Maldad pura, a la vieja usanza

3.50

Maldad pura, a la vieja usanza

por ROLLING STONE | 01 Apr de 2016


Recuerden el nombre de Robert Eggers. Su película debut, La bruja, es un llamado de atención escrito bellamente en los códigos del terror. Eggers se acerca con sutileza a lo sobrenatural y profesa una atención meticulosa a la construcción del miedo a través de los detalles.

Sucede en 1630, en una granja que emerge de la niebla en Nueva Inglaterra. El granjero William (Ralph Ineson) y su esposa, Katherine (Kate Dickie), enfrentan una crisis cuando Samuel, su bebé sin bautizar, se pierde en el bosque. Thomasin (Anya Tailor-Joy), la hermana encargada de cuidarlo, es vista como una bruja, y al niño como víctima de un ritual. Taylor-Joy representa un genuino hallazgo actoral, nos cuestiona constantemente mientras destroza nuestros nervios.

Egger mezcla astutamente lo racional y lo opuesto, poniendo la sospecha sobre todos. Calen (un espléndido Harvey Scrimshaw) es el mayor de los cinco hijos, y hace demasiado con su devoción. Cuando los gemelos, Mercy (Ellie Grainger) y Jonas (Lucas Dawson), se hacen amigos de una cabra negra llamada Philip, solo resta decir: “¡Oh, santa mierda!”.

Esta película, construida en los diabólicos estertores de la represión puritana, le permite a Eggers poner a La bruja muy lejos de todo el horror que hemos conocido. No se vale de trucos baratos. Egger simplemente nos obliga a mirar hacia adentro, mientras nos recuerda que en cualquier momento va a desencadenar nuestros propios infiernos internos.


Deja tu opinión sobre el articulo: