Hasta el último hombre

3.50

Hasta el último hombre: Mel Gibson regresa con una película de guerra acerca de la paz

por PETER TRAVERS | 03 Feb de 2017


Mel Gibson regresa dirigiendo una película extremadamente sangrienta acerca de… la paz. Puede que usted tenga algunos problemas con la vieja historia de rabia e intolerancia de la estrella, pero no tendrá ningún problema con Hasta el último hombre. Una película que muestra otra clase de corazón valiente, basada en hecho reales del soldado de la Segunda Guerra Mundial Desmond T. Doss, el primer objetor de conciencia en recibir la Medalla de Honor del Congreso. Andrew Garfield, en el mejor papel de su carrera hasta el momento, interpreta a Desmond, un chico jovial de las montañas de Blue Ridge, Virginia, que jura nunca tomar un arma (casi mata a su papá con una) e ir a combatir vehementemente como médico. ¿Cómo entró este chico delgado, pacifista y devoto adventista en el frente de batalla en donde uno mata para mantenerse con vida?

Ese es el corazón de esta película, dirigida por Gibson con sinceridad y sin estupideces, basada en un guion de Robert Schenkkan (The Pacific) y Andrew Knight que repasa los clichés del pasado y toca las fibras. El padre de Desmond (un magnífico Hugo Weaving) está tan traumatizado por su participación en la Primera Guerra Mundial que les prohíbe a sus hijos enlistarse. Los chicos, que no han tenido problema desafiando a su padre cuando llega ebrio a maltratar a su madre Bertha (Rachel Griffiths), lo hacen de nuevo. El hermano de Desmond, Hal (Nathaniel Buzolic) se une al Ejército poco después del ataque japonés a Pearl Harbor. Y nuestro héroe, a pesar de estar locamente enamorado de Dorothy (la excelente Teresa Palmer), una enfermera del hospital en donde él cursa su carrera médica, está decidido a seguir los pasos de su hermano.

El entrenamiento básico adquiere un nuevo significado y Desmond no elude ninguna tarea, excepto la práctica de rifle. Esa decisión enfurece tanto al sargento Howell (un malhumorado Vince Vaughn) como a los demás reclutas, quienes confunden los principios del soldado con cobardía. Se hacen varios intentos para expulsar a este renegado del Ejército, e incluso se amenaza con una corte marcial. Inesperadamente, el padre de Desmond entra a defender a su hijo. Es un tributo al gran compromiso de Garfield con un papel que nunca abandona los sentimientos ni los matices de las convicciones del personaje.

Como es de esperar, son las escenas de batalla las que le dan vida a la película. Gibson y el cinematógrafo Simon Duggan no parpadean para mostrar la dura realidad de la guerra en tierra. El batallón de Desmond debe destruir un bastión japonés en una ladera rocosa antes de poder tomarse Okinawa. Gibson capta la más brutal y sangrienta matanza que se haya visto en pantalla desde su propia Corazón valiente y la secuencia de apertura de Salvando al soldado Ryan de Spielberg. Desmond queda atrás, las tropas se ven obligadas a retirarse, y el vuelve varias veces en medio de balas, bombas y explosiones de granadas, a rescatar soldados heridos, 75 en total, y a bajarlos por cuerda ladera hacia un lugar seguro.

Gracias a algunas de las mejores escenas de batalla jamás registradas, Gibson demuestra una vez más sus asombrosas habilidades como un cineasta capaz de yuxtaponer el salvajismo con la ternura. Siempre ha habido más que una descarga de adrenalina en su trabajo: fíjese en Corazón valiente ( por la que ganó el Oscar como mejor director), en La Pasión de Cristo ( la película independiente para mayores de 18 más exitosa de todos los tiempos) y la majestuosa y compleja Apocalypto, lanzada hace una década –es decir, casi al tiempo de que un arresto por conducir ebrio y una bravuconada lo pusieran en el escarnio público. Hasta el último hombre ha sido promocionada como el regreso de Gibson. ¿Es también un desagravio? ¿Quién lo puede afirmar? Lo que queda claro es que Gibson ha hecho una película acerca de la familia, la fe, el amor y el perdón puestos en un escenario de un conflicto violento – es una película para no perderse.


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