Mis Planes Son Amarte

5.00

por DAVID FRICKE | 03 May de 2017


¿Se trata de un disco conceptual? ¿Es una película? ¿Acaso importa la forma como definamos la nueva aventura en la que Juanes combina éxitos, romances, parábolas e imágenes en movimiento? En un año pop en el que Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, el disco con el que los Beatles marcaron una época, cumple 50 años, mucha gente en todo el continente consumirá Mis planes son amarte como el resto de los contenidos habituales: una rotación de clips de YouTube reducida al cine de bolsillo del smartphone; la fidelidad comprimida brutalmente con la baja fidelidad del streaming.

Mis Planes Son Amarte —primer lanzamiento de Juanes en estudio en tres años y el primer “álbum visual” para un artista latino— merece la inmersión tradicional, tomada en serio. Hecho junto al director puertorriqueño Kacho López y protagonizado por Juanes como un arqueólogo despechado, atrapado en un bucle de compromisos emocionales y flashbacks espaciales y terrenales, esta producción audiovisual de una hora (con una adición animada) es sofisticada, honesta y efectiva en la narrativa al presentar 12 nuevas canciones de Juanes.

Mis primeras impresiones estuvieron en dos extremos improbables: luego de Purple Rain, el desafiante pero suntuoso error que resultó ser Under the Cherry Moon, de 1986, el debut de Prince como director de cine y la inmaculada explosión de locura, obsesión y espacios interiores profundos y fríos que expone The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd. Hay una nave espacial y un romance; Juanes en un viaje de ayahuasca servida por un chamán luego lidera un combo en un bar tropical. Una belleza misteriosa revela una extraordinaria habilidad para viajar en el tiempo.

No es una trama hermética y eso no es un problema. El cuento que se va acumulando —presentado en canciones como Ángel, Hermosa ingrata, Bendecido y Goodbye For Now— muestra el carácter esquivo de la memoria, un sueño tan vívido que parece una vida pasada real e irresoluta. Como cualquier estrella pop que merezca su aura, Juanes tiene la mejor solución en la mano: “En las noticias dicen que todo está malo”, canta en Actitud, con una guitarra que cruje para dar paso a un fuerte impulso funk, que recuerda el dub jamaiquino de los 70 y el gansta rap de Los Ángeles: “Pero yo prefiero ser más optimista / En mis manos solo cargo una guitarra y una buena actitud”.

Esta es otra forma de describir aquí un drama convicente: el progreso de Juanes en el estudio como director de su propia voz, composición y cruce hacia el rock en español. En 2010 el cantante había coproducido P.A.R.C.E. Y en 2014, con el distinguido productor británico de New Wave, Stephen Lipson (Frankie Goes to Hollywood, Grace Jones, Pet Shop Boys); y con Steve Lillywhite (U2, Peter Gabriel, XTC) coprodujo Loco de amor. Esta vez “quería producir a mi manera”, me dijo Juanes cuando me explicó el origen de Mis planes son amarte, mientras tomábamos un café en Nueva York. “Pero no quería hacerlo todo solo, quería trabajar con alguien que no me dejara enloquecerme demasiado en el estudio”.

De hecho Juanes volvió a su hogar, la escena hip hop de Medellín, y trajo consigo a Mosty, Sky y Bull Nene como colaboradores en la producción y composición. El resultado: un balance entre energía y color, en el que la ágil fusión de reggaetón, rock & roll clásico y clasudo de los 60 y poderosas baladas —provenientes de la cumbia y la música popular de su niñez y luego del metal noventero de Ekhymosis— se vuelve más personal, refinada y valiente. Olviden las referencias a Prince y Pink Floyd. Estas 12 canciones se acercan más a Tunnel of Love de Bruce Springsteen y a Let’s Dance de David Bowie, por la manera como Juanes convierte su experiencia y tono comercial en una íntima reflexión sobre verdades claras y golpes directos.

“Para mí la música está diseñada para los sentimientos”, insiste Juanes en Nueva York. “Desde que era niño fue mi conexión con el mundo, con el universo”. Mis planes son amarte es ese universo en un disco.

