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Continúan las protestas en España tras el encarcelamiento de Pablo Hasél

Cientos de manifestantes volvieron a salir a las calles del país europeo para demostrar su rechazo ante la captura del artista español
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Pierre-Philippe Marcou

En varias ciudades de España se completaron dos noches llenas de movilizaciones y expresiones de rechazo ante el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél, tras haber sido capturado por publicar unos trinos en contra de la Corona y de las fuerzas de seguridad.

Según las autoridades de ese país, durante la jornada del martes 16 de febrero, 18 personas fueron detenidas y 33 más resultaron heridas, entre ellas una joven de 19 años que perdió un ojo al recibir un impacto de bala de goma por parte de un agente de los Mossos d’Esquadra (cuerpo de seguridad de Cataluña).

Pero las protestas continuaron el miércoles cuando alrededor de las siete de la noche, cientos de personas se congregaron en distintos puntos principales de Madrid y Barcelona para clamar por la libertad del músico. Las calles españolas se inundaron de carteles que contenían mensajes como “¡Hasél y todos, libre!”, “Pablo Hasél secuestrado por el terrorismo de estado” y “Fuera la justicia franquista”, mientras los cantos y arengas ambientaban las manifestaciones.

No obstante, en cuestión de minutos la situación se tornó caótica cuando iniciaron los enfrentamientos entre los civiles y la fuerza pública. Varios grupos de personas juntaron contenedores de basura (algunos fueron prendidos en llamas) para formar barricadas que evitaran el avance de la Policía, que de nuevo hizo uso de pistolas aturdidoras y gases lacrimógenos para disipar las concentraciones. Irónicamente, el Consejo de la Abogacía Catalana (CICAC) en defensa de los Mossos expresó que “ninguna actitud violenta puede tener cabida en una sociedad democrática”, la misma democracia que le imputó al artista un delito que, en palabras del abogado vasco Gorka Vellé, “hace tiempo tendría que estar derogado, porque ya tiene cauces por otras vías para proteger a las víctimas”.

Aunque en España otros ciudadanos han sido juzgados de manera similar que el músico, esta es la primera vez en la que se hace efectiva la medida de cárcel bajo estos cargos. Para la muestra, en 2017 la tuitera Cassandra Vera fue acusada del delito de enaltecimiento del terrorismo, el mismo que se le atañe a Hasél, al haber compartido una serie de tuits que fueron considerados como una burla al asesinato del almirante Luis Carrero Blanco a manos de ETA. Otro ejemplo es lo sucedido con el rapero César Strawberry, acusado del mismo delito y por la misma razón. Ambos fueron absueltos al considerar que sus trinos no “deben ser perseguibles penalmente”.

Pero quizá uno de los casos más relevantes sea el de Willy Toledo, un actor que tuvo una carrera prolífica a principios del milenio que, de acuerdo con El Mundo, llego a recibir 15 propuestas de trabajo al año. Sin embargo, su imagen pasó de ser alabada a repudiada por los sectores más conservadores de España al declararse simpatizante del comunismo y al “cagarse en Dios y la Virgen”, hecho por el que se le culpó de incurrir en el delito de odio del que también fue absuelto.

Ahora, tal como lo explica Vellé, la situación de Hasél es más complicada puesto que en 2014 la Audiencia Nacional, órgano jurisdiccional encargado de delitos graves (relacionados con terrorismo, narcotráfico y delitos contra la Corona), lo condenó a dos años de cárcel por sus publicaciones entre 2014 y 2016. Tal condena fue suspendida bajo la condición de que no volviera a incurrir en otro delito, pero en 2018 volvió a ser acusado por enaltecimiento del terrorismo, injuria a la monarquía y las fuerzas de seguridad.

En ese momento el tribunal le dio un plazo para entregarse, pero fiel a sus convicciones y negándose rotundamente a agachar la cabeza ante la censura, prefirió resistir hasta el instante en el que los agentes del Estado irrumpieron en la Universidad de Lleida. Como consecuencia, el rapero tendrá que pagar casi tres años de prisión pues deberá “cumplir la nueva condena y la anterior”.

Ya que a finales de 2020 el Tribunal Constitucional de España inadmitió la apelación de su pena más reciente, el único recurso que le queda Hasél es llevar su caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), pero esto implica un proceso más largo y de todos modos no lo eximiría de pasar un tiempo en prisión.

Pero más allá de las exigencias por la pronta libertad del artista, las movilizaciones han reavivado el inconformismo de los españoles por lo que se conoce como Ley Mordaza, una normatividad que impone graves limitaciones a la libertad de expresión. “La gran importancia de las numerosas y concurridas manifestaciones ha llevado al Gobierno a prometer que reformará los puntos del Código Penal con los que nos encarcelan”, escribió Hasél en su último comunicado, refiriéndose al planteamiento del Gobierno de Pedro Sánchez,de hacer “una revisión de los delitos relacionados con excesos en el ejercicio de la libertad de expresión” para eliminar las penas de cárcel.

A pesar de que en los seis años que lleva vigente la Ley Mordaza se han presentado varias propuestas para reformarla, ninguna ha dado resultado. Vellé aclara que actualmente existen tres vías para modificarla: “la primera, una iniciativa legislativa del PNV [Partido Nacional Vasco] que quiere mantener algunas cosas de la ley original; la segunda, una tramitación urgente de Unidos Podemos de una iniciativa que protege la libertad de expresión que modifica la ley Mordaza y los artículos del Código Penal que criminalizan conductas que chocan con ese derecho fundamental; y la tercera, que el Ministerio de Justicia quiere incluir en su reforma global del Código Penal la modificación de estos tipos penales”.

Hasta entonces, la legislación seguirá siendo aplicada así esto suponga continuar coartando la libertad de expresión de los ciudadanos españoles, al sembrar temor entre aquellas o aquellos que se atrevan a levantar su voz en contra del establecimiento.