Un romance agónico

3.00

Las estrellas de cine nunca mueren

por PETER TRAVERS | 06 Jul de 2018

Paul McGuigan / Annette Bening, Jamie Bell, Julie Walters

Benning, la estrella principal.


Annette Bening es asombrosa. Su mejor interpretación, sin duda, es en Las estrellas de cine nunca mueren como Gloria Grahame, una actriz reconocida en los 40 y 50. Pero la historia que nos cuentan se remonta a 1981, cuando ella muere a los 57 años por un cáncer de seno. En lugar de enfocarse en los dramas familiares, Bening nos muestra lo compleja que fue la actriz, incluso hasta el final.

Grahame se hizo famosa por clásicos como La bestia humana, Encrucijada de odios y En un lugar solitario, y logró un Óscar como mejor actriz de reparto por Cautivos del mal en 1952. Después de vivir incontables escándalos (se casó con su hijastro, Anthony Ray, quien apenas tenía 13 años cuando comenzó la relación), cuatro divorcios y tener cuatro hijos, se fue a vivir a Inglaterra. Y allí, a finales de los 70, conoció a Peter Turner (el increíble Jamie Bell), un actor joven con el que vivió sus últimos días, cuando se negaba a seguir un tratamiento contra el cáncer.

La trama principal es sobre su relación, basada en la autobiografía de 1986 de Turner. El director Paul McGuigan y el guionista Matt Greenhalgh no logran dar una perspectiva diferente a la típica historia del cáncer, pero el inicio de la película se lleva los aplausos, gracias a las interpretaciones. Bening revive los últimos años de encanto, talento y sex appeal de Grahame, que fueron suficientes para conquistar a un hombre 30 años menor. Su química es perfecta, en especial cuando bailan al son de Boogie Oogie Oogie.

McGuigan gusta de combinar el presente y el pasado: en un momento Turner está en las calles de Liverpool y en otro está en el apartamento de su amiga en Manhattan o en un tráiler en las playas de Los Ángeles. Grahame no habla mucho sobre su carrera, excepto cuando menciona el día en que Bogart le enseñó a dejar que la cámara viniera hacia ella.

Bening vuelve a demostrar por qué es una de las mejores actrices de la industria, logrando revivir la historia que hay detrás de una sex symbol. Durante los créditos vemos un video de la Grahame real tomando la estatuilla de los Óscar y recitando un apresurado “gracias”, en uno de los discursos más cortos de la historia. Bening es el factor diferencial, el resultado es un tributo a las dos talentosas artistas.


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