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El caso de Ciro Guerra: denuncias de abuso, acoso y violencia sexual como prácticas socialmente normalizadas

Con una sólida investigación, las denuncias de acoso y abuso contra el director de cine Ciro Guerra se suman a una larga cadena de acusaciones de un fenómeno normalizado de violencia contra las mujeres
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Tomás Mantilla

“Qué arda todo”, ese es el mensaje recurrente en los chats de amigas y conocidas cuando nos llegan nuevas denuncias de abuso y acoso sexual en contra de niñas y mujeres. En Colombia venimos de unas semanas muy duras de noticias sobre feminicidios, violaciones, desapariciones y una oleada de denuncias de acoso y abuso contra mujeres. Al principio se habló de ciertas industrias y círculos, como el de tatuadores, músicos, fotógrafos. De esa oleada, en la que Lola de la Cuesta prestó su perfil de Instagram como plataforma para que las que quisieran publicaran sus casos, quedaron sinsabores fuertes. Hubo cuestionamientos sobre la veracidad de lo dicho, muchas demandas copiadas una tras otra para intimidar a las que se atrevieron a denunciar y un suicido confuso de una de las denunciantes, Angie Paulina Escobar Cossio. Hace pocos días el alcalde de Medellín, Daniel Quintero, intentó encubrir las recientes denuncias de acoso en su contra, con pauta en medios, pagada con dineros públicos, donde buscaba resaltar su papel de buen padre. Para rematar, este 24 de junio supimos con mucho dolor que siete militares habrían violado a una niña de 13 años que hace parte de la comunidad Embera Chamí en Risaralda.

Ahora sale a la luz un reportaje que recoge las denuncias de 8 casos de acoso sexual en la revista digital Volcánicas (entre ellos uno de abuso sexual) contra el director de cine, Ciro Guerra (El abrazo de la serpiente, Pájaros de verano). Las periodistas Catalina Ruíz Navarro y Matilde de los Milagros trabajaron durante cinco meses en la recopilación e investigación de casos de las mujeres que denuncian a Guerra.

“Hace casi 5 meses un amigo director de cine me contó que una amiga suya, que también trabaja en el gremio audiovisual, había sido víctima de acoso sexual por parte de Ciro Guerra y que mientras les contaba a otras personas se empezó a enterar de que a otras mujeres les había pasado lo mismo. Mi amigo también supo que ellas se habían reunido en un chat para compartir sus experiencias. Le dije a él que yo conocía a la persona indicada para hacer la reportería de esos casos si querían hacer la denuncia pública”, dice Matilde. Luego de que envió este mensaje, las mujeres decidieron que querían hablar con Matilde y Catalina. Durante cuatro meses tomaron testimonios de las víctimas y de las personas a quienes ellas les habían contado lo que había ocurrido para tener suficientes testimonios de apoyo. Son 8 denuncias de acoso y una de abuso sexual. Todos los casos tienen un buen sustento con testimonios de apoyo, chats y audios que complementan las denuncias en contra del director colombiano.

Catalina Ruíz Navarro llamó a Ciro este mismo 24 de junio para darle un derecho a la réplica. Él no solo no aceptó las denuncias, sino que las relacionó con una represalia por haber participado en el Paro Nacional, algo que a las investigadoras les parece absurdo pues no solo no tiene relación con el tema, sino que no responde a los relatos de las denunciantes. Esto fue lo que dijo:


¿Alguna vez ha tomado algún tipo de taller de sensibilización contra el acoso sexual?

Sí, la vez que hicimos el seminario de Netflix, la producción para Netflix nos pidió que hiciéramos un taller al respecto. 

¿Ha hecho avances sexuales a compañeras de trabajo que no fueron ni invitados ni bienvenidos?

A compañeras de trabajo, no. 

¿Alguna vez ha hecho avances sexuales a conocidas, en contextos de fiestas, que hayan sido abiertamente rechazados?

Pues, o sea, a ver, ¿esto es una entrevista que va a salir publicada? Todos los hombres nos hemos acercado en algún momento a una mujer y pues es decisión de ella si, mejor dicho, uno entiende si es bienvenido o no, pero la verdad es que si una mujer uno no siente que le copia o le responde, uno no puede seguir adelante. 

¿Ha acosado sexualmente a mujeres en festivales de cine como el Colombian Film Festival, el Festival Internacional de Cine de Cartagena o Cannes?

No. 

¿Ha insinuado el intercambio de favores profesionales a cambio de favores sexuales? 

No.

¿Ha usado la fuerza para obligar a una mujer a besarlo para manosearla?

No. 

¿Ha sido confrontado por alguna mujer por acosarla sexualmente?

No. 

¿Ha abusado sexualmente de alguna mujer?

Jamás. 

Lo que yo sí quiero dejarte claro es que a mí me amenazaron con que me iban a querer hacer ese tipo de acusaciones. Por la época en que le di mi apoyo al paro recibí mensajes diciendo que había gente que me iban a querer destruir y que iban a querer hacer ese tipo de acusaciones; pues sí recibí ese tipo de mensajes. No estoy en capacidad de decir si están relacionados o no, pero la primera vez que escuché de algo parecido fue esa vez, pero realmente no… Fue algo que dejé pasar, a lo que no le presté atención. Pues obviamente sin conocer las denuncias, y sin saber de quién están hablando y de quién vienen. 

