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Armarse una Biblioteca Feminista: la propuesta de Florencia Abbate

Hablamos con la escritora Florencia Abbate sobre Biblioteca Feminista, un libro que nos muestra el deseo feminista de cambiar el mundo
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GETTY IMAGES

Novelista, ensayista y poeta, Florencia Abbate es una escritora que desde el sur del continente observa y describe los tiempos en donde el feminismo vibra con fuerza. Para crear su libro Biblioteca Feminista decidió poner en evidencia lo que notó cuando quiso describir el feminismo a otras personas: todo parece nuevo pero esto lleva mucho tiempo. 

El libro, que además de contarnos de una manera entretenida la vida apasionante de algunas pensadoras feministas y el contexto de sus luchas, recupera también temas que nos interpelan hoy en día para hacer memoria, para ver qué se debatió de esto en el pasado. Temas como la monogamia, la maternidad, el aborto o el racismo. Florencia se dedica a hablar de las ideas, pero también de los silencios de una corriente del pensamiento que se remonta a varios siglos. 

Como ella misma lo dice, Biblioteca Feminista no es solamente para activistas, sino que también intenta ser útil para personas que no se consideran feministas, que de pronto no saben nada del tema y quieren entenderlo…

¿Cómo fue el proceso para hacer la selección de autoras?

Para mí fue importante salir de la visión individualista, porque las transformaciones culturales y políticas que tienen que ver con los derechos de las mujeres siempre se han dado a través de procesos colectivos. En ese sentido, si bien yo caracterizo a las autoras como pioneras porque fueron líderes de esos movimientos y escribieron libros importantes que quedaron de alguna manera en la historia del feminismo, para mí era indispensable reconstruir un poco el contexto en el que estas mujeres intervinieron, y también, en el caso de las que formaban parte de movimientos, reconstruir esos movimientos colectivos. 

De grandes masas se lograron grandes conquistas como la licencia de maternidad, producto de esas luchas. Me interesaba mostrar que era todo un movimiento el que estaba cuestionando ciertas cosas, en el caso de las afroestadounidenses, cuestionando una mirada muy sesgada que tenía el feminismo hegemónico de esa época; un feminismo fuertemente blanco y de clase media que no incorporaba en su agenda problemáticas que tenían las mujeres racializadas de la clase trabajadora. 


Me interesaba reconstruir los debates de estos movimientos y los contextos en los que el feminismo estuvo en su momento de efervescencia. Momentos donde el discurso de los derechos de las mujeres como sujeto colectivo tenía una gran visibilidad en la sociedad.

También hablas de la contracara de los momentos de efervescencia feminista, los momentos del silencio, ¿cómo funciona esto?

Es muy notorio esto del silencio entre momentos álgidos. Por ejemplo, a partir de la Primera Guerra Mundial se da un proceso muy fuerte de ascenso de los discursos feministas debido a que el mercado laboral necesitó que las mujeres se incorporaran y empezaran a trabajar y dejaran de ser amas de casa. Esto tuvo como consecuencia también la independencia económica de muchas mujeres, y la independencia económica es muy importante a los fines de la causa feminista, lo seguimos viendo hasta el día de hoy. Como por ejemplo en las situaciones que tenemos en América Latina de violencia doméstica, donde muchas veces las mujeres no pueden abandonar los hogares en los que son víctimas de un hombre maltratador porque no tienen independencia económica. 

Es en ese momento, en esa conquista de independencia económica, cuando se les abre la mente a las mujeres sobre todas sus posibilidades. Los años 20 fueron a nivel mundial años de muchos cambios. También se abren espacios que antes les estaban, las mujeres se involucraron en causas políticas como el sufragio.

