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Asuntos internos: Roy Barreras en la búsqueda de un centro social demócrata

El senador hace un análisis político y habla sobre el acuerdo de paz, una nueva coalición de centro y el futuro del país
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Cortesía

En medio de una de las peores administraciones en la historia reciente, Roy Barreras hace un análisis político e insiste en una alianza de centro para vencer a la extrema derecha y el autoritarismo. Mientras tanto, los líderes del centro escogen a dedo quien entra en, lo que ellos llaman, la alianza alternativa.

El expresidente Santos aseguró varias veces que el proceso de paz estaba blindado, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que sí podía ser saboteado, ¿qué pasó?

La verdad es que hemos tenido un par de desagradables sorpresas en el marco de un proceso de paz que ha sido aplaudido por el mundo. La primera, sin duda, fue la derrota en las urnas de la paz, después de una gran campaña de mentiras, desprestigio y engaños; ese fue un golpe grande para la paz. Y la segunda, por supuesto, fue que el gobierno que construyó este proceso de paz perdió el poder. Sin embargo, no han podido destruir el proceso de paz, en primer lugar porque está muy claro que el acuerdo de paz hace parte de la constitución, y por supuesto tiene unos derivados constitucionales legales que le hacen su blindaje. Pero probablemente el blindaje más importante del proceso es el respaldo internacional. El consejo de seguridad de las Naciones Unidas, por primera vez en su historia por unanimidad, todos los planteamientos y peticiones que les hemos hecho para respaldar el acuerdo han sido aprobadas. Lo mismo lo ha hecho la Corte Penal Internacional, con los planteamientos a propósito de la JEP, y en general la Unión Europea y la comunidad internacional ha mostrado que el proceso de paz de Colombia y su modelo de justicia transicional es un ejemplo para el mundo. La paz va a sobrevivir a este gobierno de Duque, que le queda año y medio, y será trabajo del próximo gobierno reconstruir la implementación del acuerdo, porque la mayoría de los temas están congelados.

Se podría decir entonces que esa implementación depende mucho del gobierno de turno.

La implementación sí, la vigencia del acuerdo no. Por supuesto, cuando hay un gobierno como este, que claramente se declaró hostil a la paz, que además necesita destruir la paz porque la lógica de su poder es la dialéctica del amigo – enemigo, que ellos ejecutan desde la filosofía de Carl Schmitt, el ideólogo del fascismo alemán. Por esta razón, este Gobierno niega la solución dialogada a los conflictos, niega el conflicto y niega a las víctimas del conflicto. Todavía estoy esperando que sean aprobadas las 16 curules para las víctimas del conflicto, para poner un ejemplo. Esa dialéctica del amigo-enemigo ha hecho además que el gobierno de Uribe y Duque vayan hacia una deriva autoritaria en la que todo aquel que piensa distinto cabe en esa categoría de enemigo, el campesino, el estudiante es estigmatizado, la minga indígena se considera infiltrada, las marchas en la calle se consideran vandalismo, han llegado al punto de dispararle a la gente desarmada, y de producir una masacre como la de Bogotá y otras más. De manera que estamos ante un régimen autoritario, que no solo no respeta la vida del contradictor porque lo considera su enemigo.

Hay una narrativa que se llama “las guerras de quinta generación”, y puedo decirle hoy a ROLLING STONE que en las escuelas de formación de guerra de este gobierno, se está instruyendo a policiales y militares en la tésis de la guerra de quinta generación, según la cual es una guerra en la que el “combatiente” no tiene armas convencionales, sino que sus armas son el computador, el internet y su opinión, así lo enseñan de manera que desestabilizan el sistema y al considerarlos combatientes les pueden disparar, eso está en el fondo ideológico del asesinato de los líderes sociales. Un gobierno de esa naturaleza, hostil a la paz, que necesita la guerra para justificar su poder, por supuesto no implementa la paz, pero como el acuerdo tiene tanto respaldo internacional, miente hacia afuera, dice implementarlo y no se atreve a negarlo en otras fronteras, pero en la práctica lo que vemos es la matanza de líderes sociales y el congelamiento de los programas de implementación de los acuerdos, incluyendo la restitución de tierras.

En el país vemos que hay tres movimientos políticos, liderando una gran parte de la política nacional, por un lado está la extrema derecha, tenemos un centro que es muy ambiguo y muy amplio, y por otro lado tenemos el progresismo. Haciendo unas matemáticas básicas, el progresismo y el centro se tienen que unir para derrotar a la extrema derecha en Colombia, ¿qué piensa usted de ese panorama y qué tan viable lo ve?

