Twin Peaks, recapitulación del estreno de temporada: dentro de la oscuridad

El clásico televisivo vuelve tras una larga espera y es más miedoso, triste y lento que nunca

POR SEAN T. COLLINS | 22 May de 2017

<p><i>Twin Peaks</i> vuelve y es más triste, miedosa y extraña de lo que uno pudiera imaginar. Nuestra recapitulación del estreno de temporada. Suzanne Tenner/SHOWTIME</p>

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Twin Peaks vuelve y es más triste, miedosa y extraña de lo que uno pudiera imaginar. Nuestra recapitulación del estreno de temporada. Suzanne Tenner/SHOWTIME


Está sucediendo de nuevo.

Es la primera ve que vemos el logo de Twin Peaks y escuchado las notas de apertura del inolvidable tema de Angelo Badalamenti en 25 años. Cuando ocurre, estamos viéndole la cara a Laura Palmer. El director David Lynch y su cocreador y coescritor Mark Frost hubieran podido escoger prácticamente cualquier imagen para el inicio del casi maniático y anticipado regreso del show. Pero luego de una fría apertura que recicla imágenes de la serie original –la secuencia del final de la serie en el que ella le informa al agente Dale Cooper que lo verá de nuevo en “25 años”– la chica de bachillerato cuyo terrible asesinato pone la historia en marcha es quien recibe todo el honor.

Ya sea en sus dos temporadas de televisión a comienzos de los 90 o en la cinta precuela Fire Walk With Me, Twin Peaks siempre ha situado a Laura en el frente y en el centro, y no ha sido tratada como un fetiche o una excusa para que los personajes masculinos sean sabuesos o se lamenten, sino como una persona que merece nuestro respeto y empatía. Eso no ha cambiado después de todos estos años.

Sin embargo, mucho del show ha cambiado. El resto de la secuencia de los créditos de apertura traza el progreso del agua rugiente a medida que cae de las cascadas, y luego muestra el suelo blanco y negro en zig-zag y las cortinas rojas de la Logia Negra, la fuente de pesadillas del mal sobrenatural de la historia. Esa es la otra parte de la ecuación de la nueva temporada de Twin Peaks de Showtime, la cual lleva el nombre de “The Return” [El regreso]: una zambullida en la magia y la locura.

Mucho más que en la mayor parte de la serie original, el estreno de dos episodios realmente se enfoca en la Logia, visual y emocionalmente. A nivel de la trama, nos enteramos de que Cooper, el agente del FBI de nobleza casi artúrica interpretado por Kyle McLachlan, ha sido atrapado en este reino de pesadillas desde el final de la serie. Laura también está allí, su espíritu
envejece a pesar de su muerte como adolescente. “Estoy muerta”, explica en la perturbadora forma de hablar al revés del show, “y sin embargo vivo”. Él tendrá que salvarla y salvarse a sí mismo.

No será tarea fácil, porque su doble malvado ha estado vagando por el mundo real durante el último cuarto de siglo. Con el pelo largo que evoca al demonio residente de la serie, Bob, el falso Cooper asesina ingenuos y compañeros, en su mayoría mujeres. Está tratando de evitar volver a esa prisión del otro lado, y la trama aparentemente involucra a un director de escuela secundaria llamado Bill Hastings (Matthew Lillard), que también parece estar poseído por un espíritu de la Logia Negra, el padre de la Laura Leland.

Para los fans de Cooper –y si usted ha visto Twin Peaks, es posible que esté un medio enamorado(a) de él– esta es una revelación brutalmente triste. Y difícilmente es la única: Este show ha sido perseguido por la muerte. La fallecida Catherine Coulson, sin pelo y con un tubo de oxígeno en su nariz, aparece como la profética Log Laydy en escenas grabadas antes de que muriera en 2015.

El malvado Coop tiene una conversación inalámbrica con un hombre que piensa que es Philip Jeffries, un agente del FBI similarmente hechizado, interpretado por David Bowie en Fire Walk With Me; Starman, por supuesto, tampoco está más con nosotros. Jeffries, o quienquiera que sea, acusa al doble de reunirse con el mayor Garland Briggs, un investigador militar de corazón puro de los misterios de la Logia interpretado por el difunto Don S. Davis. Albert Rosenfield, el agresivo pacifista forense del FBI interpretado por Miguel Ferrer, aún no ha

aparecido –pero sus escenas también nos harán recordar que el actor detrás de ellas se ha ido. Los hechos de la muerte de tantos actores, así como el envejecimiento visible de otros (el impactante pelo blanco de Michael Horse, alias Deputy Chief Kawk), le añade un peso incalculable a la ficción.

