Triplicate

4.50

Su tercera colección de clásicos es una celebración que respira una oscuridad majestuosa

por MIKAL GILMORE | 18 Apr de 2017

Foto: Robert Galbraith/ZUMA


La tercera incursión de Bob Dylan en las canciones que previamente había grabado Frank Sinatra es una cosa esplendorosa por derecho propio. Dylan recorre los terrenos de Sinatra y de compositores como Irving Berlin, Jerome Kern, Hoagy Carmichael, Richard Rodgers y Oscar Hammerstein, como si fueran sus propios dominios.

De hecho, ha grabado más discos consecutivos en este estilo que en cualquier otro desde su transformadora trilogía eléctrica a mediados de los 60 con Bringing It All Back Home, Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde.

Cuando Dylan lanzó su primer set de canciones vinculadas con Sinatra (Shadows in the Night, de 2015), demostró lo bien que entendía a la leyenda. Cuando el country, el rhythm & blues y el rockabilly desplazaron a los crooners y a Broadway en los 50, algunos reaccionaron como si los bárbaros hubieran asaltado el castillo. Sinatra fue uno de ellos. “El rock & roll es falso y postizo”, dijo. Dylan dijo algo más radical al asegurar en los 80 que había acabado con aquella etapa y que ahora cualquiera podía grabar sus propias canciones. Con este monumental Triplicate se ha reconciliado con esa historia.

Aunque hace poco ganó el Nobel de Literatura por sus propias composiciones —y por la forma como expandió el arte con el uso del lenguaje—, las canciones significan para él mucho más que literatura. La música por sí sola tiene mucho significado. Una canción no es una canción si no tiene una melodía, una armonía y una voz.

Cuando Dylan decidió cantar cosas de Sinatra por primera vez, la idea parecía una locura. ¿Le quedaba voz para intentarlo? Dylan dejó muy claro eso en canciones como I’m a Fool to Want You, una de las más desafiantes piezas de Sinatra. Demostró que era capaz de mucho más al interpretarla de manera estremecedora.

“Suave” no es la palabra apropiada para definir la voz de Dylan, pero él puede ser muy efectivo a la hora de frasear como el mismo Frank. En Triplicate solo está acompañado por un quinteto, no hay violines ni big band (aunque hay una pequeña sección de vientos por ahí). Sin embargo, se logra recrear la solemnidad de un repertorio escogido de manera cuidadosa y muy significativa. Acá Dylan materializa la victoria al sobrevivir a la oscuridad, y al hacerlo le da sentido a su existencia.


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