Isle of Dogs

3.50

El director se luce con una película animada graciosa, caótica y acertada que se adentra en la iconografía japonesa

por PETER TRAVERS | 29 May de 2018

Wes Anderson / Bryan Cranston, Scarlett Johansson, Edward Norton

No lo dudes, amamos a los perros.


La fantasía política y canina de Anderson

Si fueras un perro, no dejarías de mover la cola con la nueva película animada de Wes Anderson: un viaje a través de un universo canino lleno de trasfondo político. Es una combinación entre cine arte y el asombro de un niño, una sensación que también está presente en otras películas del director como Academia Rushmore y El gran hotel Budapest. Después de El fantástico Sr. Zorro de 2009, Anderson vuelve a utilizar el stop-motion y los títeres, pero esta vez homenajeando a Japón y a su iconografía. El resultado es encantador.

Isle of Dogs ocurre 20 años en el futuro en Megasaki, una ciudad ficticia en Japón. Cuando una gripe canina azota a la metrópolis, el alcalde Kobayashi (bajo la voz del coescritor Kunichi Nomura) usa la pandemia como excusa para deportar a todos los perros. “¿Qué le pasó al mejor amigo del hombre?”, pregunta con preocupación una traductora (Frances McDormand), mientras llevan a los animales a una isla de basura, donde es poco probable que sobrevivan.

El primer cachorro deportado es Spots (Liey Schreiber), la mascota de Atari (Koyu Rankin), un huérfano de 12 años en custodia del alcalde. El niño se sube a un avión y viaja a la isla para rescatar a su perro. Un equipo canino conformado por Rex (Edward Norton), Boss (Bill Murray), King (Bob Balaban) y Duke (Jeff Goldblum) lo ayudan en su misión. Otro aliado es Chief, un perro callejero al que Bryan Cranston le da vida con un tono de vulnerabilidad y confianza. A lo largo de la película coquetea con Nutmeg (Scarlett Johansson), y comienza a entender el amor entre Atari y Spots.

El vínculo entre el niño y su perro es la trama principal de la película, a pesar de estar rodeada por un torbellino de historias secundarias y detalles adicionales. Anderson toma la simpática decisión de traducir los ladridos a un inglés hablado, mientras los japoneses conversan en su idioma sin subtítulos (a veces parece un caos, pero funciona). Varios críticos señalan que Anderson tiene una obsesión por los detalles y es exagerado por momentos, pero esos detalles son los que le dan el brillo y el encanto a Isle of Dogs. Y a pesar de su trasfondo oscuro, el director mantiene la acción durante toda la obra.

La animación es espectacular en todo el sentido de la palabra y está impulsada por la increíble música de Alexandre Desplat; un nuevo camino para el compositor ganador del Óscar con La forma del agua. Al anochecer, Kobayashi envía un ejército de perros robóticos al ataque para terminar con su objetivo en la isla de basura. En ese momento, los perros se alzan contra sus opresores y genocidas. Tracy Walker (Greta Gerwig), una estudiante estadounidense y amiga de Atari, ayuda a los perros cuando divulga el malévolo plan de Kobayashi.

Anderson enfrentará algunas críticas por poner como héroe a una occidental, pero su simpatía con estos luchadores de cuatro patas está arraigada al ADN de la película. Atari se refiere a ellos como los seres más hermosos que ha conocido. ¿Y quién duda de ello?


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