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Ilustración por Keco Olano

Anticipando el futuro que ya llegó

El escritor Mario Mendoza habla sobre el trabajo que ha desarrollado en los últimos años con la literatura de anticipación en cómics y novelas gráficas. La obra que ha construido junto a un destacado equipo de ilustradores, arquitectos y diseñadores, se transformó en la amenaza materializada

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‘Yo estoy todo el tiempo, todas las semanas, chequeando, la Organización Mundial de la Salud dice que es inminente una pandemia. Es decir, es cuestión de pocos años o meses, no sabemos, pero es inminente’, decía Mario Mendoza en la Fiesta del Libro y la Cultura en Medellín, en septiembre de 2017.

La crisis de salud que atraviesa el planeta ha puesto en problemas al escritor y a su equipo, pero se trata de problemas sumamente interesantes porque muestran que su visión estaba más clara de lo que habríamos podido imaginar. Han logrado alcanzar al futuro, o el futuro los ha alcanzado. A ellos y a todos nosotros.

Años después de captar la atención del gran público con Satanás, la novela de 2002 inspirada por los acontecimientos que rodearon la masacre de Pozzetto cometida por Campo Elías Delgado en 1986, Mendoza empezó a dar otro rumbo a su obra. Se enfocó en la literatura de anticipación y consolidó un vínculo con jóvenes que encontraron en sus novelas una poderosa pasión por la lectura. A través de su trabajo en novelas juveniles, novelas gráficas y cómics, ha encontrado un lenguaje y un discurso que lo alejan de la mayoría de escritores colombianos. En la presentación de la serie de cómics El último día sobre la tierra (2019) describió la forma en que quiso distanciarse de la literatura hiperrealista enfocada en la guerra y el narcotráfico que durante décadas ha ocupado los estantes de las librerías colombianas.

En medio de la pandemia que logró advertir, Mendoza y su equipo continúan trabajando en proyectos que plantean un futuro aún más difícil y oscuro para la humanidad; un futuro que hemos construido con torpe determinación, paso a paso, crimen tras crimen, error tras error.

Ilustración por Keco Olano

Empecemos por hablar sobre la perspectiva que les da haber trabajado en este tipo de temas durante tanto tiempo y estar viviendo hoy lo que estamos viviendo, ¿qué sensaciones les genera esa situación?

Nosotros subimos hace poco un video a Proyecto Frankenstein intentando explicar justamente lo que nos estaba pasando; empezamos haciendo literatura de anticipación, era lo que queríamos, nuestra ilusión era crear una literatura de anticipación muy ligada a una ciencia ficción documentada, bien hecha. Leímos mucho a entomólogos, especialistas en insectos de los años 60 y 70, entre ellos Paul Ehrlich, él es muy famoso porque publicó un libro que se llama The Population Bomb, se tradujo como La bomba demográfica, y tiene que ver con una especie de advertencia que hacía él, diciendo que si no hay un control de la natalidad, si no cuidamos la velocidad a la que nos estamos reproduciendo, tarde o temprano va a venir un colapso dentro del capitalismo salvaje y va a ser un colapso de gran envergadura.

La línea nuestra no es la línea del progreso, de la modernidad, de que vamos para bien, de que vamos construyendo un orden con los ideales de la Revolución Francesa: justicia, equidad, fraternidad, no. La línea nuestra es la distopía, todo lo contrario. Hay una cosa mía en la Feria del Libro de Medellín en 2017, donde yo anticipé una pandemia, y lo dije públicamente porque era lo que venía diciendo la Organización Mundial de la Salud, no era nada extraño, ni que uno se anticipe, ni que se vuelva un profeta; es estar atento y leer el Reloj del Fin del Mundo [Doomsday Clock], son 15 ganadores del Premio Nobel que están anunciando permanentemente lo que pasa con el cambio climático, es leer lo que dice la Organización Mundial de la Salud. Uno sabía que esto se venía.

