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Bogotá está a punto de llegar al tope de su capacidad de UCI

Malas decisiones, falta de gestión por parte de la Alcaldía y poca responsabilidad de los ciudadanos han resultado en un panorama más que alarmante
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La semana inició con solo 121 camas disponibles para atender pacientes por coronavirus

Luis Robayo/AFP

Sabíamos que el coronavirus no se iba a ir al voltear la hoja del calendario, pero algunos románticos teníamos la leve esperanza de que por lo menos la situación no fuera a empeorar en tanto llega la vacuna al país. Llegó diciembre, nos preguntamos de nuevo por qué se casó Adonay, reunión aquí, reunión allá… Todo se fue al carajo.

Tan solo llevamos 12 días de 2021 y desde el primero de enero hasta hoy, la ocupación de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) en Bogotá pasó de un 83% a un 93%, es decir, únicamente quedan 121 unidades disponibles para pacientes de COVID-19 en toda la ciudad. Al ver este panorama tan preocupante, resulta más que lógico que los habitantes de la capital del país se pregunten qué sucedió con ese plan de adquirir 5000 UCI que la alcaldesa anunció en marzo del año pasado.

Si bien es cierto que desde que comenzó la pandemia Bogotá pasó de tener 935 UCI a 2330 (1395 camas nuevas), es evidente que esta cantidad no es suficiente para una ciudad que en las últimas semanas ha llegado a presentar hasta 6000 nuevos casos por día y que lleva más de 10 mil muertes en total. Hace unos meses veíamos con terror cómo en países europeos como Italia y España, el personal de salud tuvo que elegir a qué pacientes atender, pero tristemente hoy vemos cómo aquí familias ya han tenido que escoger cuál de sus miembros ocupará una cama.

Otro de los grandes reclamos que ha habido por parte de la ciudadanía es, ¿qué pasó con la adecuación de Corferias? Durante cinco meses, allí se atendieron pacientes con patologías que requerían atención mínima, con el propósito de que los hospitales principales tuvieran mayor capacidad para atender casos graves de COVID-19. El lugar cerró a finales de septiembre y hace una semana el secretario de salud de Bogotá, Alejandro Gómez, consideraba que hasta ese momento no pensaban que fuera “necesario” reabrir sus puertas, aunque aseguró que no se descartaba aquella posibilidad.

De todos modos, sería incorrecto afirmar que la Alcaldía ha tenido la responsabilidad absoluta de lo que está sucediendo pues las fiestas clandestinas y reuniones familiares con más de 10 personas, también han sido un foco considerable de contagio. Y como respuesta, el ente en cabeza de Claudia López, declaró alerta roja y con ella nuevas cuarentenas en diferentes localidades, toque de queda y extendió la medida de pico y cédula hasta el 31 de enero.

“Nosotros seguimos creciendo en capacidad hospitalaria, de urgencia e incluso en UCI. Pero lo que realmente nos va a cuidar, a bajar la velocidad y a bajar la presión al sistema hospitalario es que nos quedemos en casa”, expresó López en la noche de este lunes.

Aún así, resulta inconsciente achacar culpas a los habitantes de una ciudad cuya tasa de informalidad es casi del 40% según el DANE. Esto ya que a falta de soluciones como una renta básica acorde a las necesidades de cada familia que la necesite, las personas no han tenido más remedio que salir a trabajar, arriesgándose a contraer el virus en un espacio tan concurrido como un bus o un Transmilenio.

La situación se está saliendo de control y en tanto inicia la vacunación (que se ha ido posponiendo y con suerte comenzará en febrero), prácticamente el mensaje que nos han transmitido las autoridades, tanto locales como el Gobierno nacional, ha sido “sálvese quien pueda”.