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Cinco relatos desde la literatura sobre el deporte

Celebrando la inauguración de los juegos olímpicos hacemos el recorrido por cinco relatos con miradas punzantes sobre el deporte
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Imagen por Gallery.hd.org "El Maracanazo"

Después de un año difícil, una nueva normalidad se impone lentamente luego de la pandemia y, finalmente, se celebran los juegos olímpicos de Tokio 2020. A manera de celebración reunimos cinco relatos entre cuentos, ensayos, crónicas y hasta libros infantiles que atraviesan la experiencia de quienes viven el deporte, ya sea que lo practiquen o que lo disfruten como aficionados desde la tribuna. 

1. Una sonrisa exactamente así, de Eduardo Sacheri

Este escritor argentino es reconocido por su novela La pregunta de sus ojos, en la que se basó la película El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella. El famoso episodio del Maracanazo, es narrado magistralmente en este cuento, del cual hace parte este fragmento:

“Y empieza el segundo tiempo y a los dos minutos –continué- Friaca marca un gol para Brasil”. Entonces fruncí los labios y moví las manos en ese gesto que quiere decir “listo, ya está, asunto terminado”, y que vos interpretaste a la perfección, porque te pusiste un poco triste.

            “Imaginate lo que era el Maracaná después del 1 a 0”, agregué. Los uruguayos ya tenían que meter dos goles, y en realidad lo más probable era que Brasil les metiera otros cuatro antes de que esos pobres muchachos consiguieran llegar a la otra área.

            Creo que ese fue el momento más difícil. No digo de esa final del Mundo. Me refiero a nuestra charla, o más bien a mi monólogo. Tal vez te suene ridículo –en realidad lo lógico es que todo esto te suene absolutamente ridículo-, pero evocar ese instante del gol de Friaca, con todo el mundo enloquecido y feliz alrededor de esos once uruguayos náufragos me hizo sentir a mí también el frío mortal de la derrota. Y estuve a punto de rendirme, de ponerme de pie, de ofrecerte la mano y despedirme con una disculpa por el tiempo que te había hecho perder. No sé si te ha ocurrido, eso de entusiasmarte hasta el paroxismo con alguna idea que apenas la echás a rodar se vuelve harina y es nada más que pegote entre los dedos. Así quedé yo en ese momento”.

2. Del boxeo, Joyce Carol Oates 

Mucho se ha dicho que el boxeo es una metáfora de la vida. Escritores como Ernest Hemingway y Jack London se han dejado llevar por la fascinación de esa actividad difícil de clasificar. Joyce Carol Oates sigue este faro brillante del boxeo, pero descarta la metáfora. Así inicia su ensayo: “la vida es como el boxeo en muchos e incómodos sentidos, pero el boxeo solo se parece al boxeo”.

Oates nos narra cómo el boxeo ha tenido que sobrevivir a largo de su historia, de ser una lucha clandestina entre obreros a una disciplina de élite donde se generan millones de dólares. 

Más que un deporte, el boxeo es eso, una metáfora de lo que somos, de nuestra vida, que pelea a cada momento contra todo, un estado en el cual nos regimos por leyes que son impensables en nuestra cotidianidad. Ella logra mostrarnos que lo que sucede en ese cuadrilátero, sucede por algo más que una medalla o el dinero. Concluye que “si el boxeo es un deporte, es el más trágico de todos”.

3. Un artista del trapecio, Franz Kafka 

Este relato breve es un clásico de la literatura universal donde el deportista es también un artista. Inmerso en la corriente surrealista, Franz Kafka nos narra la historia de un trapecista que por rigor de su propia profesión decide vivir de manera permanente sobre su trapecio. 

Un artista del trapecio —como todos sabemos, este arte que se practica en lo más alto de las cúpulas de los grandes circos, es uno de los más difíciles entre los accesibles al hombre— había organizado su vida de manera tal —primero por un afán de perfección profesional y luego por costumbre, una costumbre que se había vuelto tiránica— que mientras trabajaba en la misma empresa, permanecía día y noche en su trapecio. 

