Vives más libre

El samario nos muestra su nuevo álbum, además de invitarnos a ser testigos de su éxito en Argentina. Y sí, vamos pa’ Rusia

POR RICARDO DURÁN | 10 Nov de 2017

<p>Fotografía por Ruven Afanador</p>

Fotografía por Ruven Afanador


En un pasillo adyacente a los estudios de Gaira hay un artículo de Billboard enmarcado y colgado en la pared. El título, que habla claramente sobre lo ocurrido hace unos años con la carrera de Carlos Vives, dice: “Rebirth” [Renacimiento]. Ahora ese resurgimiento hace parte del pasado, y el presente lo tiene a punto de presentar un nuevo disco que justamente hoy tendremos la oportunidad de escuchar en primicia, con las excepciones lógicas de los sencillos que ya se han lanzado.

En esta tarde bogotana, fría, gris y lluviosa, el acogedor estudio es un refugio ideal. Nuestra expectativa apunta a un álbum en la línea de los sencillos más exitosos que se han conocido recientemente: La bicicleta (con Shakira), Al filo de tu amor y Robarte un beso (junto a Sebastián Yatra).

Los temas más interesantes de esa primera oleada de lanzamiento, El orgullo de mi patria y Pescaíto, aunque fueron bien recibidos, difícilmente pueden comparar su acogida contra los 1000 millones de visualizaciones en YouTube de La bicicleta o los 200 millones alcanzados con Yatra.

En el momento en el que la música empieza a sonar, la perspectiva cambia; la primera muestra es El sombrero de Alejo, un tema reivindicativo del folclor, cercano al son, en la línea temática de Hijo del vallenato, aunque con un aire completamente distinto.

En una vitrina junto a la puerta hay varios Grammys, diplomas, premios y reconocimientos recogidos a lo largo de toda la carrera de Vives. Hay también libros de poesía y algunas revistas ROLLING STONE, entre ellas la edición de colección que lo tuvo como figura central. Eduardo Bergallo —ingeniero de sonido de Soda Stereo— ha estado allí haciendo clases para sus alumnos y ha llevado el concierto que la banda hizo en Bogotá como parte de la gira Me verás volver. Todos hablan de la maravilla que es escuchar las pistas separadas (donde se percibe hasta la respiración de Cerati) de un show tan memorable. Sin duda, el estudio de Gaira se ha convertido en un punto de encuentro de muchos músicos y especialistas, que han encontrado allí un espacio adecuado para adelantar proyectos muy ambiciosos.

Luego viene el turno para uno de los temas más sorprendentes que trae este nuevo álbum, y se trata de Hoy tengo tiempo, que es una especie de mambo pop en el que el acordeón de Egidio no está presente y es reemplazado por unos vientos que golpean sobre una base rítmica perfecta para prender fuego a las pistas de baile. Vives demuestra con esta canción que no ha agotado sus posibilidades creativas ni su interés por experimentar, “son sonidos diferentes”, dice tan pronto termina de sonar. “A la gente uno le muestra esa canción y se preguntan: ‘¿Eso sí es Carlos Vives?’”. La letra y la música de esta, que tiene todo para convertirse en un gran éxito, son de su autoría.

Junto a Claudia Elena, su esposa, y Andrés Castro, guitarrista, productor y compositor.
Junto a Claudia Elena, su esposa, y Andrés Castro, guitarrista, productor y compositor.


Esos vientos, que contribuyen en gran medida a refrescar el sonido del disco al abrir puertas y caminos de exploración muy interesantes, han estado a cargo —como ya es habitual— de Ramón Benítez. “Él está viviendo en Miami y está siempre cerca al estudio de Andrés [Castro, compositor, guitarrista y productor]. Ramón llega, te graba tres tomas y de las tres no sabes cuál poner, de lo maravilloso que es él”, cuenta Vives. “Siempre le decimos: ‘Ramón, qué bueno que Benítez’. Siempre le hacemos el chiste viejo porque no queda de otra”, añade en medio de risas.

Nuestro secreto tiene las guitarras y la batería muy presentes, alcanza a evocar los tiempos de Fruta fresca o Como tú, y Vives la define como “un antirreguetón en el cuerpo de un reguetón; Nuestro secreto es una cosa que no tienen los reguetoneros, que van contando todo explícito”.

La tierra prometida es sin duda la Sierra, pero se transforma en una excusa para que el samario recorra el mundo (Berlín, Budapest, Nepal, Barcelona, París, Dubai, Qatar) sobre aires de bombardino y guitarras acústicas que explotan cuando entra Egidio y Vives repasa toda la música que ama, desde el rock argentino e inglés hasta el hip hop. Esta canción es una de las favoritas de Carlos Enrique, hijo del cantante. Él asegura, sentado frente a la consola, que este es “un disco que tiene algo pa’ todo el mundo”.

