El legado del diablo

3.50

La historia de una familia en duelo, y sufriendo de algo sobrenatural, es un nuevo clásico del terror

por PETER TRAVERS | 07 Jun de 2018

Ari Aster / Toni Collette, Alex Wolff, Milly Shapiro


En la línea de las familias malditas, que son invadidas por una maldad indescriptible y de un horror imposible de olvidar, El legado del diablo es una joya del terror que le pone su propio sello a las cosas que nos encontramos en la noche. Para ser más claro, este debut digno de premios, del director y guionista Ari Aster, está muy lejos de la porno tortura y los sustos del cine clase B que llenan de basura la gran pantalla. El cineasta de 31 años, conocido por cortos como Munchausen y The Strange Thing About the Johnsons, se acerca a lo sobrenatural de la misma forma que Jennifer Kent lo hizo en Babadook y Robert Eggers en La bruja: con un ojo artístico para lo que hay detrás.

El sujeto de Aster es la familia. Annie Graham, interpretada por la gran Toni Collete en uno de sus mejores papeles, pasa más tiempo con su arte que con su esposo, el terapeuta Steve (Gabriel Byrne), y sus dos hijos, el adolescente fumador Peter (Alex Wolff) y la tímida Charlie (Milly Shapiro). Annie hace modelos miniatura de casas y habitaciones que se ven más complejas que la vida misma. El tiempo que invierte en recrear su hogar es tenebrosamente obsesivo, un intento por tener el control que no tiene en el mundo real. Aster y su creativo director de fotografía, Pawel Pogorzelski, empiezan la película con una toma abierta de su casa de muñecas, para luego entrar y salir de ahí con tanto detalle que no puedes diferenciar entre arte y realidad.

La sensación de un mundo desbalanceado está presente en toda la cinta. Nuestro equilibrio es afectado desde el principio cuando los Graham tienen que lidiar con una muerte en la familia. La madre de Annie, Ellen, tenía tanto poder que alejó a Charlie de su mamá. Pero la tumba de la mujer ha sido profanada y, ¿qué son esos tótems hechos con animales que la pequeña niña esconde en el patio? Cuando sucede otra tragedia familiar y la amiga de Ellen, Joan (Ann Dowd), la convence de ir a una sesión para comunicarse con los muertos, cada escena está llena de horror, en especial cuando Peter empieza a portarse mal en el colegio y su papá no puede intervenir.

La película se construye poco a poco. Tendrás las composiciones del saxofonista Colin Stetson en tus pesadillas, donde los efectos visuales de maquillaje, gracias al maestro Steve Newburn, también aportan su magia negra. De todas formas, El legado del diablo nos atrapa gracias a la violencia en la mente y no a través del gore. Nos muestra personas reales, no los títeres que los directores usan para sustos baratos. Aster propone que una familia disfuncional (¿Annie odia a sus hijos?) y una larga historia de inestabilidad mental pueden ser más peligrosos que cualquier posesión demoniaca. La cara de Peter al final –Wolff hace un papel tremendo– te hará saltar del asiento.

Pero es Collete, haciendo la actuación de su vida, quien nos lleva al quiebre de Annie, tanto en carne como en espíritu, y destruye la poca valentía que nos queda. Su magnífico rol está lleno de provocaciones que seguramente no te dejarán dormir en la noche. Pero primero gritarás como loco.


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