Entonces nosotros, leyendo a Ehrlich, leyendo a Zerzan, leyendo también La decadencia de occidente de Spengler, entramos en una distopía, construimos un mundo de anticipación. El problema que hemos tenido es que, cuando estábamos creando, este año y medio pasado, estábamos en la anticipación. Pero el problema con los cómics, es que ya teníamos una pandemia. Nosotros tenemos dos cómics que están por salir, y uno que estaba para salir en FilBo, que lo terminamos el año pasado, en donde la gente estaba con mascarillas y había una pandemia, y había gente cuidándose todo el tiempo de no tener contacto, echándose agua y juagándose para no contaminarse, etcétera.

De pronto, llegan las marchas del 21N, y ya teníamos nosotros en Kaópolis, nuestra novela gráfica, un estallido social de gran envergadura, y por el otro lado, apareció el COVID-19. Entonces dijimos: “Tenemos que anunciar esto, porque luego parecería que nos hubiéramos inspirado en la realidad, y no es así”. Nuestro problema es que cuando estamos creando, estamos en la anticipación, y cuando vayamos a publicar, estaremos en el realismo, porque la velocidad del problema real ha sido nuestro problema. No sé si ustedes vieron ayer un artículo de la BBC de Londres, en donde decía que la realidad se está acelerando, el COVID-19 nos está obligando a acelerarnos en una cantidad de procesos. Eso es lo que nosotros estamos tratando ahora como nuestro problema central, la velocidad de lo real no nos permite hacer anticipación. Entonces, cuando salga la trilogía, y cuando salga toda la colección de cómics, eso va a ser realismo y no literatura de anticipación. Ese es el mayor problema.

¿Qué creen ustedes que esto nos pueda enseñar? ¿O no vamos a aprender nada de esto y seguiremos igual? ¿Cómo vamos a ser y cómo vamos a hacer después de esto?

Yo creo que es muy prematuro porque no ha pasado lo peor. O sea, esto está al comienzo, esto está empezando; no podemos todavía decir qué vamos a aprender o qué va a cambiar porque no ha terminado, ni ha empezado realmente, está en sus meros inicios. Ayer Naciones Unidas dijo que se venía otra pandemia más peligrosa, el hambre. Y dijo: “Va a ser una hambruna de proporciones bíblicas”. Esa fue la expresión ayer de Naciones Unidas, dijo “proporciones bíblicas”. Va a ser descomunal. En la lista de los diez países más peligrosos para la hambruna que se viene está Venezuela, está el Congo, está Afganistán, están otros países. Si ya sufrimos lo que sufrimos con una migración tan alta, no quiero imaginarme con un país con una hambruna al lado nuestro, la catástrofe social nos tiene que afectar, además de la catástrofe interna.

La caída de un capitalismo determinado, el desplome de una cantidad de sectores sociales, todavía no ha empezado. Y el mayor problema es que, si colapsaron los servicios médicos del primer mundo, cuando la pandemia se extienda… Anoche estaba mirando cuántas camas habían en el Chocó de UCI, o cuántas tenía Florencia, en el Caquetá, y es una cosa realmente alarmante. ¿Cuántas camas de UCI puede tener la Guajira? Cuando se contagien ciertas etnias, los Wayúu, por ejemplo, toda esa gente se va a morir y van a ser catástrofes étnicas de gran envergadura. No hemos entrado todavía en la catástrofe, estamos todavía al inicio del tsunami, al comienzo del tornado, cuando esto crezca y realmente tengamos que padecer las consecuencias, va a ser brutal, va a ser muy, muy difícil.


“No podemos todavía decir qué vamos a aprender o qué va a cambiar, porque no ha terminado, está en sus meros inicios”.


