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“Ellos atacan; nosotros estamos dispuestos a responder. No nos van a intimidar”: Iván Cepeda

El senador Iván Cepeda habla sobre los nuevos giros que ha dado el caso contra el expresidente Álvaro Uribe, los posibles impedimentos del fiscal Barbosa y el impacto de este caso en la política nacional
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Juan Manuel Vargas

Ante el giro que dio el proceso contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez, ahora en manos de la Fiscalía, se generan nuevas inquietudes. La recusación presentada por el senador Iván Cepeda hace parte de la estrategia que él y su equipo plantean para seguir adelante en la búsqueda de verdad y justicia para el país. Hablamos con el senador Cepeda para conocer sus impresiones sobre los últimos desarrollos de quizás el caso más importante de la política colombiana contemporánea.

Cuando se conoció la decisión de la Corte Suprema de Justicia sobre la detención domiciliaria de Álvaro Uribe hubo una gran reacción mediática y ciudadana a favor y en contra. En su intervención de ese día usted dijo se debía tomar esto con paciencia y moderación. Ahora frente al paso del caso a la Fiscalía, ¿qué mensaje envía a aquellas personas que ven esto como un retroceso?

Es el mismo mensaje. Cuando intervine ese día públicamente era consciente de que este es un camino muy largo y que, como todo camino de esclarecimiento de hechos que tienen una relevancia política, no solamente judicial, y yo diría incluso histórica, iba a ser zigzagueante. En esto hay victorias, derrotas, incluso retrocesos, pero lo importante es que es un camino y que hay que recorrerlo en cada uno de sus momentos, con toda la serenidad, con toda la perseverancia, y sobre todo, haciendo las cosas de manera recta. Eso es muy importante, el problema no es solamente a dónde vamos a llegar sino cómo llegamos. Y en esto no hay que hacerle concesiones al adversario. En esto quiero ser muy claro, nosotros hemos tomado el camino de respetar la justicia, las instituciones, los procedimientos y no nos vamos a salir de ahí. No vamos a caer en el juego que nos están proponiendo que es el de las campañas con toda clase de métodos, muchos de ellos, yo diría que rayan en la ilegalidad por parte del uribismo, sino más bien argumentar, explicar cuantas veces sea necesario, demostrar. Librar esto de manera muy civilizada; lo que valoro de todo esto, no es solamente que se produzcan decisiones y que nos favorezcan, sino que seamos muy coherentes con la manera en como estamos haciendo las cosas. Creo que hasta ahora lo hemos logrado. 

¿Cómo se explica este cambio del proceso a la Fiscalía? ¿Cree que hubo algún tipo de irregularidad?

Tengo una profunda convicción de que ha debido quedarse en la Corte, pero hay también una jurisprudencia y yo creo que eso es comprensible en un sentido distinto. Ahora, por supuesto hay una presión enorme, eso no se puede desconocer.

El ataque contra la Corte ha sido violento, la manera en cómo el exsenador y expresidente Uribe, ha emprendido su ataque contra los magistrados es infame, es una deslealtad con la justicia. Pero creo que los magistrados han actuado en derecho y han tomado una decisión jurídicamente sustentable, repito no la comparto, y por eso es que estamos emprendiendo otro análisis. Aquí lo que hay que hacer es: esto ya ocurrió, es historia, ahora estamos ante una nueva situación y con toda la serenidad y el análisis hay que abordarla. Eso es lo que estamos haciendo, hoy acabamos de radicar una recusación contra el señor fiscal general y la señora vicefiscal, puesto que consideramos que hay impedimentos. Pedimos que haya un fiscal ad hoc, es decir un fiscal nombrado para este proceso, y que quien lo nombre sea la Corte, porque creemos que el presidente de la república tiene un impedimento y también la vicepresidenta, eso nos parece que es un asunto bastante notorio. Así que ahí vamos construyendo ese camino poco a poco. 

Usted ha expresado que le generan dudas los impedimentos del fiscal Barbosa por su cercanía al partido de gobierno. Todo ese proceso de recusación parece muy enredado, ¿qué camino cree que va a tomar esto sin que pierda importancia?

Yo creo que esto no va a perder importancia, y no va a perder importancia porque ya ha llegado un punto en el cual esa vieja estrategia que muchas veces se ha utilizado, de dejar que las cosas se duerman y se aquieten hasta que pase un tiempo y se venzan todos los términos, va a ser muy difícil en este caso. Aquí, por razones que habría que analizar, esto ha sido público, y la contraparte se ha empeñado en que todo se conozca o por lo menos, se conozca bajo su interpretación y su filtración.