Eso va a ocurrir, vamos a construir una gran alianza, una coalición de centro-izquierda o liberal-progresista si usted lo prefiere, que derrote al uribismo en el año 2022, tenemos la obligación histórica de estar unidos y yo he propuesto que el mecanismo para lograrlo sea una consulta presidencial sin vetos, abierta, de todos los sectores independientes, alternativos y de oposición. Allí escogeremos al candidato o candidata único para derrotar al uribismo.

El próximo gobierno colombiano, tendrá que reparar el destrozo de la pandemia pero también recuperar una economía liquidada por medio de un modelo que beneficia a los más ricos y a los monopolios, y además recuperar la seguridad en los territorios, ya que el gobierno Uribe-Duque no pudo destruir la paz pero sí hizo trizas la seguridad, para lograrlo necesitan una bancada parlamentaria nueva, sólida y vamos a elegirla también en marzo.

Hablando específicamente del centro, ¿de dónde viene esa oposición para lograr esa alianza?

Hay muchos blancos por supuesto, al Uribismo no le interesa tener una fuerza alternativa unida y debajo de la mesa hace lo posible para dividir. Pero también hay algunos protagonistas al interior del Partido Verde que tienen un plan absolutamente pequeño al de la historia, que prefieren privilegiar a lo que ellos llaman la “marca verde” al destino de Colombia, que es derrotar al autoritarismo y recuperar la democracia, pero en el fondo me parece que están saboteando desde adentro la unidad a punta de vetos y exclusiones porque quizá prefieren que todo se destroce en el año 2022 para proponerse como salvadores en el año 2026. Esa apuesta de sabotear por dentro la opción del centro a punta de vetos y exclusiones pues no lo van a lograr, porque las bases del Partido Verde, como las bases de la izquierda colombiana y bases liberales – me refiero a los tres partidos de origen liberal – van a unirse y van a levantarse para rescatar la democracia. El pueblo colombiano está harto de dictaduras y de caudillos en el ubérrimo y nepotismo. Yo pienso que el Centro Democrático tiene tal desespero, que ha encontrado como única alternativa al empresario al empresario experto en zonas francas: Tomás Uribe. Me parece que, si él es el candidato, ni siquiera van a lograr pasar a la segunda vuelta.

Varias de las fuerzas políticas en Colombia están respaldadas por grupos económicos. Con esta realidad, ¿cómo cree que el Centro va lograr desmarcarse de estos intereses económicos particulares?

A propósito de las fuerzas económicas, le hago un análisis muy breve. Desde el consenso de Washington, desde la hegemonía del pensamiento de Reagan y Thatcher proclamó el fin de la historia, se dio por sentado que el modelo capitalista de libre mercado, sin un freno – lo que yo no defiendo – era capaz de enriquecer a las sociedades. Lo que ocurrió es que enriqueció a los monopolios, a los oligopolios y al sector especulativo financiero, y hablo de Estados Unidos – por ejemplo. En Colombia, la situación es peor, porque tenemos una economía capitalista sangrienta a la par, que es el narcotráfico. Entonces, el gobierno Duque ha reeditado ese modelo: desde el 2019 antes de la pandemia, aprobó una reforma tributaria para regalar 12 millones de pesos a los más ricos. Claro, el país creció, pero los pobres también fueron más. Lo peor de esto es que, seis meses después de haber hecho ese regalo para los más ricos, le negó la renta básica a los más pobres.Y los recursos de la pandemia terminaron allá también.

Basándose en lo que dice, el neoliberalismo pudo haber mostrado que es un sistema fallido, ¿no le parece a usted que se está hablando muy poco en las campañas y casi que nadie está proponiendo nada nuevo a excepción de algunos candidatos?