Luego es como si se hubiera desinflado un poco el movimiento, a partir de que se conquistó ese derecho al sufragio el movimiento a nivel mundial tuvo un repliegue que coincidió con el ascenso de los movimientos más conservadores, el nazismo, el fascismo, la guerra civil española…

Los años 40 fueron años de discursos muy neoconservadores en donde se les mandaba a las mujeres a volver a su casa y a dedicarse fuertemente a la maternidad. Sabemos que la guerra ocasionó pérdidas de vidas, entonces los Estados tuvieron políticas de fomento de la reproducción. Como Stalin que le daba condecoraciones a las mujeres que tuvieran más de 10 hijos. Esas políticas generaron un repliegue en el hogar y en los años 50 de hecho se agravó, en EEUU por ejemplo, con el surgimiento de los electrodomésticos y la publicidad enseñando a las mujeres a ser buenas esposas mostrándoles lo felices que podían ser teniendo una aspiradora, una lavadora para que aprovecharan el tiempo de esa nueva tecnología y arreglarse, ponerse lindas para cuando volviera su marido. 

Este tipo de familia más patriarcal donde el hombre es el proveedor en los años 50 fue muy fuerte y fue contra ello que accionaron las activistas de los años 60 y 70, que eran las hijas de estas familias patriarcales, conservadoras. Ellas cuestionaron ese modelo por ser opresivo para las mujeres. Detrás de la imagen de las amas de casa felices había depresiones también, toda esa imagen escondía una realidad que era bastante reductiva de las posibilidades de vida de las mujeres y que no traía la felicidad que decía traer. 

Cortesía de la autora / Planeta

A raíz de estos silencios puede existir una invisibilización de estas ideas y luchas en las generaciones de más adelante, ¿cómo no caer en esto? 

El objetivo del libro es recuperar la historia de las luchas feministas para poder reconocernos en esa historia de lucha. Cada vez que hay una nueva eclosión feminista parece que se estuviera inventando todo de cero, inclusive en ese sentido el periodismo a veces contribuye a deshistorizar, porque el tema del periodismo es el presente, la actualidad, obviamente no se trata de hacer historia, entonces lo que vende es presentar las cosas como nuevas. También, muchas generaciones de pronto no conocieron en carne propia esos periodos, desconocen esas cosas que ya se debatieron. 

Por ejemplo, en Argentina, muchas adolescentes hablan del poliamor y salen notas en la revista como LA novedad, y yo muestro en el libro que desde 1915-20 con militantes como Emma Goldman (una anarcofeminista), impulsaban el poliamor, lo mismo Alexandra Kollontai, que hablaba de terminar con la monogamia, porque para ellas justamente la monogamia respondía a esa estructura de familia patriarcal, donde la mujer pertenecía al hombre como un objeto. Es interesante ver que estas cosas no son nuevas, sino que hay temas que son recurrentes en la historia, como la cuestión la maternidad y todas sus repercusiones.

Es interesante ir a ver qué se dijo en otras épocas cuando se discutió, ir a esos contextos para ver que se argumentó, porque de lo contrario parece que los debates empiezan todos de cero. El libro intenta ir recuperando temas que nos interpelan en el presente para ver qué se dijo de esos temas en el pasado. 

¿Cómo te sentiste en este ejercicio de traducción de conceptos teóricos más propios de la academia a un libro de divulgación?

Yo soy escritora de ficción también, tengo publicadas novelas, libros de cuentos y poesía, durante mucho tiempo trabajé en periodismo cultural y luego me enfoqué más en lo académico para encontrar un trabajo más estable que el periodismo. Pero conservo del mismo, esa voluntad y ese deseo de establecer un diálogo con un público más amplio, me parece que este conocimiento no debe quedar encerrado dentro de un círculo elitista, académico, sino que es necesario democratizar este conocimiento y que toda esta información pueda llegar a la sociedad de una manera accesible, porque como te decía, de lo que se trata es de darle cierto espesor histórico a este movimiento cultural y político que es el feminismo. 

Yo participé del grupo fundador del movimiento Ni una menos aquí en Argentina en el 2015-16 y después participé de otros colectivos de escritoras que hacíamos activismo, y ahí también percibí que hacía falta algún libro que intentara ese conocimiento que circulaba en seminarios especializados sobre feminismo dentro de la universidad, que intentara sacarlo de ahí y llevarlo a todas estas nuevas generaciones de activistas que se sintieron interpeladas por esta causa y a sus mamás también muchas veces… 


“El periodismo a veces contribuye a deshistorizar, porque el tema del periodismo es el presente, la actualidad. No se trata de hacer historia, entonces lo que vende es presentar las cosas como nuevas”.


