Moby

3.50

El trabajo más reciente del veterano productor de electrónica pone ante nosotros un mundo en ruinas

por MAURA JOHNSTON | 18 Apr de 2018

Moby nos confirma que su fin no está cerca.


Moby explora nuestro final con sutileza y grandeza

Sus mejores trabajos en los últimos años han sido aquellos en los que se zambulle en lo depresivo. Everything was Beautiful, and Nothing Hurt, su decimoquinto álbum de estudio, es otra inmersión en la melancolía. Everything es atractivo y cautivador, combinando una voz conmovedora y beats gigantescos con un paisaje posapocalíptico. Sus composiciones, que crecen poco a poco, son el eco del miedo y la desesperación, con ritmos de dub y letras inspiradas en W.B. Yeats, que sirven como un recordatorio de la existencia antes de la destrucción. Las extrañas guitarras en The Last of Goodbyes muestran toda su fuerza cuando entra la batería, y el piano en The Ceremony of Innocence mantiene el equilibrio incluso cuando sube el dramatismo gracias a las cuerdas.

El suave murmullo de Moby parece el monólogo interno de un sobreviviente en el fin de los tiempos, lo cual contrasta con la dulzura de las vocalistas invitadas. La agradable voz de Mindy Jones está presente en varias partes. En The Tired and the Hurt fortalece la sensación de estar perdido en el espacio y en The Waste of Suns habla sobre los arrepentimientos de Moby. Raquel Rodríguez perdona al artista en la dolorosa Like a Motherless Child, cuya línea de bajo evoca a Lovely Day, la canción de Bill Withers.

Everything cierra con A Dark Cloud Is Coming, una mezcla entre trip hop y blues que crece y decrece a la misma velocidad que las fotografías en stop motion. Con ese contexto, la cantante Apollo Jane reta a una deidad a que venga por ella mientras las cuerdas aumentan su volumen. Cuando caen, Jane puede tararear la melodía como si fuera una meditación. Es un final apropiado y triste para una visión compasiva ante las heridas del mundo.


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