Reencuentro

3.00

El drama militar de Richard Linklater cuenta la historia de tres hombres, un funeral y le da la oportunidad a Bryan Cranston, Steve Carell y Laurence Fishburne de brillar

por PETER TRAVERS | 10 May de 2018

/ Bryan Cranston, Steve Carell, Laurence Fishburne

¿Pasar el tiempo con Carell, Cranston y Fishburne? Es un placer.


Cranston, Carell y Fishburne van por todo

¿Quién mejor que Richard Linklater para hacer una película sobre gente hablando y, al mismo tiempo, revelar las rarezas y fallas que los hacen humanos? Ya sea en Boyhood: Momentos de una vida o la trilogía de Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes de la media noche, el director y figura del cine independiente siempre está pendiente de capturar cuándo alguien deja caer la máscara que usa en público y revela las heridas emocionales que tiene por dentro.

Reencuentro no hace parte de sus grandes obras personales, principalmente porque está basada en la novela de Darry Ponicsan y esto marca el tono, aunque Linklater se tomó la libertad de coescribir el guion. El libro ha sido considerado una secuela espiritual de El último deber, que se convirtió en una importante película de Hal Ashby en 1973. La historia trata sobre dos marineros (Otis Young y Jack Nicholson en su mejor momento), cuya tarea es llevar a un soldado (Randy Quaid) de la Armada de Estados Unidos a una prisión militar. La nueva adaptación de la obra del novelista también sigue a tres hombres en una misión. Pero es en 2003 y los nombres han cambiado… aunque el trío parece familiar.

Steve Carell, quien sigue sorprendiendo como un actor de drama, interpreta a Larry “Doc” Shepherd, un hombre que estuvo en la Armada y cuyo hijo, un infante de la marina, ha sido asesinado en Irak. El exsoldado, que enviudó recientemente después de que su esposa muriera por un cáncer, necesita recoger el cuerpo de su hijo. Para esto, acude a dos amigos que no ha visto desde que prestaron servicio juntos. El primero es Sal Nealon (Bryan Cranston), un tipo chistoso y bebedor del mismo estilo de “Badass” Buddusky de Jack Nicholson. Doc llega al bar de su amigo en Norfolk, Virginia para contarle todo lo que ha pasado. Juntos, recogen a Richard Mueller (Laurence Fishburne), un putero conocido como “Mueller el torturador” por razones que no esperarías. Ahora está casado y es pastor. Y más importante aún: no le interesa revivir sus pecados del pasado. Pero la gravedad de la situación hace que participe.

Después salen a recoger el ataúd en la Base Aérea de Dover para que el joven Shepherd sea enterrado como un héroe. Pero hay algo detrás (hay más misterios que los que esperarías): Charlie Washington (J. Quinton Johnson), el mejor amigo del fallecido soldado, les cuenta qué pasó en realidad, y es algo que sus superiores quieren esconder. Doc pierde la cabeza. Decide llevar a su hijo a casa y enterrarlo en New Hampshire sin su uniforme, el insulto más grande para el ejército.

Y esa es la película, tres tipos en la carretera, reviviendo el pasado e intentando descubrir lo que vendrá, con una parada en Manhattan para beber y cantarse algunas verdades. No hay nada malo en eso, solo que ya lo hemos visto antes. El último deber no es solo una película buena de los 70, es grandiosa y su recuerdo está constantemente sobre Reencuentro. Pero ver a estos tres grandes actores, llenos de gracia y corazón, compensa las fallas. Linklater no los puede proteger de todos los huecos en el guion, incluyendo las opiniones, los planes y un final molesto sin un mensaje claro. Pero, ¿pasar el tiempo con Carell, Cranston y Fishburne? Es una dicha.


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