En 21 lecciones para el siglo XXI, Yuval Noah Harari [historiador israelí] habla sobre la caída de los grandes relatos, y el último de estos grandes discursos que se ha venido abajo es el del capitalismo. Usted también ha sido muy crítico al respecto y, por más obvio que pueda parecer, tendría uno que preguntarse hasta llegar a las máximas consecuencias posibles por los errores de ese capitalismo, los errores que nos han llevado a este punto…

Esa es una pregunta muy compleja porque se supone que teóricamente el año 45 es el fin de la Modernidad y de sus ideales; la Modernidad es del Renacimiento en adelante, o sea desde la investigación de las leyes de la naturaleza en adelante. La investigación de las leyes de la naturaleza se supone que tenía que darnos un mundo mejor, entonces la idea del progreso va bien durante el Quattrocento o Cinquecento, ahí uno no tiene problemas.

Tú llegas hasta el siglo XVIII y perfecto, no hay ningún problema, la Revolución Industrial Inglesa de alguna manera es una confirmación de los ideales de la Modernidad, perfecto. Llegas a la Modernidad política, que es la Revolución Francesa, la Declaración de los Derechos del Hombre, equidad, justicia, fraternidad, solidaridad, etcétera, todo bien. Pero el problema empieza del XIX en adelante, en donde el capitalismo no alcanza a medir lo que miden los artistas y los filósofos, y es que detrás de la voluntad de saber hay una voluntad de poder. Es decir, hay un problema político; hay una voluntad de control, pasado a términos bélicos, significa que la investigación de las leyes de la naturaleza se va a usar finalmente para el poder y para el control. Nietzsche grita eso prácticamente a lo largo de todos sus libros, entonces uno dice, ¿cómo así? Y sí, se confirma con la Revolución de Octubre, con la Primera Guerra Mundial, no vamos hacia un mundo mejor.

La Guerra Civil Española es una microguerra mundial en el centro de Europa. Se termina la Guerra Civil en el año 39 y entra la Segunda Guerra Mundial, y entonces, ¿cómo así, si íbamos hacia un mundo mejor? Si íbamos hacia el progreso, ¿de dónde diablos van a aparecer 52 millones de cadáveres? ¿De dónde diablos van a surgir bombardeos con bombas atómicas? ¿Qué es eso?, si se supone que íbamos bien, que íbamos investigando las leyes de la naturaleza para construir un mundo mejor… ¿De dónde canastos vamos a terminar ahora metidos en un campo de exterminio en el país más culto de Europa? En el país más sofisticado, donde estaban las mejores universidades y las más antiguas, que era Alemania, ¿de dónde ahora fábricas de la muerte que gaseaban gente?, Campos de exterminio donde había crematorios, ¿qué es eso? ¿Cómo diablos construimos eso en la mitad de los ideales de la Modernidad?

Algo está claro, del año 45, desde el lanzamiento de las dos bombas atómicas, y desde la construcción de los campos de exterminio en Alemania, nosotros estamos extraviados, nosotros estamos perdidos. Tú te puedes parar en la mitad de un consejo de Naciones Unidas y preguntarles a todos: “Bueno, ¿para dónde vamos? ¿Cuáles son los derroteros? ¿Cuál es el proyecto que ustedes tienen de civilización?”. Y esos tipos no sabrían responderte absolutamente nada, ellos no tienen ni idea para dónde vamos.

Lo que ha sucedido es que ha habido un capitalismo que se ha improvisado de una manera avara, narcisista, patológica y enfermiza. Chomsky dice que ese capitalismo salvaje, vuelve y gira, vuelve y tuerce en la crisis del 2008-2009, y él habla del capitalismo salvaje al capitalismo depredador. ¿Qué es el capitalismo depredador? No solamente es esto que estamos viendo de llegar a la naturaleza y masacrarla, comernos todos los animales, contaminar más, abrir el hueco de la capa de ozono. No es solo eso que hemos hecho de una manera desenfrenada y sin control, sino que las grandes corporaciones no quedaron satisfechas con todo el dinero que ya habían hecho, y entonces atracaron el erario, los dineros públicos.