La preferida y Mañana mantienen el sonido característico de Vives y Todo me gusta es una colaboración con Thalía que posiblemente alcanzará grandes números, aunque seguramente no seducirá a los seguidores más tradicionales. De cualquier modo, el cantante insiste que en todo su trabajo están presentes las raíces que históricamente lo han inspirado. “Al filo de tu amor es una canción hecha sobre una tambora pescaiteña, esa es la base, aunque parece una canción muy urbana”, dice. “Son los patrones que uno siempre quiere hacer. Por ejemplo, ahora grabando con Distrito estaban los chandés, pero en rock & roll, o La bicicleta, que es como un vallenato montado sobre un dance hall, y ya por ahí se va uno hasta donde tú quieras”.

“Mis hijos tienen unos primos que viven en Montreal, y mis hijos hablan francés, nos fuimos pa’llá y un día les hice un Milo, entonces el chino quedó así [mostrando que al niño le quedó un mostacho después de beberlo], y le dije: ‘¡Monsieur bigoté!’, una cosa de esas que uno tiene con los hijos, pero la volvimos una canción. Yo agarré la guitarrita y empecé ‘Monsieur bigoté, si vous plait…’, y terminó en el disco”. Esa es la historia de Monsieur bigoté, un divertimento que parece retomar el camino de El caballito junto a su hija Elena y el coro Río Grande, de la escuela de música que ha venido funcionando en las instalaciones de Gaira.

Luego oímos al samario entrar con un verso triste sobre el piano y el beat lento de Los niños olvidados, pero pronto se ve interrumpido por el ataque de rimas que descarga la poderosa Cynthia Montaño: “En esa cruz tu nombre recuerda lo que pudo ser / se acabó tu vuelo porque se apagó tu ser / porque los ojos cerramos y no quisimos ver / tu cuerpo marcado, tus noche sin anochecer / porque te vimos reír y no escuchamos tus lágrimas”. La canción es una plegaria, un pedido de perdón a los miles de niños que en Colombia hemos dejado morir en manos de los violentos, los pedófilos y los corruptos. Al terminar la canción Vives está visiblemente conmovido, aunque la media luz del estudio le ayude a disimularlo un poco. Su esposa, Claudia Elena, habla sobre una campaña del Centro de Memoria Histórica relacionada con las dolorosas muertes de niños en la Guajira y de la pequeña Yuliana Samboní, entre otros. Vives señala que “el disco se ha ido llenando de necesidades”, y todo indica que esas necesidades superan por mucho los requerimientos de los premios y los listados.

Vives, el álbum, en opinión del cantante, está salpicado por situaciones de la vida real, y algunas son desgarradoras. La mujer en la ventana toca la historia de una mujer maltratada y abusada por su compañero en Santa Marta. El caso generó en la ciudad una reacción tan fuerte que los medios se volcaron sobre Carlos Vives, quien terminó haciendo el tema en respuesta a esta tragedia que miles de mujeres viven cada día en nuestro país. “A lo mejor son canciones que a la radio no le interesan, pero que hacen del álbum algo especial. Para mí es muy difícil adaptarme a que la vida sea solo un sencillo, que no haya un álbum que cuente una historia”.

La mujer en la ventana es puro desconcierto ante una imagen llena de sangre y dolor, una imagen que se repite como si estuviéramos malditos. “No señor, una mujer no se toca”, dice la voz de Vives en el coro. El acordeón de Egidio se arrastra apesadumbrado y respira dolor mientras uno espera que algún día no necesitemos más canciones como esta.

En medio de todo es reconfortante ver que esos temas puede tener cabida en el trabajo de un personaje tan mediático, capaz de hacerlos visibles para un público masivo. Más allá de las presiones de la industria, que parece quedar satisfecha con una avalancha de canciones sueltas que logran cifras abrumadoras, Vives está cada vez más comprometido con algo mucho más complejo, tanto en sus discos como en sus shows. Esa es seguramente la razón por la que este nuevo disco está compuesto por 18 canciones en las que el espectro temático y musical es sorprendentemente amplio.

Sin duda alguna, se siente a un Vives más libre que el de sus “Corazones profundos”. Los tiempos más difíciles, vividos en esa época sin contrato discográfico y con pocos shows, han quedado atrás. Ya no tiene la obligación de resurgir, no hay nada que demostrar, y en este nuevo disco ha podido pasearse por nuevos territorios, en una producción que puede perfectamente satisfacer las necesidades de la industria sin quedarse exclusivamente en los formatos exitosos. Corazón Profundo y Más + Corazón Profundo fueron discos muy homogéneos, con 11 y 10 cortes respectivamente, mucho más cortos y menos arriesgados. En sus propias palabras, en Vives “el compromiso es con la búsqueda de las cosas”.

