Day Breaks

4.00

La cantante se arriesga y juega con la historia para hacer su música más atrevida hasta el momento

por WILL HERMES | 24 Aug de 2017

Destapando nuevas cartas en un álbum muy maduro.


La canción más personal del sexto álbum de estudio de Norah Jones es un cover de Don’t be Denied, una joya desconocida de Neil Young, que también es probablemente una de sus canciones más personales. Al contrario de este último, Jones menciona a Anchorage y no a Winnipeg, canta en tercera persona y traduce el arreglo agudo de la guitarra de Young en un piano y vientos al estilo Nueva Orleans. El resultado es igual de oscuro. “The punches came fast and hard [Los puños fueron rápidos y fuertes]”, canta con tristeza, “lyin’ on her back in the schoolyard [acostada en el patio del colegio]”.

Después de sus colaboraciones con Billie Joe Armstrong y Danger Mouse, Day Breaks es un regreso a las raíces jazzísticas de Jones. De hecho, es una consolidación maravillosa y oportuna. Sus compañeros de banda son políglotas: Wayne Shorter y Brian Blade han trabajado con Joni Mitchell, un punto claro de referencia.

El piano de Jones es increíblemente versátil y las canciones son evocativas —hay un toque de Moondance de Van Morrison en It’s a Wonderful Time for Love—. Los estándares de jazz en Day Breaks son conocidos como instrumentales, aunque ella incluye voces en ambos: en Peace de Horace Silver, de 1959, (del primer EP de Jones First Sessions) y en Fleurette Africaine (African Flower), de Duke Ellington. Este último tema evoca con elegancia a Money Jungle, el LP de Ellington de 1962, mientras Jones tararea flotando boyantemente entre la tradición del pasado y su presente único.


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