Ya en este punto veo, francamente, muy difícil que esto pase de un momento a otro al olvido. Lo que va a ocurrir aquí es que va a haber una lucha muy intensa en torno al caso. Nosotros no vamos a conceder nada; cada cosa va a tener una respuesta y va significar para nosotros una lucha que hemos asumido desde hace años. Esto para nosotros no es nuevo. Mi diferencia con Uribe es que yo llevo 25 años ante juzgados exigiendo justicia, buscando que se reivindiquen mis derechos y los derechos de las víctimas. Él, en cambio, no está acostumbrado a esto. Y nosotros no tenemos ningún afán, tenemos toda la disposición de discutir. Ellos atacan; nosotros estamos dispuestos a responder. No nos van a intimidar. El desgaste va por cuenta del señor expresidente, quien es el que tiene que demostrar su inocencia, cosa que cada vez es más difícil por el alud de pruebas que hay, y por los otros hechos que comienzan a emerger porque, paralelamente, esto comienza a tener otras implicaciones.

Yo no creo que la familia de Uribe (y esto por la misma voluntad y autorización del propio Uribe) decida contratar por miles de dólares una empresa publicitaria en Estados Unidos, a no ser que estén temiendo que comiencen a aparecer otros asuntos. Esa jugada de poner al público estadounidense a pensar en otras cosas es para que no se dé cuenta de que comienzan a salir asuntos como por ejemplo, que Uribe puede estar ligado a narcotraficantes (como aparecen en unos mensajes que se han dado a conocer) o que el señor Mancuso regrese a Colombia y comience a decir realmente cómo han sido todas estas historias. Entonces por supuesto que esto va teniendo otras implicaciones mucho más profundas. 


“Uribe tiene que explicarle al país sus relaciones con narcotraficantes y paramilitares”


¿Cómo ha vivido este proceso y cuál es su lectura frente el cubrimiento que le han dado los medios de comunicación, por lo menos en Colombia, a este caso?

Como decía, hemos estado acostumbrados desde hace mucho tiempo a librar batallas y tener que enfrentar situaciones en las cuales hay una enorme asimetría. Yo diría que pocas veces en mi vida anterior, como en esta, porque lo que hay en juego es un enorme aparato; un aparato muy poderoso en el cual se distorsiona, se oculta, se subraya o se interpreta como se quiera. Hay un gran pulso en la opinión pública inmediata y me parece a mí que es también un error que ciertos medios de información asuman un comportamiento estandarizado con relación a esta situación. Están perdiendo de vista que hoy las redes sociales han hecho que los públicos, las audiencias, no sean audiencias susceptibles de ser fácilmente engañadas.

Hoy hay la posibilidad de confrontar de múltiples formas una misma versión o información sobre los hechos, entonces insistir en el mismo esquema de pensar que con unos giros un poco premeditados o con una suerte de clichés mediáticos se puede engañar a la gente hoy es difícil. Creo que eso es importante decirlo porque se está aplicando un esquema para intentar convencer a la opinión pública de asuntos sobre los cuales ya hoy es difícil convencerla. 

A parte de esa imagen pública como senador y como uno de los protagonistas de este momento político ¿cómo se ha sentido en todo ese proceso en el ámbito privado?

Acostumbrados a esta situación, pero a mí me impacta y me duele, debo decirlo, que parte de estos ataques se concentren en mi familia, en mis colaboradores y colaboradoras abogados. La bajeza de los ataques, el hecho de que se apele a cuestiones que son de la dignidad y que pretendan humillarnos, me parece intolerable. Pero lo que me demuestra eso es que es reflejo de la estatura moral del adversario. Yo creo que eso demuestra una gran debilidad moral. Frente a eso la pelea por parte de ellos está perdida porque se puede, por su puesto, atacar de una manera abyecta, pero al final esa pelea resulta perdida; del lado nuestro sí está la estatura moral para enfrentar eso de una manera bastante digna. Si el propósito es humillarnos, no lo van conseguir. 

Ahora que habla de la moral, quisiera traer un tema que nos compete en este momento y es el de la violencia y su recrudecimiento actual. Más allá del disenso que debe existir en la democracia, ¿cómo analiza ese fenómeno en donde parece haber unos muertos que son aceptables y otros que no, un tipo de necropolítica que nos divide y clasifica?

