Bunbury

4.00

Fiel a su idea de no quedarse quieto, Bunbury hace guiños a Bowie con unos Santos Inocentes plenamente cohesionados

por RICARDO ZAMORA | 10 Jan de 2018

Enrique Bunbury.


El zaragozano abre majestuosamente con La ceremonia de la confusión, un cañonazo en el que deja muy atrás sus escarceos con sonoridades mediterráneas o latinoamericanas, incluso con un rock más “gringo” como el de Hellville de Luxe o Las consecuencias. Capítulo aparte es la presencia del saxofón de Santi del Campo, que nos lleva a pensar más en un sonido de club de jazz que en del propio saxo rockero tipo Clarence Clemons. ¿Vale la pena mencionar alguna influencia del Blackstar de Bowie?

Sin tratarse de un disco de ruptura, Expectativas profundiza — con un espíritu renovado— en caminos que le son familiares. En seguida nos señala cuál es La actitud correcta, ese dardo dirigido a la pusilanimidad de los medios y los artistas modernos. Le siguen La cuna de Caín, En bandeja de plata y Parecemos tontos, que van poniendo la vara cada vez más alta. La atmósfera más colectiva (y sociopolítica) que se alcanzó a vislumbrar en Palosanto, parece quedar a un lado y en esta ocasión nos deja ver una intención personal de crear música honesta y directa para unos tiempos que no lucen prometedores. Sin embargo, y a pesar de que “el mundo se encarga de asesinar tus sueños”, como él mismo lo dice en Supongo, el músico español abre nuevamente una puerta que nos permite pensar que quizás sí hay una luz al final del túnel. ¿Estará en nuestras manos?


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