Shakira: El Dorado

1.50

Nuestra diva pop entrega un disco que no se compadece con su propia historia

por RICARDO DURÁN | 10 Jul de 2017


¿Dónde están las canciones?

Es muy duro ser testigos del momento en que nuestras grandes figuras dejan de marcar tendencias y se dedican a seguirlas. Eso, en esencia, resume el sentimiento que despierta El Dorado, un álbum en el que solo sorprende el título, y su sorpresa radica justamente en la falta de originalidad.

Todas sus canciones y todas las colaboraciones parecen concebidas en una sala de juntas. Hace muchos años Shakira tiene en sus manos todos los recursos necesarios para hacer discos artísticamente ambiciosos, con invitados que realmente estén en primer nivel por su propuesta, no por su popularidad en YouTube. Ella ya ha trabajado con figuras como Rick Rubin, Rihanna, Pharrell Williams, Jorge Drexler, Wyclef Jean o Gustavo Cerati; uno pensaría que después de eso solo el cielo es el límite. En este nuevo disco parece que el límite estuviera en las discotecas de Miami, en las baladas predecibles y en los artistas de su disquera.

Musicalmente se enmarca en dos o tres fórmulas y líricamente el panorama no es más amplio. Se extraña la versatilidad de otros álbumes y preocupa que los años pasan sin que se vean rastros de esos buenos tiempos ni una perspectiva prometedora.

Aunque Comme moi (junto al rapero francés Black M) puede estar un poco por encima de las demás, no logra romper con la monotonía general de un disco que genera muchas dudas: ¿Es este un álbum de transición? ¿Realmente se necesitan cinco compositores para escribir algo como Chantaje? ¿Dónde están las canciones?

La producción es impecable, eso es obvio, y este trabajo será un gran éxito en la región. Sin embargo, queda claro que El Dorado de Shakira no trae ni una sola joya verdadera, todo son espejitos que no sorprenden porque reflejan cosas que hemos oído antes una y mil veces.


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