Un clásico de la comedia Coen

3.50

Los hermanos Coen se meten con Hollywood en una estelar farsa anclada en el miedo existencial

por PETER TRAVERS | 01 Mar de 2016


Lo último que un crítico espera a comienzos de un nuevo año —el cementerio tradicional para los decrépitos cadáveres digitales— es una magnífica película de grandes cineastas. Pero eso es lo que obtienes en Ave Cesar! un salvaje remolino de magia de los hermanos Coen que me hizo reír con impotencia y me dejó lleno de terror espiritual. Eso hacen los Coen. Aquí, Ethan y Joel nos joden la cabeza en el estilo rat-a-tat de El Gran Lebowski, Raising Arizona y Quemar después de leer, en lugar de, por ejemplo, Fargo o Barton Fink. Pero de todas maneras hay que prepararse.

Ave Cesar! está ambientada en el Hollywood de 1951, cuando los estudios hicieron las películas en una línea de ensamblaje que a veces, a menudo accidentalmente, producía arte. La ironía es que hacer películas a veces es más fácil que mantener en orden el talento. Esa tarea recae sobre Eddie Mannix (Josh Brolin), un “Fixer” guardián de los intereses del estudio, que no puede dejar que los chismosos —la brillante Tilda Swinton interpreta a dos de ellos— sepan cuál de las estrellas está siendo infiel, está embarazada, es gay o cual es un “bastardo comunista”.

Ave Cesar! Es básicamente un día en la vida de un policía de estudio cuyo trabajo es su religión. Y Brolin, en una emotiva actuación, toma esta loca colcha de retazos de un hombre rodeado de dementes y la vuelve real. Es simplemente tremendo. Solo, Eddie es un desastre. Rondando el estudio es un león aterrador.

Tiene que serlo. Trabajar para Capitol Pictures hace que este exbouncer sea un niñero ejecutivo. Y cuida bebés tremendos. Scarlett Johansson es grandiosa como la consentida estrella nadadora del estudio (piensen en Esther Williams) con la boca de una esposa de gánster. Channing Tatum deslumbra como un hombre de canto y baile (piensen en Gene Kelly) con una agenda política. Tatum da tanto en el clavo con su alegre rutina de tap con un coro de marineros que uno quisiera ver un musical hecho para él.

Brindemos por el tremendo Alden Ehrenreich como el vaquero estrella (piensen en Roy Rogers), un patán insoportable que se ve obligado a actuar como un tipo sofisticado y urbano, un papel para el que evidentemente no está preparado. Es para aullar de la risa el contrariado director británico (un incomparable Ralph Fiennes) en las incontables tomas de la frase “si acaso fuera tan simple”. Esta escena va para la cápsula del tiempo de la comedia.

Realmente no se nota una trama hasta que la estrella de estrellas del estudio, Baird Whitlock (George Clooney), es secuestrado durante la producción de una épica bíblica llamada Ave, Cesar! Clooney la pasa genial sumando a Whitlock a la serie de idiotas que ha interpretado para los Coen (¿Dónde estás hermano?, El amor cuesta caro). Es de una diversión blasfema verlo arruinar sus diálogos en una catártica escena con un Cristo crucificado.

Whitlock no se toma nada en serio. Ni siquiera ser un rehén. Por eso Mannix se pone rudo con él. Tratando de mantenerse moral en esta Babilonia de Hollywood, Mannix lucha con una pregunta cósmica: ¿Debería poner su fe en el Dios de Job o en la deidad invisible del estudio que le envía sus mandamientos por teléfono?

Mannix la suda. Tal vez los Coen también, pero la película nunca pierde su estimulante optimismo. Los Coen aman a estos degenerados y a las películas de género que sacan con tanta locura. El cinematógrafo Roger Deakins, el diseñador de producción Jess Gonchor y la diseñadora de vestuario Mary Zophres crean un éxtasis visual. Ave Cesar! es una declaración de amor al cine, la improvisación de dos obsesivos. Y todo, incluyendo la desesperación nihilista, funciona perfectamente. No es fácil crear una banalidad desechable que también sea un placer serio. Si acaso fuera tan simple. Aun así los Coen lo logran con estilo. Son indispensables.


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