Bomba Estéreo

4.00

Li Saumet y Simón Mejía han logrado superarse a sí mismos con un disco que debería sobrepasar el éxito de su antecesor.

por RICARDO DURÁN | 18 Aug de 2017


Bomba Estéreo hace detonar tu corazón

En 1978 Rubén Blades y Willie Colón lanzaron Siembra, un disco icónico que contiene clásicos como Plástico, Dime y Pedro Navaja. Aquel álbum terminaba con la canción que le daba título, y era un llamado a la esperanza y la conciencia latinoamericana. Ahora, casi 40 años después, Bomba Estéreo abre Ayo con su propia Siembra, una maravilla electroacústica que se mueve sobre aires de montaña para invitarnos a otro tipo de despertar; no el de los pueblos, sino el de cada corazón y cada individuo en conexión con su propio mundo.

Tras el enorme éxito de Amanecer, lo más fácil habría sido entregarse sin contemplaciones a las imposiciones del mercado y las obviedades de Miami. Sin embargo, en Ayo hay una especie de valioso retorno, que se da sin repetir las fórmulas. Producido entre Los Ángeles y Minca -en la Sierra Nevada de Santa Marta-, junto a los productores Chris Castagno y Ricky Reed (que repite después de Amanerecer), Ayo muestra un perfecto equilibrio entre las dos caras de Bomba Estéreo: la champeta y la cumbia en contraposición con el pop, las rimas y los beats.

Duele está dominada por el exótico sonido de una flauta de millo, intensa, profunda y experimental; la champetera Money Money Money podría ser una perfecta continuación para Niña rica, de ¡Estalla! (2008); Internacionales celebra la diversidad sobre beats irresistibles, y se hace indispensable en estos tiempos dolorosos de odios y extremismos; el tema título es un himno rumbero lleno de esperanza y afirmaciones positivas apoyadas en una guitarra que coquetea con el funk y la champeta.

Por su parte, en Flower power Li Saumet nos canta “Ya saqué mi conclusión, por qué hice esta canción pa’ todas las mujeres del mundo/ Tanta discriminación que lastima el corazón, y nos hace un daño profundo”, con todo lo necesario para prender la rumba en un encuentro de feministas, aunque algunas puedan molestarse cuando nos dice “somos flores, somos flores, y vinimos al mundo a adornarlo con los colores”. Ya veremos.

Ilustración: Garavato
Ilustración: Garavato

La voz de Li se siente más firme que nunca, empoderada en su papel de ícono del flow champetero, y canta a las playas que ama en el reggae de Taganga, antes de despedirse en el epílogo de Vuelve, que mira de nuevo las montañas de Siembra para cerrar el círculo perfecto de un disco que vale la pena disfrutar muchísimas veces.


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