Afterimage

3.50

La última película de Andrzej Wadja, uno de los más grandes directores de todos los tiempos, es un bellísimo relato biográfico sobre el artista vanguardista Wladyslaw Strzeminski y sobre la valentía que implica defender las ideas propias

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 07 Jun de 2018

Andrzej Wajda / Boguslaw Linda, Bronislawa Zamachowska, Zofia Wichlacz

Cortesía Cine Colombia


El cine de Andrzej Wadja siempre estuvo ligado al devenir de la Polonia del siglo XX, período histórico en el que la patria del director luchó por sobrevivir a las invasiones, especialmente la soviética, que duró más de la mitad del siglo. Generación, Kanal, Cenizas y diamantes, El hombre de mármol, El hombre de hierro, Pan Tadeusz y Katyn, son algunas de sus obras maestras que evidencian la exquisita armonía entre la estilización formal y la denuncia social y política que caracterizaron el trabajo de este gran director.

Afterimage es la última película de Wadja y se estrena de una manera póstuma y muy oportuna en las salas de cine. Este es un maravilloso biopic sobre la vida del pintor polaco vanguardista Wladyslaw Strzeminski y que, de una manera muy inteligente (no se podría esperar menos de Wajda), se centra en el proceso creativo del artista, en sus ideas sobre el arte y en su teoría de la percepción, ligadas a los principios estéticos del constructivismo.

A Strzeminski le correspondió vivir en una época (finales de los años cuarenta), en la que el régimen comunista de Stalin puso sus manos (por no decir garras) sobre Polonia, generando un nuevo estado de izquierda en ese país dependiente de la Unión Soviética. Para el comunismo ruso, heredero de las ideas de Marx y Lenin, todo arte es político y la forma debe ser esclava del contenido. Dicho contenido era denominado como “realismo social” (el cual, en realidad, debe interpretarse como “propaganda socialista”). Strzeminski terminó siendo acusado de formalista (una especie de insulto por parte del régimen), y como el artista fue siempre fiel a sus ideas, las consecuencias de su férrea posición fueron el aislamiento, la persecución, la destrucción de sus obras y la muerte en la más extrema pobreza.

El actor y también director Boguslaw Linda, encarna estupendamente a este pintor privado de un brazo y una pierna, que pese a sus limitaciones y a que tenía a su país en su contra, nunca desfalleció ni se retractó de sus opiniones sobre la pintura. Pero es el cuidado en la composición de cada plano, la economía a la hora de plasmar el relato (nada sobra y nada falta), la advertencia sobre los peligros del pensamiento radical y, en últimas, su inmensa belleza, lo que convierten a Afterimage en un poderoso testamento de uno de los más grandes directores de todos los tiempos.


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