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Asuntos internos: Rodrigo Lara y su visión del liberalismo

Hablamos con el senador sobre las bases de su pensamiento político, la inversión social y su perspectiva sobre el centro
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Cortesía

Rodrigo Lara analiza todas las bases del liberalismo, busca apostarle a la inversión social, y otorga una perspectiva sobre los horizontes del centro.

En Colombia el término “centro” es mal usado o mal entendido, e inclusive a veces pareciera que el concepto de “socialdemócrata” se usara más como una carta de comunicación. 

El centro en sí no corresponde a ninguna categoría política, es un sentido de ubicuidad. Implica estar entre dos posiciones, definirse por oposición a: “yo soy de centro porque no soy de la derecha populista y soy de centro porque no soy de la izquierda marxista”. Por eso digo que el centro en sí, como categoría política y fenómeno de racionalización de una idea filosófica y política, pues no existe. ¿Cuáles son los elementos constitutivos o esenciales de la ideología de centro? Usted observa que no hay nada en particular, incluso yo creo que el centro sigue una forma un poco perezosa de empaquetar cosas que tienen similitudes, pero que son distintas. 

A grandes rasgos, usted básicamente encuentra en el centro tendencias o ideologías de centroizquierda, tendencias o ideologías de carácter más liberal (allí se encuentra una tendencia muy profunda reformista y socialdemócrata) y unas tendencias más liberales de centro derecha. Eso es básicamente el centro, es en sí una forma de empaquetar y de agrupar cosas que se parecen pero que son distintas. Creo yo que es una forma perezosa de empaquetar cosas para evitar que hacer el esfuerzo de definirlas y precisarlas.

¿La Fundación Juntos tiene la aspiración de ser un partido político en algún momento?

Toda forma de expresión política tiene un norte que es buscar el poder. El ejercicio político no es contemplativo, no busca el conocimiento por el conocimiento, es una forma de acción. Y obviamente cuando usted empieza a hacer un desarrollo doctrinario, filosófico o ideológico de una determinada tendencia política, no es simplemente por hacer academia ni por convertirnos en un think tank ni una ONG, sino es un bus para llegar al poder. Obviamente el vehículo principal para llegar al poder es el partido político porque es una forma de organizar la participación política, de racionalizarla y llevarla a los diferentes escaños de representación popular y de poder. 

Claro que lo queremos porque yo considero que en este país estamos viviendo una crisis supremamente profunda y estructural. Una pandemia, una profundísima crisis económica logró cambiar el rumbo de la historia de los países. Y para salir de una crisis tan profunda, las naciones tienen que encontrar un propósito común, tienen que enfocarse en lo importante y lograr consensos básicos o mínimos. Si seguimos con la política de la división y de la polarización, jamás encontraremos esos puntos de unión para salir de la crisis. 

Esa es la respuesta que están ofreciendo hoy los dos extremos ideológicos. Por un lado, la izquierda marxista (que hoy no se llama a sí misma marxista sino progresista) se pone nombres distintos pero sigue siendo una izquierda con una matiz marxista, y no hay nada de malo en ello, es una expresión democrática válida, pero es una realidad que hace política dividiendo y atizando la frustración que produce un sistema social tan inequitativo e injusto como el nuestro. Y por el otro lado, tenemos a una derecha populista que hace política dividiendo, pero en este caso usando el miedo. Se sabe que el miedo es una forma de manipulación, nos aturde y nos impide ver las características de un gobierno de derecha populista que está al servicio de los tres o cuatro intereses económicos de este país. Así lo han demostrado en la pasada reforma tributaria, donde abundaron los regalos tributarios a los más ricos; lo van a demostrar en esta en donde van a financiar el déficit que causaron en la pasada reforma tributaria con impuestos indirectos a los sectores populares y a la clase media. Lo vimos por ejemplo en el paquete de ayuda del PAEF [Programa de Apoyo al Empleo Formal], que nunca llegó a las microempresas sino que llegó a las grandes. Y lo hemos visto en todas sus políticas en general.