Su permanencia arriba sólo resultaba un poco molesta mientras se desarrollaban los demás números del programa, porque como no se la podía disimular, aunque estuviera sin moverse, nunca faltaba alguien en el público que desviara la mirada hacia él. Pero los directores se lo perdonaban, porque era un artista extraordinario, insustituible. Por otra parte, se sabía que él no vivía así por simple capricho y que sólo viviendo así podía mantenerse siempre entrenado y conservar la extrema perfección de su arte.

4. El gigante que rozó el cielo, Leila Guerriero 

Una crónica de la admirable escritora argentina Leila Guerriero que reconstruye de manera fragmentada la historia más bien difícil y oscura del Gigante González, un jugador de baloncesto y luchador profesional argentino quien tiene el título de ser el luchador de mayor estatura de todos los tiempos superando los siete pies y medio de altura (2,31m).

“Un resumen diría lo que sigue: que Jorge González nació el 31 de enero de 1966 en El Colorado, a mil doscientos kilómetros de Buenos Aires, hijo del matrimonio de Mercedes y Felipe, ama de casa ella, empleado de la construcción él, y que vivió con esa familia compartiendo lo poco que compartir se podía: un cuarto con sus hermanos (Plácida, Zunilda, Ricardo, Omar) y apenas la comida. Diría, también, que después de iniciarse a los nueve años en trabajos de los brutos —cosechar algodón, desmontar monte cerrado— a los dieciséis le propusieron integrar un equipo de básquet en un club de la vecina provincia de Chaco y él dijo sí.

Que jugó en la Selección Argentina, fue elegido en el draft de la NBA, devino estrella de la lucha libre, viajó por treinta países, participó en la serie Baywatch, tuvo mujeres, tuvo chofer, tuvo dinero, y que hoy vive en el pueblo que lo vio nacer sin poder caminar, pobre, solo y diabético. Y diría, también, que todo eso le sucedió a Jorge González por ser una criatura extraordinaria de dos metros treinta y un centímetros de alto —un gigante— y que a eso —a esa altura— le debe toda su suerte. Le debe toda su desgracia.”

5. De qué hablo cuando hablo de correr, Haruki Murakami

Murakami empezó a correr tarde, con 33 años. Desde ahí no paró más. Empezó a correr por lo mismo que algunos: quería salir del bucle de la vida sedentaria y la adicción al cigarrillo. El libro es un ensayo autobiográfico o un libro de memorias sobre correr y escribir. En las páginas se mezclan una mirada profunda sobre el origen de su afición por el running y algunas claves de su técnica literaria.

Por medio de episodios de su vida, el japonés nos lleva por veinticuatro años de su camino como runner aficionado. Comienza el recorrido por el origen de su decisión de correr, pasando por su primera maratón, sus entrenamientos diarios hasta la música que escucha durante sus recorridos.

“Voy aumentando poco a poco (cada día) la distancia que recorro. Pero si aumento el ritmo acorto el tiempo de carrera. Procuro conservar y aplazar hasta el día siguiente las buenas sensaciones que experimenta mi cuerpo. Idéntico truco utilizó cuando escribo una novela larga: dejo de escribir en el preciso momento en que siento que puedo seguir escribiendo. Al día siguiente me resulta más fácil reanudar la tarea”.

Y la ñapa para los amantes del ciclismo: 

La trilogía de Gallo Nero sobre ciclismo: Esta trilogía periodística reúne textos de periodistas deportivos de tres de las grandes vueltas: el Giro de Italia, el Tour de Francia y la Vuelta a España. 

Fortunato, Luis Darío Bernal Pinilla: El sueño de Fortunato es llegar a España. En las laderas del Cocuy, la Vuelta a Colombia se atraviesa en su camino. El muchacho de ruana y sombrero avanza como una bala, al ritmo de los ciclistas profesionales.

Cómbita, Óscar Pantoja y Jim Pluk: Cómbita es la historia de una niña que persigue sus sueños en una bicicleta y que, en su recorrido, hace decenas de nuevos amigos. No importa cuántas veces se caiga de su bicicleta, su voluntad permanecerá́ intacta. También es la historia de un municipio de Boyacá́, Colombia, en el que sus habitantes humanos, animales y vegetales crecen y conviven felizmente para nutrir la vida misma.