Moby

3.50

El trabajo más reciente del veterano productor de electrónica explora el final de todo con sutileza y grandeza

por MAURA JOHNSTON | 15 Mar de 2018

Everything Was Beautiful, and Nothing Hurt es una comprensiva visión de las heridas del mundo. JONATHAN NESVADBA


Moby presenta un mundo en ruinas en Everything Was Beautiful

Los mejores trabajos en los últimos años del productor, DJ, vocalista, cuentero, etcétera, han sido aquellos en los que se zambulle en lo depresivo. Everything Was Beautiful, and Nothing Hurt, su decimoquinto álbum de estudio, es otro clavado en la piscina de la melancolía. Everything es atractivo y cautivante, lleva el ideal de Moby al tener una voz conmovedora y beats gigantescos con la idea, no muy lejana, de un paisaje post-apocalíptico. Sus composiciones, que crecen poco a poco, son el eco del miedo y la desesperación humana, con ritmos de dub y letras inspiradas en el poeta W.B. Yeats, que sirven como un recordatorio de la existencia antes de la destrucción. Las extrañas guitarras en The Last of Goodbyes muestran toda su fuerza cuando entra la batería, y el piano en The Ceremony of Innocence mantiene el equilibrio incluso cuando sube el dramatismo gracias a las cuerdas.

El suave murmullo de Moby parece el monólogo interno de un sobreviviente en el fin de los tiempos, lo cual contrasta con la dulzura de las vocalistas invitadas. La agradable voz de Mindy Jones, con quien colabora frecuentemente, está presente en varias partes del disco. En The Tired and the Hurt fortalece la sensación de estar perdido en el espacio y en The Waste of Suns comenta, como si fuera un coro griego, los arrepentimientos de Moby. Raquel Rodríguez perdona al artista en la dolorosa Like a Motherless Child, cuya línea de bajo evoca un giro negativo de Lovely Day, la canción de Bill Withers.

Everything cierra con A Dark Cloud Is Coming, una mezcla entre trip-hop y blues que crece y baja a la misma velocidad que las fotografías en stop motion. Con ese contexto, la cantante Apollo Jane reta a una deidad a que venga por ella mientras las cuerdas aumentan su volumen. Cuando caen, Jane puede tararear la melodía como si fuera una meditación. Es un final apropiado y triste para esta comprensiva visión de las heridas del mundo.


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