Yo estoy convencido de que un enfoque liberal socialdemócrata es aquel que permite unir y fijar propósitos comunes, porque no hacemos política dividiendo a los colombianos y lo hacemos sobre la base de dos grandes pilares:

El primero es liberal, y eso nos hace distintos de la izquierda marxista. El pilar liberal es pleno respeto por la separación de poderes y creemos que la democracia liberal, la alternancia en el poder, es un fin en sí mismo. Es decir, el procedimiento democrático es un fin en sí mismo. La izquierda marxista no cree eso, tiene una aproximación metodológica distinta, ellos creen que el fin al que se debe llegar es la realización del socialismo y para realizarlo, usted debe sacrificar de alguna manera las formas, los procedimientos y las reglas de la democracia liberal, particularmente en lo que atañe a los derechos individuales. Todo el pensamiento liberal está construido sobre una metodología individual, nosotros creemos en el individuo, en sus garantías y en sus derechos, lo que nos hace muy distintos de la izquierda marxista. Y al mismo tiempo creemos que es en la economía del mercado en donde el individuo puede gozar y expandir esas libertades y garantías ciudadanas. Pero somos socialdemócratas y como socialdemócratas creemos que esa relación de esa sociedad de hombres libres, debe regirse por un principio de solidaridad. Ese principio de solidaridad termina irrigando todas las políticas públicas. En materia tributaria, “solidaridad” significa que sean los hombres más ricos de este país los que paguen la mayor carga tributaria y no la clase media ni los sectores populares como lo piensa la derecha populista. Ellos creen que hay que regalarle impuestos a los más ricos para que un país prospere. 

Por otro lado, creemos que hay que defender el empleo o la generación de empleo en el país. Tenemos una política de patriotismo económico en ese sentido: promover manufacturas, mano de obra y producción nacional, frente a las aperturas indiscriminadas de la derecha populista. Creemos también en una reforma agraria, una reforma rural integrada y en general creemos en reformas muy profundas como la educación pública, cosa que nos acerca a la izquierda marxista, solo que nosotros queremos hacerlo dentro del marco de la democracia liberal, y ellos en el marco de sus ideas.

Lo que me acaba de decir se lo he escuchado decir a Gustavo Petro. ¿No le parece un poco exagerado decir que el progresismo es marxista y más teniendo en cuenta que el progresismo está gobernando en muchos países en Europa?

A veces me preguntan si soy peyorativo cuando me refiero a que son corrientes políticas de corte marxista, y no lo soy de ninguna manera. Yo soy un gran admirador del marxismo como doctrina académica e ideológica. Creo que no hay una ciencia con mayor capacidad para determinar, detectar y describir los defectos e incoherencias de un sistema de mercado, pero al mismo tiempo creo que el recetario marxista, primero no se lo inventó Marx y en donde se ha aplicado ha sido generalmente un fracaso. 

Yo respeto inmensamente a Gustavo Petro, él es mi compañero de Comisión Primera. Lo conozco bien, conozco sus posturas, lo escucho cada martes y miércoles en los debates, y él tiene una matriz marxista, es absolutamente innegable. Lo que pasa es que los marxistas desde hace 40 o 50 dejaron de llamarse a sí mismos comunistas, el marxismo de convirtió en una corriente académica en los años 60, 70 y mediados de los 80, y tiene una característica, es finalístico [sic] y siempre va hacia un punto en la realización del socialismo. Usted para realizar el socialismo tiene que debilitar ciertas garantías individuales propias de la democracia liberal, o derechos como la misma propiedad. Yo no veo nada de malo ni de peyorativo, pero usted siempre va a encontrar que un marxista hace deseable el cambio, pero nunca le va a contar con detalle cómo lo va a realizar pues ya que lo diga con precisión, nadie terminaría votando por ellos. No hay nada de malo, es una realidad y yo estoy absolutamente convencido de que ellos representan una izquierda marxista. 

Hay diferencias, en Europa no hay gobiernos marxistas o de origen marxista, excepto el que hubo en Grecia después de la crisis de la deuda, que tuvo una corta duración. Los gobiernos españoles o franceses son de matriz y origen liberal, reformista o socialdemócrata, no marxistas. 

