Recapitulando Game of Thrones: El círculo

Poderosas reuniones y despedidas desgarradoras dan color a un sólido episodio mientras la temporada se acerca al final

POR SEAN T. COLLINS | 13 Jun de 2016

<p>Hafpor Julius Bjornsson y Lena Headey en <i>Game of Thrones.</i> <b>Helen Sloan/HBO<i> </i></b></p>

Hafpor Julius Bjornsson y Lena Headey en Game of Thrones. Helen Sloan/HBO


“Las cosas que hacemos por amor”. Cuando Jaime Lannister dice esto a Edmure Tully, su prisionero y carta de negociación, se está citando nada menos que a él mismo. Estas fueron las mismas palabras que pronunció justo antes de botar a Bran Stark por la ventana para cubrir su relación sexual con su propia hermana, Cersei. Ahora las está usando para describir la intensidad de su amor por ella – confiado en que los sentimientos de su prisionero por su propia familia (especialmente el pequeño hijo que nunca ha visto) lo llevarán a ceder el castillo de Aguasdulces para salvarlos. Su apuesta sale bien, por supuesto. Si hay algo que acierta el episodio de anoche de Game of Thrones – Nadie – es cómo nuestros deseos de volver a ver a las personas que amamos pueden motivarnos. Eso, y cómo puede dolernos dejarlos atrás.

De hecho, Jaime aprende su propia lección con amargura. Solo en las almenas al amanecer, triunfante pero abatido tras la rendición del castillo, ve a Brienne de Tarth – lo más cercano que tiene a una amiga – escapando en una barca. Levanta la mano de oro para despedirse, una despedida que ella devuelve con evidente lástima. Mientras se aleja flotando, la fría luz gris de la mañana hace que la cara tallada de mármol, como la estatua de una cripta. Sí, ama a Cersei lo suficiente para matar al bebé de Edmure. Pero las promesas que hizo a Brienne y viceversa son la mejor parte de él. Ahora ve esa parte dejarlo, probablemente para siempre. “El honor me obliga a luchar por los parientes de Sansa – contra ti”, le había dicho Brienne durante su encuentro anterior. “Esperemos que no llegue a eso”, respondió. Los dos están igualmente decepcionados por la noción de tener que luchar entre sí. Despedirse así y no con espadas en mano es una bendición que ambos agradecerán por mucho tiempo.

Si la despedida del Matarreyes y la Doncella de Tarth fue la más conmovedora del episodio, la de Tyrion y Varys estuvo sorprendentemente cerca. Mientras caminan hacia los puertos de Meereen, donde el Maestro Espía planea partir hacia Poniente para reunir apoyo para Daenerys, los dos bromean sobre política y sus defectos físicos; hacer cualquier otra cosa sería demasiado difícil de observar. La Araña es un personaje escurridizo y el Gnomo un cínico, pero Conleth Hill y Peter Dinklage le ponen a su improbable amistad con una calidez que fácilmente trasciende las dudas que podría despertar su sinceridad. Estos tipos se caen bien, y ese afecto ha salvado muchas vidas en el mundo. Como Jaime y Brienne, sacan lo mejor del otro, entendiéndose como solo los marginados pueden hacerlo.

Algunas despedidas sin embargo, son más simbólicas que espaciales. Por ejemplo, Cersei Lannister y su hijo Tommen. Cuando el rey niño convoca una reunión secreta en el salón del trono, la Reina Madre es expulsada a la galería con las otras damas de la corte. No es tan grave como ser expulsada de Desembarco del Rey, o volver a la cárcel, y ambas parecían posibles. Aun así la distancia, aunque pequeña, es emocionalmente insuperable cuando el joven monarca prohíbe el juicio por combate. Este era el as bajo la manga de la leona Lannister para probar su inocencia, ya que su enorme guardián, Gregor “La Montaña” Clegane, puede literalmente arrancar las cabezas de sus oponentes con una mano. Cortándole esta opción, Tommen está prácticamente condenándola a muerte. Tomas paralelas, una que sigue al chico mientras se aleja del trono y la otra siguiendo su madre mientras se acerca incrédula, enfatizan las distancias.

Aun así hay reuniones en este episodio que no están diseñadas para romperte el corazón. Lo de Jaime y Brienne pudo haber sido un enorme bajón, pero no la de Bronn y Podrick Payne: los dos antiguos compinches de Tyrion que de alguna forma se hicieron unos de los personajes más queridos del show, se vuelven a encontrar con todos los chistes fálicos y pendejadas que uno esperaría. El encuentro del Perro con sus antiguos enemigos Beric Dondarrion y Thoros de Myr, líderes de las guerrillas de La Hermandad, también resulta mejor de lo esperado: Despúes de abrirse camino con desagradable violencia, buscando venganza por la masacre de la comunidad, aprende que ellos también están indignados por las muertes. La ejecución de sus responsables se vuelve en comedia negra – El Perro es especialista en ello – y literalmente orina mientras le advierten de la guerra contra los Caminantes Blancos. Aun así, claramente está considerando tomar las armas por una causa mayor que su sed de sangre.

A su antigua compañera, Arya, le va igual. Su rescate por Lady Crane, la talentosa actriz cuya vida salvó, termina en tragedia cuando su rival, la Abandonada, regresa a terminar el trabajo que ella se negó a hacer. (La fuerza de la interpretación triste y asustada de Maisie Williams en la secuencia hace que sea mucho más traumática). Pero la niña Stark vence a su enemigo y regresa al templo de los asesinos, donde dice a su mentor Jaquen H’ghar de sus planes de regresar a Invernalia. En lugar de detenerla, se ríe: El dios de muchos rostros recibió lo que pedía, y la chica que claramente le importa ha descubierto quien realmente es.

Pero la reunión más importante de todas, geopolíticamente hablando, ocurre en la Gran Pirámide de Meereen. Después de una escena de copas con Tyrion, Missandei y Gusanogrís, seguida por un espectacular ataque naval en la ciudad por los esclavistas, Daenerys regresa montada a dragón. No quisiéramos ser los esclavistas en este momento, seguro – y nos alegra que escena tras escena se muestra que aún quedan buenos hombres y mujeres en Westeros, listos para seguir su causa.

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