompañarlo como un hermano”. Otros amigos forzaron a Yorke a hacer cosas normales, como ir a un pub, mientras Stipe metía al mundo de las celebridades y lo engañaba para ir a cenas con la gente de U2.

En algún momento del camino, Yorke pudo tomar perspectiva, y el tiempo que se tomó la banda entre OK Computer y Kid A del 2000 le sirvió. “Está bien estar ansioso por las cosas”, dijo, dirigiéndose nuevamente al joven Thom. “Si estás haciendo algo tan grandioso como esto, entonces en algún punto tendrás que escoger simplemente que las cosas pasen. Tener tiempo para ti mismo, caminar hacia donde quieras cuando puedas. Este monólogo interno es completamente debilitante y completamente demente. No te estás volviendo loco. Solo lo has estado aplazando y necesitas alejarte y aprender a amar, entender por qué te encanta y recordar por qué lo hiciste. Me tomó mucho tiempo”.

Unos días antes del segundo fin de semana de Coachella en abril, Radiohead está en el backstage del Greek Theatre en Berkeley, preparándose para salir a uno de los últimos shows de su tour. Yorke está esperando a que sus hijos adolescentes lleguen. Colin está haciendo acuerdos con un tour mánager para visitar en la mañana un museo de arte en San Francisco, y Jonny está sentado a solas en su camerino con una copia rústica de la novela Put out more flags de Evelyn Waugh, de 1942.

20 años después de OK Computer, Radiohead sigue unido, con sus miembros originales intactos. Lo que no significa que no haya habido confrontaciones serias. Yorke reconoce que se la puso difícil a la banda cuando cambió la dirección de Kid A. “Los demás no sabían cómo contribuir”, dijo. “Cuando estás trabajando con un sintetizador es como si no hubiera conexión porque no estás con las otras personas. Les hice la vida imposible a todos”. Pero la interminable evolución que empezó con OK Computer le aseguró a Radiohead un lugar en la siguiente generación, como una de las bandas más avanzadas del siglo XXI. Su viaje los ha llevado hasta el punto en que Jonny, por ejemplo, rechaza que los describan como “rock”, pero también la palabra “banda”, y por lo tanto rechaza la idea de que es un “guitarrista”. Jonny ve a Radiohead como “una especie de acuerdo para crear canciones usando cualquier tecnología que se adapte a la canción, y esa tecnología puede ser un violonchelo o un computador portátil. “Todo tipo de maquinaria funciona cuando se mira de la manera correcta. Eso es lo que pienso”, dice.

En este momento están de gira para promocionar su noveno álbum de 2016, A Moon Shaped Pool, cuyo lanzamiento en mayo fue sorpresivo porque tuvo muy poca promoción. “No estábamos en condiciones de hablar de ello cuando salió”, dijo O’Brien, escogiendo cuidadosamente cada palabra. “No queríamos hablar de que fue bastante difícil de hacer, estábamos muy frágiles y necesitábamos ubicarnos”, hace una pausa, “no quiero hablar más de eso, si está bien.

Siento que las cosas no se han asentado del todo. Fue un momento difícil”.

Se refiere sutilmente al hecho de que Yorke ha venido enfrentando una tragedia que hace que todo lo de los 90 sea trivial. Su exesposa, Rachel Owen, madre de sus dos hijos, falleció en diciembre después de una larga batalla contra el cáncer. Se habían separado el año anterior, pero habían estado juntos durante 23 años. Nadie afuera del círculo de conocidos siquiera sabían que ella estaba enferma, pero el dolor de Yorke se filtra a través de todas las canciones de A Moon Shaped Pool.

“Había un montón de cosas difíciles en el momento, y fue una época compleja para nosotros como personas”, dice Yorke. “Fue un milagro que ese disco se finalizara”. A diferencia de OK Computer —y la mayor parte del catálogo de Radiohead— la banda entró en las sesiones con pocas cosas preproducidas. “Simplemente fuimos directamente a la grabación. El sonido surgió cuando grabamos”.

Sin embargo, de alguna manera la gira del álbum más triste de Radiohead se convirtió en una experiencia gozosa. “Realmente lo estoy disfrutando”, dice Thom. “Se siente realmente liberador y eso es algo que no digo a menudo”.

Después de que termine la gira en Tel Aviv a mediados de julio, sus planes quedan en el aire. “Ojalá hiciéramos más espectáculos”, dice Colin. “Y me gustaría que pasáramos más tiempo en una sala tocando, haciendo cosas juntos. Pero así es como hemos trabajado durante mucho tiempo”.

Colin podría sorprenderse al escuchar que Yorke dice estar dispuesto a considerar la idea de grabar en vivo como banda, por primera vez desde 1997. “Siempre he sido extremista en resistirnos a ser una banda de batería-guitarra-bajo”, dice Yorke. “Pero si eso es lo que la gente quiere escuchar, estoy demasiado viejo para estar ahí parado con un martillo diciendo: ‘Tenemos que hacer esto, debemos hacer lo otro’. Me gustaría que todos se sientan libres, pero no es fácil”, dice.

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