Usted ha sido un fuerte crítico del estado de la vacunación en Colombia, ¿cuál cree que es la razón principal para que un gobierno como el nuestro, que es líder en varios aspectos económicos en la región, pueda llegar a este nivel de desatención?

Ahí hay una mezcla de ineptitud con imprevisión y es un poco un talante de darwinismo social el que uno observa en el Gobierno, muy propio de la derecha populista: que se salve el fuerte, el rico, el más apto y capaz de sobrevivir a un medio hostil; no vale la pena ayudarle al débil ni a la microempresa, ayudémosle al fuerte, al que puede sobrevivir en el tiempo. En el fondo es eso, es un concepto de la sociedad basada en un darwinismo social muy propio de la derecha populista que nos gobierna hoy. 

Ellos creen que la forma más eficaz de distribución de las vacunas va a ser la adquisición por parte de los ciudadanos. Ellos creen que cada quien debe responsabilizarse de su situación. Después de este primer envío vendrá la venta al detal de estas vacunas, lo cual le permitirá a los más ricos o a las clases medias más pudientes acceder a esa vacuna. Y ya para los sectores populares será un largo y dispendioso proceso de importación de vacunas que va a tomar más de un año. Eso va a tener efectos desastrosos porque las variantes se multiplican cuando empiezan los procesos de vacunación, es la resistencia a la vacuna lo que genera la mutación del virus y se expande donde no haya población vacunada. Son apuestas muy insensibles pero sobre todo, muy riesgosas las que está haciendo el Gobierno.

Y por último, yo creo que compraron tarde simplemente por ineptitud e inexperiencia. Pensaron que podían apoyarse exclusivamente en el sistema COVAX, COVAX siendo el tercer vagón [sic]. Y bueno, hoy somos de los últimos países de América Latina (por lo menos el último país grande) que inicia el proceso de vacunación incluso por detrás de Venezuela, Bolivia o Ecuador. Solo nos queda esperar que por lo menos logren vacunar correctamente.

¿Qué acuerdos programáticos podríamos esperar de camino a las siguientes elecciones teniendo en cuenta que en el pasado diversas fuerzas políticas, y especialmente las liberales, se han aliado con la extrema derecha?

Aquí hay cuatro grandes polos ideológicos: hay una izquierda de corte marxista muy fuerte, con un candidato muy inteligente que es Gustavo Petro; hay una centro-izquierda que es básicamente el Partido Verde, que tiene una causa menos poderosa que la de Petro porque es la suma de muchas causas pequeñas, sobre todo de corte individual, de garantías y derechos individuales; hay un polo ideológico de corte liberal pero socialdemócrata, que es el que nosotros estamos en el proceso de construcción; y está la derecha populista que absorbió al Partido Conservador tradicional.

Yo veo ciertamente a Gustavo Petro en segunda vuelta, no me cabe ninguna duda, y veo que va a absorber un sector muy grande de la centroizquierda del Partido Verde. Ya estamos en febrero, usted ya ve las rupturas que son visibles y va a terminar absorbiendo a un sector muy grande. Nosotros estamos haciendo esta apuesta por la construcción de este proceso reformista liberal socialdemócrata, yo creo que Colombia necesita políticas de este talante con ese propósito común y creo que esta es la única garantía para derrotar y evitar el paso a segunda vuelta de la derecha populista. El Gobierno de Iván Duque, está haciendo un esfuerzo denodado por raspar la olla [sic], recoger los últimos recursos que le quedan de este presupuesto tan deficitario e inyectarlo a los grupos políticos tradicionales, particularmente de la Costa Caribe, y armar una fórmula vicepresidencial para quien vaya a ser el candidato del Centro Democrático. La única alternativa real y cierta es que una expresión liberal, filosóficamente respecto a las garantías y las libertades individuales pero al mismo tiempo muy reformista como la nuestra, pueda sacar de la segunda vuelta al Centro Democrático. Al centro verde ya se lo comió Gustavo Petro.

Varios partidos hablan de que se necesita un cambio social inmediato en el siguiente gobierno pero, ¿qué tan factible es lograrlo manteniendo un sistema económico neoliberal?

