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Con amor y rabia: el collage de Giselle Dessavre

Hablamos con la artista mexicana sobre la censura, el activismo y lo que significa ser mujer artista en el contexto latinoamericano
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Cortesía de la artista

Por: Redacción Rolling Stone, Laura Vásquez Roa

Cada paso por la calle es una lucha, cada placa es una duda de mi regreso, moverse y resistir es existir, se puede leer en distintas tipografías, colores y tamaños en uno de los collages de Giselle Dessavre. En seguida, viene esta descripción: todo está recortado y pegado (como siempre) de manera análoga, con amor y rabia.

Giselle vive en Guadalajara, es actriz y artista visual. Gran parte de su trabajo gráfico está atravesado por un activismo que creció de manera espontánea. Al compartir sus propias experiencias con la violencia de género, el aborto o la injusticia social a manera de collage, varios otros fueron llegando a sus redes. 

Hay una relación entre la técnica, porque hacer collage implica romper, cortar, crear a partir de lo “desechable”, y los mensajes disruptivos en las mismas imágenes. Según la artista, “el collage es una herramienta para trabajar con la reconfiguración y la resignificación. De las cosas más importantes cuando trabajo es rescatar lo desechable, ver más allá de las imágenes establecidas, jugar con ellas, cortarlas para poder reconfigurarlas y, al final, crear algo totalmente nuevo”. 

En entrevista con ROLLING STONE, comentó que su motivación es la libertad, la empatía y la infancia. “Solo a través del arte he podido sentirme libre de decir lo que pienso. Esa libertad que siento al crear es lo que me motiva. Como también me motiva saber que muchas veces lo que siento puede ser compartido. Lo personal es político, entonces la gráfica también puede ser política; crear a partir de un dolor o injusticia (ya sea propia o de otres) nombrarla y reclamarla a través del arte puede lograr que más personas lo sientan más cercano y prenda también una chispita para luchar en conjunto, que al final yo le llamaría empatía”.

“Me motiva crear junto con la infancia, explorar todo aquello que vaya en contra del adultocentrismo. Es muy importante la infancia en mis creaciones, ya que he trabajado muy de cerca con niños y niñas en las artes escénicas. La intuición y el juego tienen un lugar especial en mi proceso, no podría resignificar nada sin dejarme llevar por estas dos cosas”, agregó.

Giselle ha dicho también que su inspiración viene de “las mujeres, de nuestras luchas, y nuestra manera de ver la vida, de existir y resistir; me inspiran no a manera de musas, sino como creadoras de una nueva realidad”. Sin embargo, admite que su arte no tiene el apellido feminista: “Lo que he mostrado más en redes sociales es mi trabajo a partir de la lucha feminista, porque considero estos temas urgentes y vitales. Sin embargo, no consideraría que todo lo que hago tiene que ser feminista; también me gusta crear a partir de temas como la salud mental, la poesía o textos personales, mi día a día, mi amor por la naturaleza…”. 

Además de lo anterior, el acto de mostrar de una forma transgresora el cuerpo, ya sea en fotografías o en collage, en una plataforma como Instagram, puede estar expuesto a la censura. La recepción de sus trabajos y la censura no solo la aplican las redes sociales, sino también las personas. 

Al respecto cuenta “me han censurado, en varias ocasiones y no sólo en redes, sino también en muchos otros espacios. Lo que más he sufrido en mis redes es acoso de parte de distintos grupos de personas. He recibido ataques fuertes de parte de los mal llamados ‘pro-Vida’. Por publicar una guía para realizar aborto seguro en casa nos amenazaron y acosaron. He recibido acoso por parte de hombres cuando hablo de salud sexual y muestro mi cuerpo, o también hay personas que han reportado mi contenido cuando hablo de menstruación, de mis vellos en el cuerpo, cuando expongo alguna injusticia de mi país o mi ciudad. En lo personal he recibido incluso amenazas de muerte”. 

Esto la ha llevado a orillarse de las redes “porque creo que el autocuidado también es importante dentro de la lucha”. A pesar de todo, Giselle se muestra agradecida con las personas que siguen y apoyan su trabajo, “hay personas que me ofrecen ayuda cuando estas violencias se me vienen encima, que me escriben y comparten conmigo lo que les hace sentir lo que hago. Al final eso es lo que más me importa, conectar con aquelles que valga la pena conectar”.

Para ella, la experiencia de ser mujer y artista latinoamericana “específicamente mexicana, ha sido luchar y resistir, moverme sola, mandar ubicaciones cuando voy a mis ensayos, tener un nudo en la garganta al caminar por la calle, ver cómo suben y suben las cifras de feminicidios en mi ciudad, pero aún así no detenerme”, y agregó “También ha sido creerle a la otra cuando te dice que su agresor está en ese mismo círculo, o toparte al tuyo también, y que eso a veces implique dejar proyectos. Ha sido que me roben trabajos, que llamen mis ideas como suyas, que me quieran invisibilizar, que me llamen dramática, mandona, que ‘seguro traigo la regla’. Entonces ha sido defender mi esencia y mis ideas con mucho amor”. 

Tanto en su trabajo, como en su manera de expresarse se articulan la rabia y el amor en justa medida, Giselle concluye que ser artista en este contexto la enorgullece, “me llena de inspiración ser parte de una generación de tantas mujeres latinoamericanas artistas. Creo que cada artista de cada rincón de Latinoamérica tendrá también su experiencia y su historia por ser contada de lo que significa crear con su propio contexto encima, yo no me canso de admirar a cada una con quien me he topado en este camino”. 

Y termina de manera contundente: “Creo que es un momento importante para nosotras; hemos dejado de ser musas, somos creadoras, hemos luchado para dejar de ser invisibilizadas en este sistema hegemónico y patriarcal”.