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El mundo oculto del Amazonas

El legendario fotoperiodista regresó a su natal Brasil y encontró un pueblo milenario —y al ecosistema más importante del planeta— en riesgo de ser destruido
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Fotografías por Sebastião Salgado

Durante gran parte de las cuatro décadas de su carrera, Sebastião Salgado, el reconocido fotoperiodista brasileño, capturó imágenes indelebles de la catástrofe humana: hambruna, pobreza, genocidio. La brutalidad de la que fue testigo eventualmente lo empujó a buscar el otro extremo: los lugares del planeta que aún no han sido estropeados por la humanidad, un proyecto
que lo llevó a los lugares más aislados de la Tierra y dio lugar a su libro y exposición, Génesis.

Su último trabajo lo transportó a un paisaje primitivo más cercano a su hogar: el valle de Javari en la selva amazónica, un lugar para el que Salgado no quisiera las tragedias que documentó anteriormente en su carrera. “Debemos luchar mucho para proteger esta última gran parte del bosque que es la Amazonía”, dice Salgado. Se dice que el Javari, con 53.108 kilómetros cuadrados de selva tropical virgen en el noroeste de Brasil, alberga algunas de las tribus más aisladas del planeta: 20 de sus grupos indígenas no han tenido contacto con el mundo exterior.

Brasil ha proporcionado protecciones extraordinarias para sus pueblos originarios, así como derechos exclusivos a más del 25 % de la selva tropical del país. Pero la severa recesión y un Gobierno enfocado en lo empresarial han hecho que recientemente los pueblos indígenas y sus tierras estén más vulnerables que nunca. Brasil ha reducido drásticamente los fondos para la Agencia Nacional Indígena, encargada de proteger las reservas nativas. Al cerrarse casi una tercera parte de los puestos de la guardia forestal, los mineros, madereros y cazadores ilegales están invadiendo el delicado ecosistema del territorio, contaminando sus cristalinos cursos de agua y atacando a los nativos. Mientras tanto, el presidente Michel Temer, acusado formalmente de orrupción el año pasado, parece estar en el bolsillo de las empresas que esperan explotar grandes extensiones de los recursos naturales de la Amazonía: madera, minerales, oro, petróleo. El año pasado Temer intentó abolir una reserva forestal del tamaño de Dinamarca. “Este gobierno no respeta a la Amazonía”, dice Salgado.

A partir de 2015, la deforestación volvió a aumentar en la Amazonía, lo que socava su papel como el filtro de carbono más grande del mundo, esencial para luchar contra el cambio climático. Y no puede haber una mejor manera de protegerlo que amparando a su gente nativa, pues casi no ha habido deforestación en sus tierras. Son los “antiguos guardianes del bosque”, dijo Salgado, quien hasta ahora ha documentado 12 tribus.

En octubre pasado hizo un viaje de tres días en bote a lo profundo a lo profundo de la reserva de Javari para conocer a los korubu. ¶ Algunos visitantes inesperados han llegado allí con violencia, pero la tribu le concedió a Salgado el honor de entrar en su mundo, donde acampó durante cuatro semanas. “Su forma de vida es la más pura que puedas imaginar”, dice. “Son exactamente como lo éramos hace dos o cuatro mil años. Viven en perfecta armonía con la naturaleza”. Protegerlos a ellos, dice, nos protegerá a todos. “No solo a los indios, no solo a los brasileños”, dice Salgado, “todo el planeta depende de este bosque”.