El problema del sistema económico actual es que se ha manejado con dogmatismos. Las economías del mercado sobreviven, se adaptan y ofrecen garantías cuando logran atenuar los aspectos más desiguales e insensibles de una economía de mercado. Una economía de mercado es viable cuando el Estado es capaz de proteger al ciudadano frente a las inclemencias más absolutas de un mercado, es decir, a través de una política social que le permita romper los círculos de pobreza y no solamente ser una política social de mínimos, que es lo que concibe la derecha populista. 

Para enfrentar el desempleo y esta pandemia tan profunda, al Gobierno se le ocurrió que una familia colombiana podía vivir con 160 mil pesos y llegaron a una franja muy pequeña de la población. Usted puede realmente enfrentar la desigualdad e inequidad de una economía de mercado cuando regula a sectores muy poderosos que convierten al Estado en una renta, como está haciendo hoy el sector financiero que se convirtió en el fin en sí mismo de la economía colombiana. Usted logra equilibrar una economía de mercado cuando usted hace una reforma rural integral, si usted logra ordenar la tenencia y la posesión de los baldíos que son tierra pública, le da acceso a los pequeños campesinos a la tierra y los sustrae de las economías ilegales que se encuentren por fuera de la economía de la frontera agrícola del país, que son los cultivadores de coca. Usted logra atenuar y encausar una economía de mercado cuando logra equilibrar muy bien la globalización, de tal manera que el Estado pueda proteger sectores estratégicos de la industria nacional y promover la manufactura colombiana como hace cualquier país inteligente del mundo, que es esta combinación entre libre mercado y mercantilismo, cuando se trata de defender sus intereses estratégicos o principales de su economía y generar empleo. Así es que el Estado colombiano es de una precariedad y ha obrado con un dogmatismo de mercado e ideológico tal, que ha desprotegido a muy amplios sectores de la economía nacional, no ha sabido promoverlos y por consiguiente no ha promovido el empleo nacional. No ha actuado con patriotismo económico.

Ese neoliberalismo no es una fatalidad y no creo que la dualidad sea neoliberalismo o marxismo económico, yo creo que hay socialdemocracia. Si usted observa la prosperidad de naciones como las del noreste asiático o Europa occidental después de la Segunda Guerra Mundial, toda esa prosperidad se vio alrededor de políticas socialdemócratas.

¿Cómo ve que hayamos basado gran parte de nuestra economía en el extractivismo y hacia dónde debe ir nuestra economía pensando en energías renovables?

El extractivismo es el resultado de un super ciclo de commodities que duró 15 años, que se rompió hace aproximadamente tres años y que nos permitió obtener unas tasas de crecimiento interesantes, con gasto público que nos permitió luchar contra la pobreza absoluta y aumentar la expansión de la clase media. Ese modelo hoy en día está en crisis, de ahí la imperiosa necesidad de adoptar reformas económicas muy profundas que sean una mezcla virtuosa entre esta intervención y protección del Estado, y la apertura económica y participación en la globalización económica. Nosotros no podemos seguir repitiendo el mismo guion económico de los últimos gobiernos de derecha populista, que poco se meten a la hora de proteger y fomentar a sectores estratégicos del país. Solo a través de la promoción de la manufactura e industria, nosotros vamos a lograr ofrecerle empleo digno al 60% de la población que está en la informalidad y eso está demostrado. La única forma de ofrecer empleo digno y masivamente, es a través de la manufactura. Por eso esas políticas de Estados Unidos y Europa Occidental de los últimos cinco o seis años, de reindustrialización de sus economías. 

Aquí el dogmatismo de algunos académicos y exministros neoliberales, ha impedido que eso se pueda plantear. Creo que tenemos un rubro de exportador extraordinariamente interesante en el agro. El caso de Brasil es muy interesante, ¿cómo a partir de los años 70 transformaron regiones enteras de muy baja productividad agrícola, en la despensa del mundo? Y hoy compite y es mucho más productivo que economías fuertemente agroindustriales como Estados Unidos o Europa occidental. Pero eso necesita de un Estado que haga las cosas, que promueva y no sea pasivo ni que simplemente se dedique a promover economías extractivistas que ya hoy en día no pueden jalar el crecimiento de nuestra economía.

