Adiós entusiasmo

3.50

La familia, materia oscura.

por RODRIGO TORRIJOS | 06 Jul de 2018

Vladimir Durán / Lucas Besasso, Rosario Bléfari, Camilo Castigliones


Axl (Camilo Castiglione) es un preadolescente obsesionado con la materia oscura, colecciona mapas y hace esculturas, vive en Buenos Aires en un apartamento con su madre y tres hermanas mayores. Ese lugar es un universo en espiral, desemboca en sí mismo, tiene como centro de gravedad las cadenas que custodian el cuarto donde la madre está encerrada. Uno de los planos iniciales acompaña al chico a un recorrido circular por el espacio, inicia y termina allí, a su altura, desde el ángulo del que mira el mundo.

A la madre nunca la vemos, solo la escuchamos a través de la puerta y de una ventana que conecta con el baño, su voz no revela a una mujer oprimida, su encierro tampoco resuena como una novedad. Permite ser interpretado más allá de un castigo temporal, representa una condición desde la cual ha labrado una influencia implacable sobre lo que hay afuera.

Adiós entusiasmo testifica desde el punto de vista de Axl la ejecución de una conmemoración familiar, un cumpleaños caprichoso que la madre insiste en celebrar. El festejo sirve para extrapolar las tensiones de una familia que habita un universo limitado, atravesado por el capricho, la voluntad y la vanidad. Desde el punto de vista del chico percibimos la inmensa calidez entre él, su madre, sus hermanas y la distancia con todo lo que existe en el exterior.

Sin embargo, quien nos da la entrada a este mundo es un personaje que deliberadamente gravita entre la influencia de las mujeres de la familia, se trata de un inmigrante colombiano interpretado por el propio director Vladimir Durán, el personaje de manera insistente, torpe —y a veces poco digna— intenta “levantarse” a una de las hijas, a su vez sirve como contrapunto a la naturalidad, a esa “claustrofobia” cálida, inevitable.

Varios personajes ajenos a la familia aparecen en torno a la celebración, sobre el tercio final de la cinta potencian el sentido dramático y la levedad, dan peso a la “materia oscura”. Ellos ingresan en el universo de Axl, desde el punto de vista ingenioso del niño vemos configurar el equilibro que hace brillar a esta película.

La totalidad sucede en el encierro del apartamento. Aun así se da con enorme libertad. Es tangible en la pantalla. El director seleccionó un formato alargado, panorámico, que permite a los personajes entrar y salir de cuadro, privilegiando la improvisación, lo que sucede fuera de la pantalla también pesa. Ese juego entre intérpretes transmite frescura y acentúa la pérdida de intimidad que se experimenta en este tipo de familias, numerosas, ruidosas, donde la individualidad se edifica bajo la mirada de otros.

La cinta dirigida por Durán —procedente de una familia de cineastas— se contiene en su metáfora sobre la materia oscura, explora una sutil violencia cotidiana que mantiene todo cohesionado en el universo, como eso que mantiene a juntas a las familias, incluso las más horribles.


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