Pequeña gran vida

3.50

Con grandes actuaciones y efectos especiales, la sátira de ciencia ficción de Alexander Payne “rebasa los placeres de lo inesperado”

por PETER TRAVERS | 12 Jan de 2018

Matt Damon, Christoph Waltz , Kristen Wiig, Laura Dern, Neil Patrick Harris, Jason Sudeikis / Alexander Payne


Alexander Payne, uno de los mejores y más creativos cineastas del mundo, piensa en grande sobre ser pequeño. En Pequeña gran vida Payne y el escritor Jim Taylor crean un mundo futurista, donde a los humanos les ofrecen la posibilidad de empequeñecer su cuerpo a 10 cm, una solución contra la sobrepoblación y una descarga de responsabilidades.Y, además, el dinero de cada uno se multiplica en su nuevo ambiente, donde un pequeño hombre puede vivir sin problemas. ¿Algún voluntario?

Paul Safranek (Matt Damon, un hombre del común en su mejor forma) está intrigado. Vive atascado en su trabajo como terapeuta ocupacional. No tiene hijos con su esposa, Audrey (Kristen Wiig), y nada los puede detener a someterse a la transformación. Además, sus mejores amigos (Jason Sudeikis and Maribeth Monroe) ya pasaron por el experimento y lo adoran, viviendo en una comunidad cubierta por un domo (para protegerse de los bichos). Los pequeños humanos viven en entornos elegantes, llenos de piscinas y campos de golf; una vida excelente. El proceso de empequeñecerse no es doloroso, una vez te afeites todo el pelo (si no, te verías como ZZ Top) y te quiten tus calzas y tus prótesis dentales (si no, tu cabeza explotaría). Payne logra que estos cambios sean graciosos y poco forzosos; todo para que este mundo miniatura sea creíble para el público.

Por un año todo está bien para Paul, excepto por el abandono de su esposa 11 horas después y sus vecinos hedonistas, Dusan (Christoph Waltz) y Joris (Udo Kier), que lo invitan constantemente a fiestas. El sexo, las drogas y el rock & roll se mantienen, incluso en miniatura, y es increíble ver a Walts y a Kier descontrolarse. Payne y su equipo de efectos especiales se lucen, y nos dan una muestra de cómo se ven los humanos de verdad y los pequeños en el mismo plano, varias veces. Felicitaciones al cinematógrafo Phedon Papamichael, la diseñadora de producción Stefania Cella y al maestro de los efectos especiales James E. Price por hacer que lo imposible se vea real.

Solo cuando Paul conoce a Ngoc Lan (Hong Chau), una disidente vietnamita que trabaja como una empleada doméstica, la percepción de su nuevo mundo cambia. A pesar de que usa una prótesis en su pierna, Ngoc es una mujer activista y con un propósito, y su inglés a medias no es un obstáculo para que se pueda comunicar con fluidez. Hong Chau, conocida por Vicio propio y Treme de HBO, logra una actuación exitosa. Su nominación en los Globos de Oro y el Sindicato de Actores de Cine como Mejor Actriz Secundaria es solo el comienzo de los elogios y honores por su interpretación. Sus escenas con Damon, un actor tan bueno que puede provocar que la decencia sea intrigante, son muy emotivas. Mientras Paul y Ngoc pasan de tener una amistad extraña a un romance aún más extraño, Payne nos lleva a través de un viaje riesgoso.

Decir más no sería bueno para aquellos que quieren ver la película sin prejuicios, como debe ser. Pequeña gran vida rebasa los placeres de lo inesperado, la distintiva marca artística de Payne. Sus anteriores películas (Ruth, una chica sorprendente, La trampa, Las confesiones del Sr. Schmidt, Entre copas, Los descendientes y Nebraska) se centran en los problemas de sus personajes. Y su última obra no es la excepción, aunque la premisa de ciencia ficción que presenta pelea contra un diseño atípico. La ambición visionaria de la película es una nueva dirección por parte de Payne; un terreno difícil. Es verdad que incorpora más ideas de las que puede sacar adelante y a su sátira social le hace falta ese instinto asesino para dejar en la ruina a los soñadores. Pero así es Payne. Su parte humana tiene un núcleo emocionante y resonante al igual que todos los nuevos caminos que intenta. Pequeña gran vida nos conduce, y entre todas las cosas, al fin del mundo. Sin una pizca de los clichés de Hollywood, Payne sugiere que es un viaje que es mejor recorrer juntos. No hay nada pequeño en esa idea.


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