Todo está trazado para un máximo impacto taciturno, también. Hasta ahora, el ritmo del nuevo show es hostilmente lento. Muchas técnicas que Lynch ha pulido en la totalidad de su trabajo posterior a Peaks -Lost Highway, Mulholland Drive, Inland Empire y varios proyectos de vídeo y web –se muestran en este regreso; desde movimientos de cámara convulsionantes hasta extrañas entidades sin rostro. Sin embargo, esta lentitud inefable es la más llamativa. El director con frecuencia parece dejar que la cámara ruede y espera a que algo suceda, como el equivalente cinematográfico de una reunión cuáquera. Él cuenta con la voluntad del público de esperar con él, y dejar que el crujido y el zumbido del diseño sonoro, o la amenaza vacía de los juegos se hundan en nuestros huesos y cerebros. El efecto es frecuentemente aterrador: piense en el tiempo terriblemente largo que nos piden que miremos esa… cosa en la celda de la cárcel al lado de Hastings,

Pero lograr esa clase de truco requiere paciencia, y es ciertamente algo lejano a la estructura novelera de las temporadas originales. De hecho, no se asemeja a nada a la tarea puesta anteriormente al personaje interpretado por el joven y buenmozo actor Ben Rosenfield, que debe sentarse y mirar fijamente a una caja vacía durante horas hasta que algo, cualquier cosa, pase por dentro. Como en el caso de él y su desafortunada novia Tracy (Madeline Zima), a menudo sucede cuando uno menos se lo espera, y esto lo deja a uno jodido –su escena de muerte se sitúa entre las cosas más brutales que Lynch haya filmado.

Pero hay una luz en la oscuridad, créalo o no. Lynch y Frost guardan ese sentido de “estar reuniendo a la banda”, para los minutos finales del segundo episodio. Aunque hemos dado un
vistazo a muchos viejos amigos antes, las acciones de muchos de ellos –Hawk, Log Lay, los espíritus de Laura y Leland Palmer, en hombre de un brazo llamado Miuke, una atormentada Sarah Palmer, y por su puesto el propio Cooper– están tan ligadas a la impenetrable oscuridad e la Logia Negra que se escapa un poco de luz. Hay asuntos cómicos entre el magnate local Ben Horne y su hermano drogadicto Jerry, y con el Diputado Andy y su esposa Lucy.

Luego tenemos esa escena final en el Bang Bang Bar, un parador cuyo aviso de neón es una de las características visuales de la serie. Aunque los Chromatics interpretan su pop de ensueño en el escenario, Shelly Johnson y James Hurley (Mädchen Amick and James Marshall) beben con amigos. Shelly chismosea acerca de su interés romántico por un chico menor y se inquieta por su hija; James está parado por ahí sonriendo tímidamente.

“James todavía es cool”, les dice Shelly a sus amigas, quienes piensan que él es extraño. “Siempre ha sido cool”. Hay algo dulce acerca de uno de los personajes más burlados de la serie -un antiguo motociclista que protagoniza un triángulo amoroso durante la segunda temporada, que se cita con frecuencia como una de las peores historias de la serie. Ahora se le saluda con alegría, de la forma en la que uno se siente cuando va a su reunión de 25 años de graduación y ve a casi cualquier persona que se presenta.

En esta última escena, Lynch y Frost finalmente no levantan las cortinas rojas, sino que extienden la alfombra roja, y nos dan la bienvenida de nuevo al mundo y los personajes que habíamos pensado que habíamos perdido. Robar el nombre del show dentro del show de la serie original, es una invitación al amor –una señal de que, a pesar de todo el horror que hemos presenciado y los más de 25 años de miseria que implican, todavía hay gente de buen corazón por ahí, y en este show, esperándonos en el parador para que los veamos una vez más. Está sucediendo de nuevo.

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