Lorde

4.00

En su esperado segundo álbum, la diva del pop prueba que tiene un futuro prometedor

por WILL HERMES | 09 Aug de 2017


En su debut, Pure Heroine, Lorde ridiculizaba y glorificaba la música pop. Era una malcriada castigada en el colegio; un sentimiento dramático y un delirio de superioridad que solo una niña de 16 años puede reflejar. El álbum fue una pequeña obra maestra y también un éxito enorme, con letras profundas escritas con el corazón. Se puede decir que a niña tenía un gran futuro, y luego de cuatro años su segundo álbum, Melodrama, confirma esta idea.

Ahora, a los 20 años, Lorde refleja un nuevo estilo, con acordes de piano en lugar del abanico electrónico de Pure Heroine. Abre con Green Light, un mensaje punzante a un exnovio a quien la cantante no puede olvidar. La canción aumenta la tensión con un inquietante viaje electroacústico y abrazador, que rememora, con su cántico de “I want it!”, a la precoz amante del synth-pop, Kate Bush, quien gritaba “I want it!” en 1982 en Suspended in Gaffa. Hay que darle crédito a Lorde por quererlo todo: el gran panorama de la música electrónica a la par con la música orgánica.

Ese fue el truco, un trabajo hecho junto al coescritor y coproductor Jack Antonoff, quien le da un estilo rockero al electro pop de Lorde, el mismo que acuñó en Fun y 1989 de Taylor Swift. Los efectos y los arreglos desfiguran radicalmente la claridad absoluta hasta convertirla en delirio en unos pocos compases. Junto a los chasquidos de dedos en Royals se asoman algunos acordes; la seca guitarra de The Louvre y su mezcla atmosférica; los gritos en la lejanía y los golpes al estilo roots-reggae en Sober, una improvisación sensual cuestionando su propio placer; el chillido industrial y las maldiciones en Hard Feelings y Loveless; y el beat violento de trap en la melancólica y orquestal canción que titula el álbum. Es toda una hazaña en una producción pop.

Las letras de Lorde y su voz íntima, de alcance brutal, limpia y sin efectos, resultan fundamentales. Ella dice que la idea del álbum es una fiesta y los dramas que conlleva. De hecho, el sarcasmo de Pure Heroine ahora es más apasionado, desde el punto de vista escéptico de un millenial. Es más intenso en la Liability, una meditación pop para piano sobre la soledad de una ambiciosa drama queen.

Pero el momento más sorprendente puede ser el pequeño aparte de Homemade Dynamite, esa oda a la lujuria con una referencia a Top Gun y un deseo muerto: cuando Lorde vocaliza una pequeña explosión en medio del silencio absoluto, como el susurro de un amigo en una discoteca mientras se desata el caos. Es un álbum emblemático de pop moderno que atesora la intimidad adolescente, y se prolonga con fluidez luego de encender las luces.


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