Ustedes recordarán la transición de Bush hijo a Obama, en ese tránsito terrible le entregaron 850 mil millones de dólares, por ejemplo, a la General Motors para que no cerrara. De la misma manera, le dieron primero a los bancos. El único país que metió a los banqueros en la cárcel fue Islandia, pero el resto de países salvaron la banca, salvaron las grandes corporaciones. ¿De dónde? De los dineros del erario, es decir, de nuestros dineros, del dinero de los contribuyentes. No había plata para las madres cabezas de familia, no había para la universidad pública, ¿pero sí había dinero para la General Motors? ¿Qué es eso? ¿Cómo diablos podía uno congeniar esas cosas?

Lo que va sucediendo también es que nosotros nos vamos acercando a unas distopías que tienen un símil con las sociedades de control que idearon los escritores de ciencia ficción. Por ejemplo, Farenheit 451 de Bradbury; ahí se habla de la gran catástrofe, se habla de un control a tal punto que queman libros, tienen unos bomberos que van controlando los imaginarios, qué se puede saber, qué no se puede saber. Por ejemplo, 1984 de George Orwell, son distopías construidas sobre el control. Ligado al texto de Yuval Noah Harari, Byung-Chul Han [filósofo coreano-alemán] dijo algo fantástico, algo maravilloso, dijo que curiosamente las sociedades de mayor control digital estaban controlando mejor toda la pandemia que las democracias modernas occidentales. China, por ejemplo, tiene un control. Corea tiene un control absoluto y ya se cayó una democracia occidental por el coronavirus, Hungria ya entró en una fase de derecha extrema. Lo que está en juego finalmente, detrás de la pandemia, es la crisis de las democracias occidentales. Pero lo que yo te decía: estamos empezando. Vamos a ver qué sucede después de las hambrunas, qué pasa después de la crisis del sector financiero, cómo diablos se va a poder construir un tejido social durante las nuevas situaciones. Va a ser muy difícil.

Harari habla también de la forma en que la tecnología, la inteligencia artificial, la ingeniería industrial, y todas esas cosas, empezaron a andar más rápido que la política y el progreso social; estos tipos por acá se inventan algo, pero tardamos  décadas en poderlo legislar, y nos vamos hacia el abismo llevando en las manos unas herramientas que no sabemos manejar…

Claro, por ejemplo Corea del Sur tiene un control digital sobre los ciudadanos absoluto; tiene control de quién está contaminado, te mandan un mensaje de texto diciéndote que hay una persona en un radio de acción cuya temperatura está un poco alta y cuyos índices en los días anteriores podría indicar que está contaminado, ellos mismos se van comunicando: “No te acerques a esta zona, hay una persona contaminada en el apartamento del edificio del frente”, etcétera. Eso permitió un control bastante eficiente sobre la pandemia, las democracias occidentales sabían de la pandemia hace rato, pero como tú muy bien lo acabas de decir, había una desconexión entre los científicos que anunciaban las cosas y los políticos, que eran completamente incapaces. ¿Por qué? Porque todos ellos calcularon que eso no les tocaba, eso le iba a tocar seguramente a otro que venía después; “¿Para qué voy a invertir en ventiladores o en camas de UCI si ese dinero lo puedo usar para algo más? Que lo solucione el que llegue, cuando le toque”. Estamos viendo las consecuencias de esa falta de prevención, de unión entre las investigaciones y los intelectuales, los filósofos y los científicos, y las estructuras políticas.

PROLÍFICO Y VISIONARIO: Como parte de su extensa producción, Mendoza ha publicado una saga de novelas juveniles que ya lleva diez entregas, El mensajero de Agartha, además de la novela gráfica de Satanás y dos cómics de El último día sobre la Tierra. Cortesía Editorial Planeta

¿En qué momento surge en usted el interés por estos temas relacionados con el milenarismo, las distopías y lo apocalíptico?

