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El Ártico desaparece

Un reconocido fotógrafo de vida silvestre va donde nadie más se atreve y se ha convertido en un testigo de primera mano del cambio climático
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Fotografías por Paul Nicklen

Paul Niclen no es como nosotros. Le gusta nadar (solo) en aguas heladas bajo el hielo ártico, en busca de animalesotencialmente depredadores. Eso puede traerle problemas, como cuando casi lo aplasta un elefante marino de tres toneladas. “Casi siempre, lo único que te puede matar es el pánico”, dice. “No es que esté dispuesto a morir. Creo que simplemente no me da miedo”.

Nicklen, biólogo marino y fotógrafo de vida silvestre con más de 20 misiones encomendadas por National Geographic y 5,2 millones seguidores en Instagram, creció en la provincia de Nunavut, en el extremo norte de Canadá y vivió intermitentemente en el Ártico durante 25 años. “Sin duda, mi zona de confort es estar cerca de animales grandes, de la naturaleza, el frío, el buceo y el hielo”, dice Nicklen, de 50 años. “Tener una inmensa ballena asesina a menos de dos metros mientras se da un suculento banquete me tranquiliza. Es hermoso”.

Toda una vida viendo el paisaje del Ártico a través del lente de la cámara –durante años no tuvo televisión, radio ni teléfono en su juventud, pero su madre tenía un cuarto oscuro para fotografía– también lo ha convertido en un testigo de primera mano del cambio climático en el ecosistema polar. “Está cambiado dramáticamente, muy rápido”, dice. La mayor diferencia es la desaparición del hielo multianual, que es la columna vertebral del Ártico y el hogar de especies que han evolucionado para cazar y procrear en él. Desde 1985 el 95 % de este hielo se ha derretido. “Me sentí completamente perdido en esta bahía, en la que he estado tantas veces”, recuerda Nicklen, refiriéndose a un reciente viaje a Svalbard, Noruega. “No la reconocí. El hielo había desaparecido. En donde había glaciares, ahora solo había islas y rocas”.

En 2015 fue uno de los fundadores de SeaLegacy, una organización sin ánimo de lucro que usa la narración visual para generar conciencia sobre los problemas de conservación del océano. Un buen ejemplo es un video que filmó en 2017 en el que aparece un oso polar hambriento buscando comida en la basura, que ha sido visto casi 2 mil millones de veces en YouTube. “Utilizo la megafauna más carismática, como osos polares, focas leopardo u orcas para que la gente se conecte con ese ecosistema”, dice. “Cuando estoy en la región polar, la parte más importante de esa misión es el cambio climático”.

Y él mismo llega a los extremos para llevar a cabo su propósito. Nicklen –quien ha sufrido dos accidentes aéreos, incluyendo uno en el que quedó atrapado mirando hacia arriba en su cabina en medio de un lago ártico– pasa de dos a tres meses al año acampando al borde del témpano, donde el océano se encuentra con el hielo, esperando poder capturar momentos nunca antes vistos del reino animal. “Hay que estar afuera en la primera línea, donde si pasa una ballena boreal uno se pueda deslizar al agua”, dice. “Solo quiero ver cosas que nadie haya visto antes. Y no solo verlas, también capturarlas en video o en fotos para compartirlas con el mundo”.

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