Aproveché que al ser escritora de ficción, me gusta narrar, y en el libro quise contar las vidas de estas autoras, lo que les pasó, porque muchas de ellas tienen vidas apasionantes y creo que eso es algo del libro que se disfruta, que es interesante. 

Para mí el desafío era cómo construir un relato divertido, como la historia de unas feministas de los 70 se tomaron una de esas revistas femeninas, frívolas. Me parecía divertido narrar hechos que también son momentos del activismo y de una manera bastante literaria.  

Después ya cuando abordo filósofas como Judith Butler o Simone de Beauvoir, la narración se pone un poco más pedagógica en el sentido de tratar de transmitir un concepto, y ahí no es tanto narrar sino tratar de explicar bien el concepto para que se entienda lo que esa filósofa quiso plantear. 


“Pienso que cuando una teoría es buena la tiene que poder entender cualquiera”.


Seleccioné las autoras que fueron leídas o que fueron influyentes en varios periodos de tiempo en Argentina. Las autoras las elegí porque dialogan con nuestra propia tradición. En el feminismo tampoco hay que pensar que hay tradiciones separadas, los libros viajan, son patrimonio de la humanidad e influyen en distintos países, en países latinoamericanos nos inspiramos en la ilustración europea para nuestras independencias, por ejemplo. En el feminismo hay influencias que suceden a nivel mundial en determinados contextos, y ciertas ideas circulan a nivel mundial. 

Recuperé autoras importantes para nuestra tradición y también a lo largo del libro menciono algunas argentinas que pertenecen a la misma época y que tenían discursos parecidos como forma de demostrar que no es algo que ocurre lejos, sino decir, hey aquí también se luchaba por esto. Nuestras cronologías en algunos momentos se distancian también, como en los 70, época de movimiento feminista en otros lados, pero aquí de dictadura militar. Sin embargo, en otros años, como los 20, son bastantes parecidas las cronologías. 

¿Cómo hace el feminismo, a través de estas autoras y de diferentes corrientes, una interpelación al capitalismo y cómo se ve reflejado en el hilo conductor del libro?

Prioricé de alguna manera a aquellos movimientos que cuestionaban la raíz del sistema patriarcal y todos sus rasgos asociados. Me parece que en la tradición de América Latina, que tiene creaciones propias, como los feminismos comunitarios, donde hay mujeres organizadas por la defensa del territorio, de la naturaleza, hay un paso más allá del cuestionamiento del techo de cristal, y que cuestionan algo del sistema mismo y de manera más radical. 

En ese sentido me pareció interesante recuperar esta vertiente que podríamos llamar utópica del feminismo, en el sentido en que quiere construir un mundo mejor, no quiere simplemente hacer una modificación para que podamos ser gerentas, quiere construir un mundo más igualitario, equitativo, con mayor libertad, un mundo donde los recursos naturales sean valorados, cuidados. 

Me parece muy propio de nuestros activismos latinoamericanos y también de estas autoras que tomo en el libro, que tenían una imaginación utópica. Pensaban en cómo construir un modelo de familia que resulte más equitativo, una educación más equitativa, mixta, laica, en fin. 


“Me interesa mucho ese espíritu del feminismo no violento, los movimientos de mujeres, como lo podemos ver en el libro, están en contra de las guerras”. 


Lo digo justamente porque desde los discursos que quieren estigmatizar la palabra feminista dicen feminazi o intentan asociarlo a un tipo de violencia y la verdad es que cuando uno mira la historia del feminismo no hay nada de eso, al contrario, hay mujeres que se oponen a la violencia.

Hoy mismo lo vemos en América Latina cuando hacemos las marchas contra los feminicidios; mujeres y diversidades nos movilizamos contra la violencia, lo que no queremos es que haya más crímenes de odio, que haya más violaciones.  

Las tradiciones feministas han sido muy enriquecedoras en cuanto a imaginar nuevas posibilidades de vida menos violentas y más igualitarias, donde las personas se puedan desarrollar sin tantas limitaciones.