¿Hay alguien que me está acusando de que yo la violé?

Sí, hay una denuncia por abuso sexual. 

¿De qué tipo?

Solo hay un tipo de abuso sexual, el abuso sexual. 

Pero mejor dicho, no es lo mismo una violación que una amenaza que un texto… ¿Son cargos criminales los que me van a poner? Tengo que estar preparado para defenderme porque es una acusación muy grave, y que además no es cierta.


Las denuncias sobre agresiones sexuales en la industria del cine no son nuevas. El movimiento #MeToo en Hollywood dio visibilidad a esta condenable práctica normalizada cuando las denuncias contra productores, directores, actores y otros miembros de este medio fueron masivas. En su momento revelaron una conducta sistemática que por supuesto no es exclusiva del mundo del cine. El caso contra el poderoso productor HarveyWeinstein fue el más sonado. El 24 de febrero de 2020 fue declarado culpable de violación en tercer grado, aunque fue absuelto de otros dos cargos, también por violación. 

En Rolling Stone, en mayo de 2017, publicamos en nuestra edición impresa el artículo La mujer en la pantalla. El reportaje denunciaba las múltiples formas de violencia e invisibilización que viven las mujeres en la industria cinematográfica nacional, con prácticas van desde desestimular a aquellas que se inician en el cine, poniéndolas en casillas muy limitadas sobre los tipos de roles que pueden asumir profesionalmente, hasta casos de acoso, aunque sin nombres puntuales.

Como indica el reportaje de Catalina Ruíz Navarro y de Matilde de los Milagros, “la industria del cine es altamente jerárquica y concentra gran parte del poder y dinero en unos pocos hombres. Esta fuerte desigualdad, característica de la industria, es una de las condiciones que facilita el acoso y la violencia sexual”. 

Las periodistas aclaran al final de su reportaje que, dado el patrón de estas agresiones sexuales, es muy posible que aparezcan más denuncias. La realidad es que, a pocas horas de ser publicado este caso, ya se escuchan nuevas historias. Una amiga cercana a este medio me comentó de inmediato que no le extraña esta lluvia de denuncias contra Guerra. Ella, que prefirió que no pusiera ningún dato que pudiera identificarla, dice que era cuestión de tiempo que esto pasara, pues ella misma fue acosada por Guerra. De ahí en adelante prefirió no decir nada más para este artículo, porque tiene miedo de las represalias en su contra. Ciro es un hombre poderoso.

Día tras día más mujeres toman la valiente decisión de unirse a otras y denunciar a sus victimarios. A diferencia de lo que se pretende decir, estos casos no son aislados, no se trata de “manzanas podridas”, sino que hacen parte de una conducta sistemática dentro de nuestra sociedad que permite violencias en diferentes niveles contra las mujeres. Dada la alta tasa de impunidad que tienen estos delitos en la justicia ordinaria, justicia creada y administrada por este mismo sistema patriarcal, es muy difícil que estas denuncias lleguen a algún término, y mucho menos que sean reparadoras con las víctimas.

RecSisters, el grupo citado en el reportaje de las denuncias contra Ciro Guerra, y que se define como un “colectivo de mujeres trabajadoras del medio audiovisual en Colombia que busca mejorar, dignificar y lograr equidad en nuestros espacios de trabajo. Al igual que generar un ambiente laboral sano y de confianza, libre de todo tipo de acoso y/o violencia”, hizo una encuesta entre mujeres de la industria para conocer mejor algo que se sabía de oídas. La encuesta, que tuvo la participación de 147 mujeres en cargos de producción y arte mostró que:

  • El 81 % de las encuestadas ha sufrido acoso sexual laboral. 
  • Entre las conductas comunes se cuentan miradas morbosas, gestos faciales sugestivos, expresiones verbales irrespetuosas, contacto físico no deseado, piropos, bromas y burlas. 
  • Otras de las conductas denunciadas en la encuesta incluyeron presión para aceptar invitaciones, amenazas, intentos de violación y violación. 
  • El 84 % de las encuestadas decidió no denunciar y una de ellas declaró: “Cuando los productores lo supieron solo me dijeron que me acostumbrara, que no podía andar quejándome por eso”. 
  • Algunas de las que sí denunciaron se enfrentaron a burlas, despidos y repercusiones laborales como revictimización, ser juzgadas como problemáticas, veto y marginación en el gremio, empeoramiento del ambiente laboral, amenazas e incremento del acoso. Otras declararon que no hubo cambios y unas cuantas se sintieron apoyadas. 
  • Los abusos más graves y las violaciones normalmente no son denunciados por miedo a ser despedidas o excluidas. 

Teóricas como Rita Laura Segato han explicado que la violencia sexual hacia las mujeres es un crimen de poder y que los violadores no son sujetos anómalos, sino individuos que hacen parte de un sistema más amplio que permite conductas violentas que, por ser en apariencia menores, son aceptadas en la sociedad. “El violador no es un ser anómalo. En él irrumpe un contenido y determinados valores que están presentes en toda la sociedad. Cuando eso sucede nos espantamos y transformamos al violador en un chivo expiatorio, pero él en realidad fue el actor, el protagonista de una acción de toda la sociedad”, dice. Las denuncias de este momento y las que lleguen posteriormente deberán ser analizadas bajo un lente más amplio que revise estas conductas que las mujeres vivimos en la cotidianidad.