El título del álbum es un juego de palabras. Con solo separar una ‘a’ cambia de Mis planes son amarte a Mis planes son a Marte, son dos ideas a la vez, una confusión deliberada de propósito y lugar. La fidelidad se pone a prueba por el vacío y la distancia; la música, en cambio, acentúa el espacio vacío por encima del desorden y saca el mayor provecho de la fuerza de una frase, melodía o coro. “Estaba tratando de encontrar un nuevo camino”, dice Juanes. “Es como vestirse. Uno escoge una chaqueta, pantalones, zapatos. Las canciones siempre van a ser canciones, pero es cómo te lo pones. Quería ir en esa dirección: más simple, más lugar para la gama de sonidos”.

“Tengo cero preocupación / Mi maleta es ligera para continuar”, confirma Juanes en Perro viejo. Juanes aborda la siguiente canción, Ángel, como si no hubiera gravedad, mientras canta a su ideal romántico (“Soñando en cada despertar / Nuestras manos y la fe, sin miedo a perder”), contrastado con un misterioso piano que se asemeja a la banda islandesa Sigur Rós. Luego entran los clásicos del rock: un tambor rítmico, una áspera guitarra funk y un suave coro femenino que parece sacado de la canción Be My Baby, del grupo femenino de los 60, The Ronnettes. Ese coro es firme, pero nunca opaca la canción; ese gancho vocal ooooh-oooh es más luminoso que dulce. Es una maestría de producción y arreglos que recuerda al énfasis de Brian Eno en el poder de la atmósfera, en sus trabajos con U2, Talking Heads y Coldplay: la amplitud de una idea melódica o lírica cuando la dejas que resuene en el aire.

El propio Juanes hace un elegante viaje en el tiempo. Hermosa ingrata es una fiebre bailable vintage: un homenaje a la cumbia de los 70 (una mezcla instrumental que escuché y que resalta el patrón melódico del teclado que se filtra evocando a Kraftwerk, en un bar junto a la playa en Cartagena). En El ratico, una canción sobre terminar un apasionado romance, Juanes comparte el micrófono con la cantante y productora colombo estadounidense, Kali Uchis, quien le responde con el poder y la indignación de una mujer abandonada y lista para seguir adelante (“Se acabó el ratico / Aquí está el anillo / No, I don’t want to be amigos”). Justo cuando sitúa parte de la película Mis planes en una remota zona boscosa cerca de Medellín, Juanes lleva la balada Alguna vez a ese mismo lugar; con una guitarra acústica, efectos rítmicos sobrios y un canto como alrededor de una fogata con su amigo, la estrella colombiana Fonseca.

Mis planes son amarte incluye una sorprendente novedad: la primera canción de Juanes en inglés en un álbum en solitario. Goodbye For Now está incluida hacia el final del álbum y no puede evitar un aire anticlímax, una temperamental concesión dance-pop para la radio estadounidense. También le sigue a la cumbre creativa del disco. De Marte a la Luna comienza con una sutil seducción: de nuevo ese tambor, que establece un ritmo tropical salpicado con piano soul-jazz. Juanes canta con una voz nostálgica y fluida, doblada y armonizada, como si estuviera cantando a dúo con un espejo, mientras las guitarras entran en la mezcla con una ligera distorsión psicodélica y un trémolo ondulante. Hay un punto en que Juanes deja un mensaje de voz y suena como si en realidad estuviera llamando desde esa nave espacial: “Cuentas conmigo para lo que sea… Te dejo un beso y nos vemos esta noche”.

Es el blues de la soledad con el funk del deseo y vibraciones de rock psicodélico con música soul: Juanes canaliza a George Michael y mi disco favorito de los 70 del ícono del R&B, Donny Hatthaway, mientras mira de frente con seguridad en sí mismo. Como película, Mis planes son amarte es una elegante y agradable odisea espacial con un final feliz. Como disco, es Juanes mostrando cómo es posible tocar las estrellas con los pies firmes sobre la tierra.

Garavato
Garavato

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