Halsey

4.00

El segundo álbum de Halsey es una extensa ruptura con una realidad distópica

por ROB SHEFFIELD | 04 Jul de 2017

Ilustración por Nigel Buchanan


Una nueva reina para el pop rebelde

Tiene sentido que Halsey se proclame como una “nerd de Marvel”, porque definitivamente sabe contar historias. Nacida en 1994, surgió como un ícono del pop salido de la nada con su exitoso himno pop New Americana y se convirtió en la voz de una nueva generación de jóvenes angustiados en la era electrónica: “Drogada con marihuana legal / Criada con Biggie y Nirvana”. Halsey le sube el nivel a su juego de pop rebelde con la insolencia de una confesa “marihuanera jodida” llamada Ashley Nicolette Frangipane, que se crió en los suburbios de Jersey, y cuyo nombre cambió por Halsey en honor a una estación de tren de Buswick. Bisexual, biracial, bipolar, no busca caerle bien a nadie (un regalo del Cielo para esta época de hashtags), como si quisiera retar al establecimiento para ver si sigue subestimándola.

Halsey demuestra sus ambiciones musicales más salvajes en su segundo álbum, consolidando la solidez de Badland, su debut de 2015. Se trata de una larga historia sobre un desamor de ciencia ficción, en la que se da gusto a través de un melodrama en pantalla grande, con una obra que inicia con la declamación del prólogo de Romeo y Julieta. Por supuesto, en manos de Halsey la historia se convierte en la vida de una estrella pop inquieta que viaja por el mundo rompiendo corazones por el camino, sin poder encontrar el verdadero amor y admitiendo: “He pasado demasiadas noches en baños sucios”.

Halsey mantiene la esencia del álbum apuntando a una crisis adulta de distopía a través de sonidos techno pop, más parecidos a Closer de Trent Reznor que a su hit junto a Chainsmokers, con ruidos metálicos y estruendos de guitarra en 100 Letters (“Me siento sola en las noches, a menos de que esté teniendo sexo”), Heaven in Hiding y Alone. Sus influencias shakespearianas y su gusto por Depeche Mode se evidencian con el paso de las canciones de un megaproductor a otro (Greg Kurstin, Benny Blanco y Lido).

Quavo, integrante de Migos, acompaña a Halsey en Lie, una canción que plasma las dos caras de una relación arruinada. Bad at Love es una gira de Halsey por las camas del mundo, desde, “Tengo un hombre en Michigan / Y él sabe a Jack Daniels cuando lo estoy besando”, hasta, “Tengo una mujer con ojos californianos”. En su canción más atrevida, Halsey se desnuda al son de su voz y un emotivo piano en la balada Sorry, donde se pregunta si alguna vez se gustará lo suficiente como para permitir que alguien se acerque a ella. No es la primera cantante pop veinteañera que enfrenta este dilema, pero a juzgar por Hopeless Fountain Kingdom, ahora puede tomar el rumbo que quiera.


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