The National

La banda de indie rock más relevante de nuestros días se ensucia las manos con canciones de furia política y matrimonios en crisis, mientras se acerca su primera visita a Colombia

POR JUAN FERNANDO RAMÍREZ | 20 Mar de 2018

<p>Fotografía por Graham MacIndoe</p>

Fotografía por Graham MacIndoe


​“Es una banda cuyas letras pueden hacerte llorar”, dice una fan mexicana esperando a The National en una multitud de 6 mil personas. Muchas de ellas no sabrán qué esperar, porque cuando The National sale al escenario, los alaridos de Matt Berninger desorientan a quienes esperan el sofisticado barítono de las versiones grabadas de sus canciones. “El estudio es un ambiente seguro. En el escenario subes a un mundo en llamas”, dice Berninger, quien acostumbra a saltar del escenario y caminar entre la gente durante sus shows.

Sleep Well Beast, el séptimo álbum de estudio de The National, les ayudó a ganar su primer premio Grammy en la ceremonia del 28 de enero, por mejor “mejor álbum de música alternativa”. Cinco días antes en Ciudad de México los integrantes de la banda reflexionaban para ROLLING STONE sobre su lento (pero constante) proceso de integración con el mainstream. “Nunca explotamos de la nada”, dice Bryce Dessner. “Ha sido una evolución muy estable”, responde su gemelo, Aaron Dessner, cruzado de abrazos y en el centro de la mesa donde la banda termina un desayuno improvisado. “Es como un interés compuesto. Haces un fan, de ahí salen tres…y así”, dice el vocalista Matt Berninger, contrastando con algo de ironía el tono serio y meditativo de los gemelos.

Los Dessner no asistieron a la ceremonia, y en su lugar grabaron un video de 17 segundos en el que con algo similar a la apatía, agradecían a la Academia y a “todos los demás que hicieron buenos discos este año”. “Siempre nos hemos visto con ojos pesimistas. Siempre nos subestimamos. Cualquier clase de éxito lo tomamos como algo que en algún punto está destinado a acabarse y que la gente se olvidará de nosotros”, sentencia Bryce Dessner.

Esta actitud casual frente al éxito, vista desde afuera, puede parecer la simulada frialdad de una banda hipster. Por otro lado, podría ser el resultado de haber pasado casi una década sin ambiciones de conquista, sin conocer la riqueza ni los excesos del rock & roll.


The National se formó en Cincinatti en 1999. Antes de eso, Bryan Devendorf (batería) y Matt Berninger probaron y fracasaron con varias bandas (desde 1991). Finalmente, deshaciéndose de decenas de compañeros de banda y nombres tan absurdos como Project Nim, los dos músicos de Ohio elegirían como bajista al hermano de Bryan (Scott Devendorf) y como guitarristas a los gemelos Bryce y Aaron Dessner. Ninguno de los cinco pudo dejar sus trabajos “normales” hasta cinco años y dos álbumes después, cuando llegó un contrato con el sello “independiente” Beggars Banquet.

Con Alligator (2005) tuvieron un poco más de suerte, y vendieron 200 mil copias a nivel mundial, mientras Internet quebraba disqueras y complicaba las cosas (quizá especialmente) para las bandas de rock. Pero fue con Boxer (2007), que todo cambió para The National. “Fue muy difícil de hacer, y el producto final no era lo que esperábamos”. A pesar de ser su quinto álbum, Boxer amenzaba con sufrir de la mítica maldición de los segundos álbumes.

El tormentoso proceso de grabación aparecería registrado en el documental A Skin, A Night. “Después de algunos meses de trauma estuvimos orgullosos [de Boxer]. Cuando no fracasó y no morimos en el intento pensamos: ‘Vaya, tal vez podamos vivir de esto’”, confiesa Berninger. Con el álbum, The National dejó atrás la baja fidelidad de su viejo sonido y empezaron a entreverse nuevas ambiciones (sonoras y conceptuales). Basta con oír el contraste entre Slow Show, una de sus canciones de amor más dulces, (“Soñé contigo durante 29 años antes de verte”, cantaba Berninger) y Squalor Victoria, una marcha fúnebre llena de furia y miseria, para notar por qué The National estaba llamada a quebrar los moldes y las limitaciones de su género. La fama y la atención de la crítica tampoco se hicieron esperar, e incluso fue con este álbum que empezaría la amistad entre el grupo y Barack Obama, entonces candidato presidencial.

Para muchos especia- listas The National es una de las mejores bandas surgidas en las dos últimas décadas. Sus conciertos son experiencias de una conexión profunda y memorable.
Para muchos especialistas The National es una de las mejores bandas surgidas en las dos últimas décadas. Sus conciertos son experiencias de una conexión profunda y memorable.