El concepto gira en torno a lo que representa el hecho de vivir: “Se vive cuando no se está atado a tantas cosas, o cuando se está atado a las cosas importantes”.

El mánager Walter Kolm ha sido fundamental en esta evolución; él persiguió a Vives durante años hasta que logró trabajar con él, para ayudarlo a llegar al nivel que ha alcanzado actualmente. Kolm le pidió que hiciera un disco con muchas propuestas para aprovechar todas las posibilidades de la industria discográfica actual. “Es un tipo que dice: ‘Necesito canciones’”, cuenta el samario.

En vivo en Buenos Aires.
En vivo en Buenos Aires.


A pesar de todo lo alcanzado, las ambiciones (en el mejor sentido de la palabra) y la curiosidad de Vives no lo dejan tranquilo, quisiera tener tiempo para hacer más canciones porque el estudio le permite tener a mano los recursos necesarios para trabajar sin pausa. “En este momento estamos produciendo tres discos de gente que trabaja aquí en Gaira, estoy trabajando un proyecto del Pacífico que se llama Los Pacific Brothers, un proyecto carranguero/paisa que se llama Gato Bandido, y otro que se llama Chimilá, unas peladas que cantan algo así como lo de Pequeña Compañía”.

Hablar con Carlos Vives es una experiencia bien particular porque cualquier pregunta puede llevarlo a tocar temas que uno jamás imaginaría. En medio de todo esto puede terminar hablando de Totó la Momposina y los indios chimilas en “el país de la cumbia”, haciendo chistes de cachacos e indios perdidos, evocando fragmentos de las Crónicas de Indias, diciendo maravillas sobre Flor Amargo (su pupila en La Voz México), o contando anécdotas que no tienen absolutamente nada que ver con el tema. Hay un poco de dispersión en eso, además de un reto interesante porque en cualquier momento puede aparecer por ahí la respuesta que uno estaba buscando o algo mucho mejor.

En cierto punto de la visita, el teclista de La Provincia Carlos Iván Medina nos muestra algo del próximo trabajo de Distrito, la legendaria banda que Vives cita siempre como una de sus grandes influencias. Todo el mundo parece feliz con la idea de que haya algo nuevo de ellos, que hace más de 20 años no lanzan un disco. “¡Qué felicidad verlos grabar!”, dice Vives con una sonrisa enorme.

Cinco días después de aquella reveladora sesión, antes de su show en el mítico Luna Park de Buenos Aires, el samario se reúne con algunos invitados (en particular representantes de su club de fans) y amigos de su equipo en un hotel en la Zona de Puerto Madero. Allí, en medio de un almuerzo en el que la carne abunda y los postres nos obligan a pedir clemencia (o un Alka-Seltzer), Vives se toma su tiempo, está como en su casa, y habla animadamente con todos. Los problemas del agua en la costa atlántica, la política en el Magdalena, el fútbol, los viajes y —lógicamente— la comida, son los temas principales. Las carcajadas abundan casi tanto como los platos, y es necesario que la estrella pida que no traigan nada más. Solo a él le hacen caso en el restaurante. Después de comer, de las fotos y los autógrafos obligatorios, todo el mundo sale a caminar o va a descansar para prepararse antes del concierto.

A fondo Las 18 canciones de vives le permiten abrirse por completo.
A fondo. Las 18 canciones de vives le permiten abrirse por completo.


El Luna Park es un recinto consagratorio para los artistas en Argentina, y después de tres exitosos espectáculos ofrecidos durante marzo de este mismo año en el teatro Gran Rex, Vives se ha ganado el derecho a pisar un escenario en el que han estado grandes como Diana Ross, Ringo Starr, Frank Sinatra, Nine Inch Nails, Oasis, Megadeth, James Brown o Kraftwerk.