¿Cómo ve que parte del liberalismo y del centro impulsen a un académico de poca experiencia política como Alejandro Gaviria para que sea candidato?

Un proyecto de naturaleza ideológica y filosófica como este no puede arrancar anclado a un solo candidato. Alejandro Gaviria es un hombre interesante, un exministro de Estado, un rector de una de las mejores universidades del país, y cree en esta doctrina liberal y al mismo tiempo es un hombre reformista. Él hace parte de esta expresión ideológica, de eso no me cabe duda y él así lo ha manifestado, pero hay que respetarle sus tiempos, es rector de la Universidad de los Andes, no puede mezclar eso con política. Pero yo creo que haría parte de un abanico de nombres que podrían llevar las banderas de esta ideología.

De las tres fuerzas políticas resultantes, ¿con cuál se identifica más ideológicamente?

Yo tengo una identificación ideológica muy clara con esta que estoy defendiendo. Ahora bien, yo rescato de la izquierda marxista o de mi compañero de Comisión Primera Gustavo Petro, su preocupación y sensibilidad por los más desfavorecidos de esta sociedad, esa es su esencia y sería negar coincidencias en ese ámbito. En materia de política de seguridad y de lucha contra las expresiones armadas derivadas con el narcotráfico, tengo un discurso que podría parecerse de cierta forma al discurso del Centro Democrático, solo que este Gobierno ha sido un verdadero fracaso en materia de seguridad. Yo creo que frente a ese tipo de expresiones armadas ligadas al narcotráfico, la presencia de los carteles mexicanos en el Pacífico del país, el resurgimiento de las disidencias en toda la zona del Ariari y del Yarí, aquí no puede haber contemplación porque son males que cuando crecen, después son muy difíciles de enfrentar, hay que acabarlos de raíz. En eso rescato ciertas posiciones de ellos, pero el núcleo esencial de mi ideología es esa matriz liberal con ese profundo reformismo basado o inspirado en la solidaridad.

Como liberal, ¿estaría de acuerdo con la legalización?

La legalización es algo inexorable, es algo que va a terminar dándose. Es un proceso que ya arrancó con la marihuana y lo que hemos visto en Estados Unidos es un surgimiento inmediato de una industria global y multimillonaria de la marihuana. Terminará llegando de alguna manera con la coca y la cocaína.

Por supuesto que estoy de acuerdo porque para mí, la lucha contra el narcotráfico más allá de un asunto moral, es un asunto de lucha contra el crimen. La preocupación de la lucha contra el narcotráfico es que hoy es algo prohibido, es prohibido en Estados Unidos, no lo vamos a cambiar nosotros con una decisión del Gobierno Colombiano, y en el entretanto se están creando grupos criminales que asesinan campesinos, que masacran civiles y que están haciéndole daño a muchos colombianos. El asesinato de civiles inermes por parte de grupos narcotraficantes, consiste básicamente en la presencia de grupos armados al margen de la ley, que suplen u ocupan un vacío del Estado y que para afianzar su autoridad, que es ilegítima, lo hacen mediante el terror y la masacre de civiles inermes. Eso no se puede permitir desde el mismo punto de vista. Entonces algún día llegaremos a la legalización pero en el entretanto, hay que proteger la vida de muchos colombianos desamparados en esas zonas.

¿Cuál es el legado de su padre para su vida política?

Es un legado muy profundo, personal, emotivo, emocional muy grande porque es mi padre y murió cuando yo era muy niño, lo vi muerto y lo llevé. Vi todo lo que le tocó vivir y sufrir por defenderse pero, sobre todo, por defender al país y sus ideas. Pero es un legado muy íntimo, yo no acostumbro mucho a mencionarlo ni menos a usarlo en mi ejercicio político así muchos asesores de campaña me lo recomienden. Yo tengo mucho pudor respecto a ese asunto, pero obviamente en mi fuero interior es algo muy fuerte e inspirador.