Después, The National construiría sobre la identidad encontrada con Boxer, y cada uno de sus tres álbumes posteriores ha aumentado de manera gradual su base de seguidores. High Violet y Trouble May Find Me consolidaron su lugar como los actuales reyes del post-punk. La banda empezó a foguearse con el mainstream, apareciendo en las bandas sonoras Game of Thrones, Los juegos del hambre y Boardwalk Empire, entre otros.

Además de estar conformada por dos parejas de hermanos, The National ha elegido definirse como un proyecto de líneas entrecruzadas, con colaboradores frecuentes que incluyen a la esposa de Matt Berninger (Carin Besser, quien compone varias de las letras), su hermano Tom (documentalista, director de videos e incluso roadie) y amigos músicos como Sufjan Stevens y Justin Vernon y Annie Clark, de Bon Iver y St. Vincent respectivamente. Esa red de voces y aportes ha convertido a The National en una especie de familia, donde la historia de cada uno de sus miembros se desarrolla y evoluciona de manera paralela a las canciones. El documental de Tom Berninger, Mistaken for Strangers (2013), muestra hasta qué punto las relaciones familiares hacen parte del ADN creativo y la dinámica del grupo, convirtiéndose en uno de los puntos clave de su identidad.

Sleep Well Beast (2017) introdujo nuevos cambios para ellos. Fue el primer álbum grabado en el estudio caseros de los Dessner, quienes aprovecharon para introducir máquinas de percusión, interludios electrónicos y samples hablados. También fue una amenaza a la estabilidad lograda en sus antecesores. “Estábamos atravesando muchas cosas, y todo está en las letras. Mi hija está creciendo y me preocupa la clase de persona que será (que está en I’ll Still Destroy You). Y después de que tus hijos crecen y pasas cierto punto empiezas a preocuparte por tu matrimonio”. Berninger ya había escrito Afraid of Everyone sobre la angustia de ser padre, pero en Guilty Party el vocalista y su esposa dejaron testimonio de una de las pruebas más difíciles por las que atravesó su matrimonio, desde la perspectiva de alguien a punto de rendirse. “Y después todo cambió cuando ganó Trump…”.

“Venimos de Ohio, un swing State en el que cada voto cuenta”, dice Berninger, explicando que en el complicado sistema electoral norteamericano, los swing States son aquellos que a diferencia de otros como California (que siempre vota por los Demócratas) y Arkansas (lo propio con los Republicanos), en cada elección presidencial es un misterio por qué candidato se inclinarán. Esto ha llevado a que la banda se haya movilizado desde sus comienzos para producir un cambio en la política, apoyando las dos candidaturas de Obama (a quien dedicaron Mr. November). “En cierta época se volvió cool que a los artistas no les importara la política”, cuenta Berninger. “Es una estupidez, es como sacar el romance de tus canciones. Si un artista no tiene intereses políticos pierdo respeto por él. ¿Te imaginas que Kendrick Lamar no quisiera ser político?”.


La frustración causó que la banda retrasara el álbum, y diera un carácter más inflamatorio a varias de sus composiciones, resultando en The System Only Dreams in Total Darkness, triunfante sencillo líder que habla de un país enfrentado a su propia ruina. “Estábamos en negación, y la llegada de Trump descorrió el velo y vimos toda la maldad en la base de nuestra sociedad”, dice Bryce Dessner. Aun así, Berninger señala que sus álbumes no son una plataforma política, sino “una expresión de nuestra frustración”. “Escribo sobre política desde un lugar emocional, no como un experto”.

El Grammy fue apenas una muestra del buen recibimiento de Sleep Well Beast, que llevó a The National a un nuevo nivel de reconocimiento. “Es difícil notar la fama”, reflexiona Bryce Dessner, “pero hemos tenido que duplicar nuestros shows”.

“No creo que estemos creciendo”, contradice Berninger. “Simplemente el pozo se va secando, las paredes se van cerrando”.

The National ve con escepticismo el futuro del rock & roll. Tal vez por eso han logrado sobrevivir a su declive. En 2017, Father John Misty publicó Leaving L.A., con la siguiente frase: “Genial, justo lo que necesitamos, otro hombre blanco en 2017 que se toma demasiado en serio”. Bryan Devendorf ve en la frase un resumen del desgaste del indie, refugio de la angustia adolescente norteamericana, blanca y heterosexual. “Desde que los hombres blancos se robaron el blues han dominado la música”, dice el baterista, quien incidentalmente ha recibido más influencia de Pink Floyd y Zeppelin que de Bauhaus y Pavement, como el resto de la banda. “Pero ahora hay un mayor interés por el hip hop y el R&B. Y así es como debería ser, teniendo en cuenta lo que está pasando en el mundo”.

Tal vez por eso The National se convirtió en tanto más que una banda de rock, esa figura mítica de cinco dioses como Mötley Crüe (o incluso The Strokes) que a Berninger ya le parece cómica. “Lo importante es seguir emocionándote, día tras día mientras todo lo demás se disuelve”, enfatiza el cantante para quien cada escenario es un mundo en llamas.

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