Reseña: Katy Perry

3.00

La cantante navega en un universo pop menos ostentoso en Witness

por CHRISTOPHER R. WEINGARTEN | 09 Jun de 2017


Después de llegar nueve veces seguidas al Número Uno desde el 2008, la potente cantante de himnos musicales, Katy Perry, está tropezándose en la niebla y las luces de un universo pop menos ostentoso. Su cuarto álbum, Witness, navega sobre vibraciones más suaves de música house y baladas que se quiebran en una sopa de arte-pop. Entra perfectamente en un Hot 100 dominado por el EDM suave y matizado de artistas como Halsey, Camila Cabello y Troye Sivan. Pero algo suave y matizado nunca fue la tarjeta de presentación de la cantante detrás de canciones como I Kissed a Girl. Perry ha remplazado el ojo del tigre, por el corazón de un búho nocturno y moderno, haciendo un disco de música principalmente temperamental, soñadora y reservada, con un track que tiene un doble sentido y sirve de preparación para una pelea de comida como Bon Appetit. Es un ícono pop mezclándose con el resto de lo que suena en radio.

Trabajando con el súper productor Max Martin y una lista de niños modernos y cools (Duke Dumont, Jack Garrat o Corin Roddik de la banda de synth-pop Purity Ring), Witness es una mezcla de electrónica con inclinaciones pop: el renacimiento de moda que está viviendo el 2-step garage británico (Witness), la unión entre dancehall y disco (Chained to the Rythm), un Sam Smith falso (Save as Draft) y un vistazo hacia la música house de principios de los 90 (Swish) que se roba el mismo sample de Roland Clark que hizo Fatboy Slim en el 2000. En todo el álbum, Perry se aleja de la inusual Cindy Lauper de Teenage Dreams cubierta de dulce, y parece más una cantante anónima de disco, una moderadora que nos lleva a través de canciones apasionadas pero apagadas sobre la nostalgia y el empoderamiento.

Lo que una vez fue una potente voz que mantenía largas notas y cantaba líneas como “I am a champions” [Soy una campeona], ha sido devorada por efectos y reverbación, llegando muy pocas veces a la emocionante alegría de poperos-electrónios más punks como Robyn, Charli XCX e incluso los sencillos más recientes de Lorde. Las excepciones son Roulette, una actualización explosiva Eurythmics en EDM (producida por Martin y Shellback), y Pendulum, que cuenta con la colaboración de un coro góspel, lleva la antigua voz de Perry a un delicado momento a finales de los 80 y fue producida por Jeff Bhasker, el productor de Kanye West. Pero el consejo en esa canción es una crítica doble: “Don’t try and reinvent your wheel/ ‘Cause you’re too original” [No intentes reinventar tu rueda/ Porque eres muy original].


Deja tu opinión sobre el artículo: