Paterson

3.50

La leyenda de las películas independientes y Adam Driver convierten una comedia llena de humor seco sobre un conductor de bus y poeta de Nueva Jersey, en una silenciosa celebración de la cotidianidad

por PETER TRAVERS | 11 Aug de 2017

Jim Jarmusch / Adam Driver, Golshifteh Farahani


Adam Driver hace una de las actuaciones más adorables y con menor probabilidad de ser premiadas del año en Paterson. Te preguntarás, ¿por qué con menor probabilidad? Porque la conmovedora interpretación es tan natural y emotiva que es difícil reconocerla como actuación. Paterson es un poeta que maneja un bus en la ciudad de Paterson en Nueva Jersey. Sí, la ciudad y el poeta tienen el mismo nombre. Es raro, pero lo superarás. Escrita y dirigida con firmeza y una inmensa gracia por el ícono independiente Jim Jarmusch (es difícil creer que han pasado 32 años desde el lanzamiento de Extraños en el paraíso, la cinta con la que saltó a la fama), su película se toma un buen tiempo para entrar a tu cabeza y tu corazón. Pero cuando lo hace, no te suelta.

Jarmusch nos deja pasar una semana con Paterson mientras está acostado en la cama con su novia Laura (la talentosa actriz Golshifteh Farahani), una chica que quiere ser cantante de country y con una gran habilidad para diseñar cupcakes. Nuestro hombre, común y corriente, empieza su ritual diario. Se come un plato de cereal, da un paseo con Marvin el bulldog inglés de Laura, recoge pasajeros en su bus, chismosea sus conversaciones y se toma una cerveza después del trabajo en un bar local. Después regresa a casa y reinicia el ciclo. Nada destacable, a excepción de los momentos en los que Paterson anota un verso inspirado en sus experiencias. Todo puede gustarle, incluyendo una antigua caja de fósforos de Ohio Blue Tip y los encuentros con otros artistas novatos, un rapero (Cliff Smith, mejor conocido como Method Man) y una chica joven (Sterling Jerins).

¿Cómo hacer una película sobre lo mundano sin caer en la monotonía? Consigues a un cineasta y un actor que estén tan conectados con la poesía de lo cotidiano que parezcan una pareja hecha en el cielo del cine. El ruido de la vida digital de hoy está ausente; incluso cuando Paterson y Laura van al cine, es una versión del clásico de terror de 1932 Island of Lost Souls. Sabemos que Paterson fue militar, básicamente por una foto en la que aparece con uniforme.

Los versos de Paterson –el trabajo del poeta de Oklahoma Ron Padget y, en un caso, del mismo Jarmusch – a veces aparecen en pantalla o son dichos por Driver. Laura anima a su alma gemela a hacer copias de su cuaderno, pero él se niega porque encuentra la felicidad en el proceso creativo y no en la difusión. La ciudad de Paterson y su historia (que potencia el gran trabajo Paterson del poeta y físico William Carlos Williams de Nueva Jersey) se filtra lentamente en el ADN de la película. Williams también celebraba la belleza en las actividades del hombre común.

Cerca al final, después de que Paterson sufre una dura pérdida, conoce a un poeta japonés (Masatoshi Nagase de la cinta Mystery Train de Jarmusch) visitando la ciudad, lo que reaviva su fuego creativo. El cineasta sostiene la cámara en Driver, solo en una silla, para expresar las emociones que nadan dentro de la mente de Paterson. El actor supera el reto con creces, haciendo cada una de las expresiones a la perfección. Williams veía la poesía como “un equipo para vivir, una guía necesaria en medio del desconcierto de la vida”. Está claro que el héroe de la cinta y su creador estarían de acuerdo. Su película, una de las mejores del año, nos inspira a mirar con atención el mundo que nos rodea. Es cautivadora de una forma pequeña y silenciosa. Es también un pequeño milagro.


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