Venganza Siniestra

2.50

Preparen sus estómagos, porque el Gorno ha vuelto a las pantallas.

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 13 Apr de 2018

Coralie Fargeat / Matilda Anna Ingrid Lutz, Kevin Janssens, Vincent Colombe

Cortesía de Cineplex


La combinación de violencia gráfica e imágenes sexualmente sugestivas en algunas películas de exploitation que mezclan el horror con la acción para cautivar la atención de su público, fue denominada por algunos críticos bajo el término de Gorno (palabra que resulta de la fusión entre Gore y Porno). Como ejemplos se pueden citar las infames The Last House On The Left (1972) de Wes Craven, Thriller - A Cruel Picture (1973) de Bo Arne Vibenius, I Spit On Your Grave (1978) de Meir Zachi o Mrs. 45 (1981) de Abel Ferrara.

Estas películas también tienen en común una estructura narrativa en la que sus mujeres protagonistas son víctimas de una salvaje violación (o violaciones), lo que permite la exhibición de escenas de sexo gratuito. La experiencia traumática convierte a estas mujeres en unas despiadadas vengadoras, que no descansarán hasta borrar de la faz de la tierra a sus agresores, lo que a su vez permite la exhibición de violencia gratuita y el uso de escopetas y cuchillos como símbolos fálicos que representan el empoderamiento femenino.

Revenge, la ópera prima de la directora francesa Coralie Fargeat, marca el regreso del Gorno a las pantallas, aunque vale la pena decir que nunca desapareció del todo, ya que mutó en películas que más adelante se denominaron como Torture Porn (Hostel, Saw) o New French Extremity (Baise-Moi, Martyrs) o en trabajos mainstream de autores respetados como Neil Jordan (The Brave One) o Quentin Tarantino (Kill Bill).

Fargeat demuestra su conocimiento sobre este tipo de cintas con un manejo hiper-estilizado de la imagen (que nos recuerda los trabajos de los maestros del cine Giallo Dario Argento y Lucio Fulci) y con un primer acto que nos muestra a Richard, un hombre atractivo y viril de dudosa reputación (Kevin Janssens), quien invita a una lujosa mansión en medio del desierto a Jen, su joven y hermosa amante (Matilda Anna Ingrid Lutz), para tener sexo con ella mientras espera a dos colegas, también de dudosa reputación, con los que supuestamente va a hacer “negocios”. En estas escenas iniciales veremos el exceso de piel característico del Gorno, que luego se van a convertir en una serie de grotescas escenas de ultraviolencia.

Sobra decir que uno de los socios de Richard termina violando a Jen en su ausencia y que Richard no termina defendiendo a su amada, sino que la considera un estorbo que hay que eliminar a como dé lugar. Luego de su violación y aparente asesinato, Jen regresa a la vida y se arma de valor (y de peyote) para convertirse en un ángel de venganza que con sus actos de ultraviolencia convierte a Mad Max, al Mariachi y a Machete como unas colegialas asustadas.

En Revenge, la verosimilitud se va al traste: las personas botan chorros de sangre sin perder la consciencia, cauterizan sus heridas con latas de cerveza al rojo vivo y solo necesitan de los nutrientes incluidos en el alcohol para subsistir en el desierto. Pero es que en el cine Gorno (y, en últimas, en todo el cine de Exploitation), la verosimilitud no importa. Aquí lo importante es darle al público lo que quiere y la historia del cine ha mostrado que lo que más quiere el público es sexo y violencia por partes iguales. Esta cinta incluye ojos penetrados, cabezas explotadas, dedos y pies mutilados, desnudos frontales y traseros tanto masculinos como femeninos y mucha, mucha, mucha sangre.

¿Qué importa si Jen tiene el estómago atravesado y sigue con vida? Lo que importa es ver a esta linda chica cumpliendo su labor de venganza. En esta época del #MeToo, una cinta sucia y salvaje como Revenge se convierte en una deliciosa fantasía catártica en la que una mujer descarga toda su ira sobre aquellos hombres que la han tomado y usado como un objeto sexual descerebrado. Los descerebrados terminan siendo sus victimarios. Literalmente.


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