Cuando estaba en el primer mundo, en Europa, y cuando estuve de profesor en Virginia en los 90 en Estados Unidos, siempre tuve la idea de que todo estaba mal entendido; la ciudad arquetipo en el siglo XIX era París, todas las ciudades querían ser como París, la ciudad arquetipo en el siglo XX es Nueva York, que es la ciudad “patchwork”, la concha de retazos, todas las ciudades de alguna manera están condensadas en Nueva York. Está Little Italy, está Chinatown, cuando uno sale de Harlem pasa por Bronx, y entra en Queens, que es el barrio latino. Nueva York es como una colcha de retazos de todas las ciudades del mundo y por eso fue la capital mundial.

Pero finalizando el siglo XX algunos sociólogos empezaron a darse cuenta, y yo estaba muy pegado sobre todo a los filósofos franceses, estaba muy ligado a Deleuze, a Guattari, a Michel Serres, a Paul Virilio, que por cierto era arquitecto, yo estaba muy cerca de ellos, y empecé a darme cuenta de que ellos entendían que ese arquetipo había cambiado.

Cuando empieza la entropía en un sistema sobresaturado, un sistema cerrado, que es el planeta, no hay cómo ampliarlo; si yo sobresaturo un sistema cerrado, un panal o un hormiguero, lo que terminas creando al interior es un caos desenfrenado, y eso tarde o temprano tiene que colapsar. Nosotros estamos haciendo exactamente lo mismo, estamos sobresaturando un sistema cerrado. Entonces la ley de la entropía, en la segunda ley de la termodinámica, se multiplica. En los sistemas aislados, si hay una presión de la sobresaturación, la entropía aumenta vertiginosamente, entonces ellos empiezan a decir que ya el arquetipo no puede ser París, el arquetipo no puede ser tampoco Nueva York, el arquetipo es la ciudad del tercer mundo, Río de Janeiro con sus enormes favelas, Rocinha, etcétera…

Claro, pero todo el mundo soñaba con que su ciudad fuera como París o Nueva York, pero nadie ha soñado con que su ciudad sea como Bogotá o Río de Janeiro…

Exacto, para allá iba. Todo el mundo tenía el sueño de ir a Paris, incluso nuestros intelectuales latinoamericanos. En mi propia generación seguía haciendo el periplo obligado; si uno quería ser escritor, intelectual, etcétera. y no conocía París, estaba jodido. O si no conocía Nueva York o Barcelona, entonces estaba frito. Muchos tercermundistas tenían la añoranza, la nostalgia de esos arquetipos del primer mundo. Yo no, a mí me pasaba una vaina rarísima, yo no tenía eso.

Al día de hoy -tengo 56 años- yo conozco el sur de Francia, pero yo no he ido a París nunca, jamás en mi vida. Estoy traducido, tenía que ir hace dos años y por unos conflictos familiares me tocó decirles a mis editoras que lamentablemente no podía ir, y al final no llegué nunca porque ya no sé si puedo ir ahora, después de todo lo que está sucediendo. Entonces, esa nostalgia yo nunca la tuve, nunca tuve esa añoranza. Todo lo contrario, yo iba entendiendo que los pensadores y los filósofos y los sociólogos estaban en lo cierto, el arquetipo era Bangkok; si tú querías ser un escritor moderno, no tenías que irte ni a París ni a Barcelona, tenías que irte a Bangkok, tenías que irte al Congo, y escribir desde Kinshasa, y eso sí era ser verdaderamente moderno.

Para mí regresar al tercer mundo era un privilegio porque el esquema es entrópico, y si el esquema es entrópico, nosotros somos la vanguardia. París va atrás. Bogotá nunca va a ser como París si respetamos las normas, las reglas, limpiamos el río Bogotá, entonces algún día todos vamos a caminar y vamos a ser civilizados, no, eso no funciona así. El esquema es entrópico porque el sistema está sobresaturado. Entonces, ¿qué significa? Que París se va a parecer cada vez más a Bogotá. Hace seis años quemaron seis mil autos en las afueras de París todos los inmigrantes y ya estás empezando a ver a todos los africanos y a los asiáticos y a los suramericanos durmiendo en la calle, debajo de los puentes, ¿qué está pasando? Que se está cumpliendo lo que los pensadores decían, el sistema es la entropía.

