Arctic Monkeys

2.00

La banda británica deja sus guitarras por un extraño desvío musical hacia el jazz

por JON DOLAN | 11 May de 2018

Arctic Monkeys tocando en Brooklyn. Sacha Lecca


Alex Turner es el Damon Albarn del brit-pop de su generación, es decir, el inagotable artista que se niega a casarse con un mismo sonido por mucho tiempo. Ha pasado bastante desde que los Monkeys irrumpieron con I Bet You Look Good on the Dance Floor, su éxito de 2005. Tranquility Base Hotel & Casino, que estuvo media década en preparación, es un álbum conceptual que sucede en el casino de un bar en la Luna. Turner juega con su Steinway, mostrando influencias como las baladas sesenteras de Serge Gainsbourg; el extraño, pero atractivo, Leonard Cohen de finales de los 70; y la música lounge que los hipsters escuchaban en los 90. “I’m a big name in deep space/Ask your mates/But golden boy’s in bad shape” [Soy gran nombre en lo profundo del espacio/ Pregúntale a tus amigos/ Pero el chico de oro está en un mal estado], canta en Star Treatment, la primera canción del disco, en la que interpreta a un rockero acabado que ahora toca para los borrachos en la Luna.

Es una aventura arrogante al estilo Bowie, y canciones como American Sports y Ultracheese tienen cierto encanto. Pero el LP no aguanta las ideas del hombre en el piano. Four Out of Five literalmente toma prestada la calificación de las revistas de música y en Batphone la letra de Turner parece una mezcla entre Velvet Goldmine y Black Mirror (“Did I ever tell you all about the time I got sucked down the bottom of a hand-held device?” [¿Alguna vez te conté cuando fui aspirado hasta el fondo de un dispositivo portátil?]). Nadie espera que Turner sea un pianista de la talla de Bill Evans o un compositor como Harry Nilsson, pero parecen más comentarios chistosos de un borracho que canciones bien hechas (Tranquility Base es ese álbum extraño que puede sonar mejor en concierto, para que escuches como jode a las personas en vivo, como Take No Prisoners de Lou Reed). La técnica del líder de la banda es muy limitada como para crear música que se pueda disfrutar (aprendió a tocar piano solo para hacer este disco). Así que incluso una melodía pop con toques clásicos como Golden Trunk se convierte en algo desesperante. Después de un disco entero hecho en la madrugada, vas a querer montarte en el próximo transbordador que regrese a la Tierra.

Arctic Monkeys es una gran banda que ha hecho mucha música buena (AM de 2013 fue excelente) y siguiendo la tradición de estrellas como Cohen, Bowie o Lou Reed, quienes en algún momento se equivocaron, intentó cambiar su estilo y no funcionó. No hay nada malo en eso. A veces, la inquietud artística tiene un precio.


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