Lo que acabo de decirle es provocador, y no es nuevo en el sentido de invertir la inyección de la economía a la base popular y no a los monopolios porque lo intentaron desde los 60, y lo intentaron inclusive para sorpresa de mucho en el gobierno republicano de Nixon. De manera en que nada es novedoso en la economía mundial, pero sí es novedoso para Colombia, nosotros estamos proponiendo una inversión en el modelo socioeconómico para inyectar recursos en la base popular y no en los monopolios, eso implica unas reformas tributarias de fondo, pero también una reforma agraria, rural e integral porque la vocación de este país es agroindustrial, es producir alimentos, el turismo, y le doy solamente uno de tantos datos, el 81% de la tierra fértil en Colombia está en propiedad del 1% de los terratenientes, y no pocos de esos terratenientes son desplazadores, despojadores, muchos de ellos con vínculos al paramilitarismo desafortunadamente, otros no, son herederos de la tierra pero ni los unos ni los otros son productivos. Lo que hacen es ganadería extensiva, que además de no enriquecerlos sino a ellos, empobrece el medio ambiente porque es uno de los factores quizá de los más importantes junto con la economía extractiva petrolera, del cambio climático.

De suerte que aquí sí hay una propuesta, una de cambiar el modelo económico y esa propuesta tiene que ser el eje fundamental de un gobierno progresista en el 2022, primero la gente.

Recuerdo una campaña de hace muchos años en Colombia que era “el tiempo de la gente” y esa campaña era liberal, social, demócrata. La enarboló en su momento el expresidente Ernesto Samper, circunstancias ajenas en su programa social y económico le impidieron desarrollar eso a fondo, pero de ese ejercicio quedan aún instrumentos sociales como el SISBEN por ejemplo, yo creo que hay que recuperar la visión social demócrata, la responsabilidad del estado es proteger y garantizar la vida digna, es así de simple.

En una situación en la que el gobierno ha tomado el liderazgo de todos los entes de control, ¿en dónde queda la separación de poderes y la institucionalidad, pero qué pasa cuando el gobierno de turno se apodera de todas las instituciones?

El modelo conservadurista de extrema derecha, desde sus orígenes, el modelo fascista inclusive es un modelo de estado mínimo, tampoco es original del uribismo, pero ellos lo han ejercido. Cuando usted le suelta totalmente el destino de la sociedad a la mano invisible del mercado lo privatiza todo… Lo hizo Uribe con la Ley 100 y en el referendo que él acaba de proponer quiere hacerlo con la educación pública y quiere, por supuesto, cerrar las Cortes, cerrar la Corte Constitucional, que le resulta incómoda. Recuerde usted el viejísimo debate entre Kelsen y el propio Carl Schmitt. Cuando Kensel ganó el debate, afortunadamente para la historia, garantizó un juez constitucional independiente, pero para Schmitt, los fascistas, los totalitarios, la derecha y el Uribismo, un juez así resulta incómodo, porque es el gobernante, es el patriarca y se conecta con los pueblos sin ninguna intermediación – como lo llama Uribe: el Estado de Opinión – que no es otra cosa que la manipulación de las emociones – “Emociones tristes”, como dice el ensayista colombiano Mauricio García Villegas. Esa manipulación del miedo, de la rabia y del odio, le permite a los gobiernos totalitarios reducir el tamaño del Estado hasta su puño y, así controlar y limitar, de esta manera, la expresión social ciudadana. No les gusta que haya relevo en el poder, por eso el Uribismo quiere perpetuarse en él. Tampoco les gusta que hayan voces críticas, por eso las persiguen, las chuzan, las amenazan y las matan. Por eso no les gusta que hayan órganos de control. Entonces aquí no hay liderazgo, lo que ha habido es una cooptación de los órganos de control.

¿Qué le gusta y qué no le gusta a Gustavo Petro?

Empecemos por lo que no me gusta, que es lo más fácil. Cuando los liderazgos populares se tornan en liderazgos individuales, corren la tentación del caudillismo y ningún caudillo termina por gobernar de manera equilibrada.

Lo positivo que tiene Petro es que es un hombre con genuina vocación por los pobre, tiene una historia de compromiso popular real y tiene una sólida formación intelectual. Creo que la coalición que yo propongo, abierta y de centro izquierda, es una coalición que por su puesto tiene que incluirlos a todo, incluyendo a Petro. Pero el resultado de esa consulta tiene que generar una propuesta equilibrada para Colombia, un gobierno estable, seguro, tranquilo y que esté comprometido con la protección de la vida y del  patrimonio: de la seguridad jurídica, de la libre empresa, siempre y cuando – como creemos los social-demócratas – el Estado intervenga cuando resulte necesario para corregir las deformaciones del mercado, que son precisamente los monopolios, la globalización, la hiperglobalización, la injerencia extranjera en las prioridades de la economía colombiana. Que el Estado sea activo y pueda crear mercado, estimular mercado y factor de crecimiento.