Entonces escribir desde Bogotá era un privilegio, no estar ni en París, ni en Nueva York. Y cuando yo lo dije hace 20 años, sonaba como un completo disparate. Eso ocasionó discusiones interminables con todos mis colegas, discusiones que incluso nos costaron muchas veces el dialogo por la furia y la ira que les daba a muchos de ellos lo que yo proponía. Pero se cumplió, era cierto, era solo investigar, leer, estar al tanto, y se cumplió: el esquema es entrópico.

Lo que está sucediendo es que para nosotros crear desde acá es un privilegio. Y por eso, unirme con Keco [el arquitecto Hernando Olano] fue lo mejor que me pudo haber sucedido, porque yo había visto El taxista llama dos veces, yo había visto la ciudad que él había construido ahí, luego hicimos Satanás, y él hizo una ciudad gótica perfecta. Pero luego nos reunimos y dijimos: “Hagamos literatura de anticipación, quitémonos el referente inmediato y anticipémonos a lo que va a venir”, creo que es mucho más interesante a nivel creativo. Keco empezó a construir esa ciudad alucinante, donde todos los subterráneos son complejísimos a nivel de alta tecnología y los grupos de resistencia se van reuniendo en las cloacas para crear una emancipación y una revolución social.

Entonces, lo que tú preguntabas ahora, ¿crearemos igual después de esto? Yo creo que no, pero nosotros no tenemos que preguntarnos eso, porque nosotros vamos en una línea que nos parece cada vez más actual y más precisa. Nosotros dimos en el blanco, no vamos a tener que cambiar nuestro proceso creador, pero yo creo que a mucha gente sí le va a tocar.


“No digo que estemos celebrando lo que está sucediendo, ni mucho menos, pero creativamente es un experimento muy interesante”.


Lo que está pasando confirma por un lado que ustedes iban por buen camino, pero por otro lado les complica un montón el trabajo porque les dice que ahora tienen que mirar aún más allá. Esto de lo que estaban hablando ya es hoy. ¿Ahora de qué me van a hablar? Teniendo en cuenta que lo único que nos queda es la especulación, porque estamos inmersos en la mayor incertidumbre que nos ha tocado vivir…

Es que nosotros tenemos dos proyectos distintos; uno es el de los cómics, en ese la realidad ya nos alcanzó, ya llegó. En El último día sobre la tierra vamos casi en tiempo real. Entonces, ahí ya vamos a ser sobrepasados por la realidad, como que nos vamos a quedar. Pero, nosotros tenemos dos guiones hacia adelante de la trilogía, en donde el caos va en aumento. Nosotros hemos estudiado el evento Carrington [tormenta solar ocurrida en 1859, probablemente la más potente de la historia], por ejemplo. Hemos estudiado una cantidad de situaciones que se supone están por venir, y esos guiones, creo que todavía siguen en la anticipación.

Ahora, es tan vertiginoso el proceso contemporáneo, es tan rápido, se acelera tanto, que no sabemos si también nos desborde los dos guiones que vienen. Si nos desbordan los dos guiones vamos a quedar atrapados otra vez, pero también es fascinante… Creo que a pocos artistas les ha pasado lo que nos está pasando a nosotros, que intenten hacer literatura de ciencia ficción y los coja la realidad y los deje casi convertidos en personajes de sus propios textos. Yo creo que eso no le ha sucedido a nadie. En medio de todo es un privilegio que nos esté pasando esto; para nosotros no deja de ser fascinante en medio del caos y con todo el dolor del mundo, por supuesto. No digo que estemos celebrando lo que está sucediendo, ni mucho menos, pero creativamente es un experimento muy interesante.