Hotel Transylvania 3

2.00

El creador de El Laboratorio de Dexter y Las Chicas Superpoderosas no logra reflejar su talento en la pantalla grande.

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 12 Jul de 2018


Hotel Transylvania 3: Monstruos de vacaciones

A finales de los noventa Genndy Tartakovsky fue un monstruo de la animación, creando programas legendarios para Cartoon Network como El laboratorio de Dexter, Las Chicas Superpoderosas, Samurai Jack y los 25 microepisodios de Star Wars: Clone Wars. Por eso es inexplicable que Tartakovsky se haya trasladado a la pantalla grande con productos mediocres y poco graciosos como las tres películas de Hotel Transylvania.

La primera parte, estrenada en el 2012, era una película simpática pero poco original (si pensamos en Los locos Addams, The Munsters y El escuadrón antimonstruos). Contaba la historia de cómo Conde Drácula (con la voz de Adam Sandler) intentaba acercarse a su hija Mavis (con la voz de Selena Gomez), quien se había enamorado de un torpe humano llamado Jonathan (con la voz de Andy Samberg) mientras intentaba administrar un hotel en compañía de sus amigos: Frankenstein (Kevin James), Wayne el ‘Hombre Lobo’ (Steve Buscemi), Murray la ‘Momia’ (CeeLo Green), Griffin el ‘Hombre Invisible’ (David Spade) y el gelatinoso Blob.

La segunda parte fue tan solo una extensión de la primera que buscaba explotar la franquicia y el talento de Adam Sandler y sus amigos, y relataba la búsqueda de Conde Drácula por que su nieto Dennis (Asher Blinkoff) se convirtiera en vampiro.

Ahora, la tercera parte lleva a Drácula, Mavis, Jonathan, Dennis y los de siempre (junto con el gigantesco perro Puppy, quien debutó en un corto que se presentó junto
con The Emoji Movie) a gozar de unas merecidas vacaciones en un crucero, al mismo tiempo que Van Helsing, el acérrimo enemigo del Conde (con la voz de Jim Gaffigan y quien no había aparecido en las partes anteriores), busca venganza. Asimismo, el viudo Conde va a encontrar el amor en Ericka, la hiperactiva anfitriona del crucero (interpretada por la talentosa Kathryn Hahn).

El sentido del humor, el timing y la elegancia característica de los trabajos para la televisión de Tartakovsky desaparecen para dar lugar a una obra ruidosa, frenética, tonta,
predecidble y con chistes flojos, que no sabe explotar a sus personajes y que se reduce a un nuevo intento por exprimir una saga que parece cansada y redundante. Cualquier persona que haya seguido las series de este director va a encontrar sus trabajos televisivos y sus trabajos cinematográficos como dos productos diametralmente opuestos. Una cosa es una mala película animada y otra es ver como un inmenso talento para la animación es desperdiciado.


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