En la camioneta que lo lleva al lugar del show, Vives se divierte con los recuerdos de un concierto que ofreció 25 años atrás en el Estadio El Campín, después de la época de Escalona, teloneando a Luis Miguel, que entonces estaba en la cima con su primer disco de boleros. Al llegar al backstage lo más indicado es dejarlo en paz, ya vendrán montones de invitados pidiendo más fotos, saludos y autógrafos en el encuentro con los fans. Además, ahí está los integrantes de La Provincia comiendo, sonriendo y descansando. Está Egidio, que se entusiasma firmando mi copia en vinilo de La tierra del olvido, y confiesa que sigue usando “una grabadorcita Sony, de casete” para grabar y hacer sus arreglos; la tecnología no es lo suyo y es evidente que su corazón es tan grande como análogo. Encontramos a ‘el Papa’, bajista y director musical, que sonríe mientras pide ayuda buscando señal de Internet para hacer el web check-in de su regreso a Colombia. También está Pablo Bernal, con quien siempre es un placer sentarse a hablar sobre grandes bateristas. “Don Ricardo”, me dice con una formalidad poco formal mientras estamos en la zona de catering, “¿para usted cuál es LA BANDA?”. Creo que ya me ha hecho antes esta pregunta, y de nuevo respondo sin dudarlo: “Led Zeppelin”. Coincidimos, y recuerdo que alguna vez Robert Plant recorrió estos mismos pasillos.

En medio de saludos, risas y más comida, pasa el tiempo y llega la hora del show. En ese punto el vinilo —que en el transcurso de la tarde y la noche se va convirtiendo en una joya— ya ha sido autografiado por Vives, el Papa, Pablo, Egidio, Carlos Iván Medina y Eder Polo, el maestro de la guacharaca.

Las luces se apagan y los gritos llenan el coliseo. Suena una cumbia y va dando paso a La bicicleta, que hace enloquecer a las 9 mil personas que colman el lugar. Luego sigue Déjame entrar y después está Pa’ Mayté. Ella ya no está, y siempre la echaremos de menos.

Actualmente la gaita, la percusión menor y la flauta de millo están a cargo del joven y talentoso Tato Marenco: “¡No, no es Bruno Mars!”, aclara Vives cuando lo presenta más tarde.

La cañaguatera hace que los argentinos intenten bailar, y esos clásicos serán siempre un alivio, porque no solo de lo urbano vive el hombre. “Aunque mi música se vista de muchas maneras, yo lo que canto son vallenatos”, le dice Vives a su público antes de despacharse con El pollo vallenato. Egidio, su eterno escudero, despliega el virtuosismo habitual con absoluta precisión mientras su sonrisa compite con el juego de luces. Durante el solo de bajo en Bailar contigo, los balones de fútbol llegan al escenario y surgen los cantos de “Vamos pa’ Rusia” ante montones de argentinos y colombianos que en ese momento (domingo 8 de octubre) no sabemos si nuestras selecciones lograrían estar presentes en el mundial.

Ahora Marenco lidera con sus vientos la introducción de Fruta fresca, que luego abre campo para El mar de sus ojos y Nota de amor, en la que las pantallas muestran banderas que recuerdan la tragedia de Puerto Rico con el hashtag “Unidos por Puerto Rico”. Sin duda alguna, parte del corazón de Vives pertenece a la isla.

En este punto la fiesta ha invadido de punta a punta el Luna Park, y con Al filo de tu amor la cosa se mantiene arriba mientras llega La foto de los dos, en la que el guitarrista Daniel Cadena (nominado al Grammy Latino en la categoría de Mejor Álbum de Rock por Mutante) lanza un buen solo. Y poco más tarde un muchacho le propone matrimonio a su novia ahí, sobre el escenario, mientras la banda toca Volví a nacer. Solo por hacer el ejercicio, resulta divertido imaginar qué hace un tipo si la chica no acepta frente a 9 mil espectadores. Pero eso no pasa, porque la respuesta es la que todo el mundo espera.

Antes de La tierra del olvido llega la hora de hablar otra vez de fútbol y de la incertidumbre. Faltan dos días para la fecha decisiva, y en Argentina se dice —entre el humor y la bronca— que deben llevar a su selección a la fábrica de Volkswagen, para ver si aprender a hacer un Gol.

Esta noche Vives seguirá tocando hasta completar casi dos horas de show, con este mítico recinto tendido a sus pies, con un público que en un futuro no muy lejano lo verá presentar (ojalá) canciones como Hoy tengo tiempo o Los niños olvidados. La gente estará feliz mientras tanto, hasta que llegue el martes 10, cuando ellos enfrentarán a Ecuador en Quito y lo vencerán 1-3. Nosotros empataremos en Lima contra Perú.

El periodista argentino Martín Liberman saldrá a hablar de no sé qué vergüenzas para Falcao, olvidando el detalle de un gol con la mano en el 86 y un 6-0 mucho más vergonzoso contra un Perú sospechoso en el 78. Algunos nos indignamos por sus declaraciones, pero al final eso no importa porque en 2018 ellos y nosotros iremos a Rusia.

Seguramente Vives, disfrutando de la libertad que respirará con su nuevo disco, estará haciendo fuerza por los dos equipos.

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