Damn

4.50

El innovador MC recuerda una época dorada del hip hop en la que las rimas eran más importantes

por CHRISTOPHER R. WEINGARTEN | 14 Jun de 2017


Kendrick Lamar se pone en modo bestia con el rap clásico

Kendrick Lamar ya ha roto los límites del estilo, el sonido y la resonancia social del hip hop. Pero Damn toma una dirección clásica hacia la gloria del rap; si su emblemático To Pimp a Butterfly fue el mejor álbum de hip hop en 2015, Damn es el ideal platónico de los mejores álbumes de rap de 1995, un deslumbrante despliegue de rimas vistosas y beats con bajos poderosos. Las rimas en canciones como DNA, Element, Feel, Humble y XXX son rápidas, furiosas y casi puristas en naturaleza. En una época en donde “seguir compases” parece agradablemente anticuado, Lamar construye un puente al pasado.

Como es de esperarse, el MC toma un camino propio y complejo para llegar allí. XXX, que cuenta con una colaboración melódica de U2, es una venganza ultraviolenta al estilo de su héroe Tupac. Pero Lamar se adentra más profundo en su mente y dibuja hipótesis empapadas de sangre para luego contrastarlas con letras que hablan del control de armas. La magistral Lust trata la noticia de la elección de Donald Trump como un estruendo en medio de una existencia monótona. Como siempre, Lamar enfrenta sus propias contradicciones. En Pride trata sus alardes como una carga. Y en Element se debate entre “me importa un carajo” y “estoy dispuesto a morir por esta mierda”. Verlo tratar de resolver esto es uno de los grandes dramas del pop en la actualidad.


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