Una de vaqueros en la finquita

3.50

Una de vaqueros en la finquita

por RODRIGO TORRIJOS | 01 Apr de 2016

Cortesía pelicula Malos días


Alguien chiquito imita a los grandes, hasta que irremediablemente termina convirtiéndose en uno. Malos días es una película modesta, hecha con cuidado y con la seria aspiración de lucir como si fuera producto de presupuestos y anhelos mayores. Busca, a través de sus encuadres, su paleta color tierra y una banda sonora de Felipe Linares —digna de tiroteos en el valle de la muerte—, montarse en la carreta del western contemporáneo.

El ritmo de los diálogos, las actuaciones y la estructura pretenden acercarla al thriller. Pero las pelucas, el contenido y algunas interpretaciones terminan por sustraerla violentamente de toda verosimilitud.

En ciertos aspectos, parece un extenso y aceptable trabajo universitario, hecho por alumnos aventajados que han trabajado en comerciales para televisión. Malos días tiene a su favor el coraje de quien se arriesga a hacer una de vaqueros con una cámara de fotos, en la finquita. Pero se le atascan las balas cuando apunta a disparar una historia en caminos diversos; termina por atarlos con un hilo demasiado débil, con diálogos que parecen la traducción de otros diálogos. Cuenta la historia de una madre borrachina, su hija bonachona y su confrontación con un par de delincuentes que llegan a pedir ayuda en el sitio donde ellas están escondidas. A esta cabaña apartada del mundo se mudará la tensión que aporta la llegada de un grupo de malandrines.

Malos días logra el objetivo de convertir a Andrés Beltrán en director de cine. Aunque no sepamos ubicarla en el mapa, la vemos en algún lugar entre un buen corto que se atrevió a ir por más y una película de mala calidad, con chispazos de brillantez. Pero definitivamente esperamos ver una segunda cinta de esta joven promesa, porque a pesar de todo Malos días logra hacernos pasar algunos buenos momentos.


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