The Serenity of Suffering

2.50

Esta es nuestra visión sobre el álbum número 12 de los titanes del nu-metal

por CHRISTOPHER R. WEINGARTEN | 21 Oct de 2016

El último trabajo de Korn es The Serenity of Suffering. Jimmy Fontain


Con doce discos en una carrera de 23 años, los azotadores del metal alternativo de Korn han tenido más fases de las que pueden recordar algunos fans: raritos del funk disonante, una banda de chicos improbable del disco metal, góticos de la destrucción intoxicada, un grupo de noise dance producido por la Matrix, explosivos científicos del dubstep y, en un punto, la peor banda que versionaba a Cameo en el mundo. Con The Paradigm Shift de 2013 y la secuela de este año The Serenity of Suffering Korn en 2016 se ha asentado en una incómoda zona de confort en algún momento entre 1999 y 2004, la era en que el “nu-metal” explotó y se esfumó y Korn estaba haciendo música tan fea e imponente como querían.

Serenity of Suffering es más pesado que Paradigm Shift. Posiblemente es su álbum más pesado gracias a riffs ridículamente desafinados como A Different World y When You’re Not There, sin mencionar siquiera los verdaderos horrores vocales que atraviesa el vocalista Jonathan Davis que incluyen un montón de scatts y gruñidos de death metal. Pero a nivel de composición lírica es básicamente el Korn de cambio de milenio: Rotting in Vain es esencialmente Falling Away From Me de 1999 con una sucia modificación con gritos de gargantas desgarradas y onomatopeyas que nacen de las entrañas; Next in Line no está muy lejos de Make Me Bad de ese año con un poco de trabajo frenético en las tornamesas a cargo de C-Minus. Y las letras de Serenty of Suffering no sorprenderán a nadie que haya oído al menos dos canciones de la banda en las últimas dos décadas: “I feel it ripping, I feel it scarring me”, canta Davis en Take Me.

Cuando Suffering brilla realmente es en unos puentes y codas realmente extraños e inventivos que cambian de humor como un DJ moviendo el crossfader: Black is the Soul se convierte en una canción de Helmet como por 22 segundos; The Haiting termina al estilo de Primus con síncopa y gritos que explotan las venas; Corey Taylor de Slipknot termina el mareo de atracción de feria en A Different World con un canturreo apasionado. Diversificándose pero no mucho, Suffering es lo suficientemente fuerte como para erigirse con orgullo en el kanon de Korn, pero no toma muchos riesgos para ser mucho más.


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