Suricato

4.00

Haciendo música infantil, Suricato nos pone a jugar a ritmo de jazz y sonidos latinoamericanos

por RICARDO DURÁN | 09 Jul de 2018

Suricato pone a cantar al niño que llevas dentro.


Con todos los juguetes

Hace más o menos un año la cantante María Mónica Gutiérrez empezó a trabajar como voluntaria impartiendo clases de yoga para niños en la Fundación Cardioinfantil en Bogotá. Allí pudo ver que la música era una herramienta muy efectiva para que los pequeños se engancharan con las actividades, y eso la motivó a escribir las canciones que hacen parte de esta Anaconda dorada.

Luego trabajó junto al guitarrista Kike Mendoza para que las piezas encajaran en el contexto de Suricato, y hay que decir que el resultado de ese proceso es fabuloso. Por momentos uno podría pensar que se trata de una extensión candorosa de Detrás del sol, el disco que la banda lanzó en 2017 y que ROLLING STONE escogió entre los mejores del año anterior. Este es además el cuarto disco que María Mónica Gutiérrez (con Ságan, Suricato y Montañera) nos presenta en solo tres años; una gran voz, y una de las artistas más consagradas que encontramos en la escena.

Las letras de Anaconda dorada están inspiradas en la biodiversidad de nuestro país (Tanto por mirar), en la familia, la conciencia y los valores (Familia), sin caer en la ñoñez. El espíritu de este trabajo nos recuerda a Sócrates, el maravilloso disco infantil de Edson Velandia con el jardín infantil La Ronda, o la banda sonora de Curious George que lanzó el gran Jack Johnson en 2006. Ch nos hace pensar en el Diccionario de la CH, de Arias y Troller. La mitad de Ata Nymy fue escrita en la lengua de los muiscas, y se mueve como en un juego en el que no le tememos al jaguar.

La clave acá radica en que es música que no subestima la inteligencia ni el buen gusto de los niños, que hoy viven expuestos a una avalancha de canciones basura. Este álbum puede ser un gran antídoto para el contagio. Muy recomendado.


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