Yo creo que el gran problema de la sociedad colombiana, es y probablemente seguirá siendo por un tiempo, la discusión sobre la paz y la guerra, y sobre si continuamos en esa tradición tan larga de la violencia o si existe la posibilidad de salir de ella. Creo que lo que hemos visto enfrentarse en estos años, pero en particular desde el 2016 hasta ahora es precisamente una concepción que persevera en la idea de que la violencia es necesaria, que la guerra es imprescindible y que la confrontación militar es la única vía de resolver los problemas del país. Frente a esto hay otra concepción que plantea la necesidad de unos cambios, unas reformas para poder superar esa historia de la necropolítica. Esto tiene una expresión política particular en el debate y es el modelo de intervención estatal en los territorios. Ese es uno de los grandes núcleos de discusión, porque se intenta decir que el tema central es el narcotráfico. No, el narcotráfico es parte de esa otra discusión más de fondo y es cómo el Estado hace presencia territorialmente. Ahí estamos en una discusión que es la que lamentablemente le ha costado la vida a cientos de mujeres y hombres que lideran los movimientos y las comunidades en los territorios, porque ellas y ellos son los principales defensores de una concepción de intervención del territorio diametralmente distinta a la que tiene este gobierno, y en general que han tenido los gobiernos. Esta es la idea de generar un desarrollo con un medioambiente sostenible, con el respeto de la naturaleza, con la posibilidad de desarrollar la agricultura, de desarrollar la vida colectiva, enfrentado a otro modelo que es el de saquear las riquezas naturales a como dé lugar, extraer todo el petróleo, acabar con los yacimientos, extraer todo el carbón, sacar todo el oro, todo para que quede al final un gigantesco hueco. Esa es más o menos la idea que hay allí. Y quienes no estén de acuerdo con eso sencillamente se tienen que ir, que se desplacen y vayan a cultivar coca. Ahora, cuando estén cultivando coca también habrá para ellos un castigo y es acabar con sus cultivos sin ofrecerles una alternativa. Allí lo único que emerge como posibilidad es que crezca la presencia del Ejército y de la Policía y cuando crece esa presencia crecen los grupos armados ilegales y crece el narcotráfico. Donde más hay policía y ejército en Colombia es donde más mueren líderes sociales y donde más hay confrontación, donde hay más violencia. La violencia solo engendra más violencia. Esa es la discusión que hay hoy y que se ha generado luego del Acuerdo de Paz.


“El desgaste va por cuenta del expresidente, quien es el que tiene que demostrar su inocencia, cosa que cada vez es más difícil por el alud de pruebas que hay”


Pensando en la gestión del presidente Duque y del futuro político de Colombia, ¿qué cree que vendrá luego de esta coyuntura tan movida para él y su gobierno?

Lamentablemente el presidente Duque ha hecho todas las elecciones que no debía hacer y ahora no solo los dos primeros años de gobierno, sino los dos últimos, han sido endosados a tareas que me parecen estériles y profundamente negativas como defender a Uribe, por ejemplo. Eso significa intentar acabar con el poder judicial, destruir el proceso de paz o ponerle el freno en sus aspectos más importantes, convertir la política exterior de Colombia en una plataforma militar para que la línea más de derecha del partido republicano desde Washington tenga un aliado en América Latina. También es usar el fracking, continuar la clientela política, la clásica repartición de mermelada, que casi juró que no iba a hacer, pero ha sido el campeón. Ha administrado esta crisis pensando no en el país, no en cómo atender la ruina económica que se genera, sino en mantener los intereses de los grandes grupos financieros y de las grandes empresas. Todo eso son elecciones estatales porque no solamente implican un daño para el país y para la gente, sino también un desastre político para el propio presidente, para su gobierno y su partido.

En ese futuro político cómo ve a la oposición y en particular la izquierda y a aquellos que están en el medio. ¿Cómo llegar a consensos para llegar a esas personas que le temen a un cambio?

Yo creo que esa preocupación es hoy mucho más profunda. En estos días bromeando les decía algunas compañeras y compañeros que hoy el problema es que podemos ganar y eso nos genera una responsabilidad mayor. Es decir, hoy ya no es el problema simplemente de pensarnos cómo ganar una elección o cómo hacer un planteamiento seductor para que voten por la persona que designemos. No. Hoy tenemos la responsabilidad de pensar cómo construimos un gobierno, como construir un Estado. No se trata ya de simplemente discutir cómo hacemos una alianza entre nosotros. Tenemos que tomar conciencia de que si ganamos una elección tendremos que responder por el futuro del país y tener en cuenta que hay muchos sectores distintos a la izquierda que deben participar en este proceso. Yo no coincido para nada con la idea de que aquí podemos dar un salto histórico hacia un modelo económico y social de carácter socialista, para nada. Nada de eso. Aquí tenemos que asumir la necesidad de hacer transformaciones que sea posible hacerlas, que estén acordes con las posibilidades reales que tenemos. Eso implica por supuesto hacer alianzas, no solamente partidistas, sino sociales, económicas, militares. Alianzas que impliquen la posibilidad de un gobierno de centroizquierda. Yo coincido con ese planteamiento.

Volviendo al caso del expresidente, hay varios procesos en la Corte en su contra y la estrategia seguramente será tratar de llevarlos a la Fiscalía, ¿qué podemos esperar en este aspecto?

Yo creo que es una ilusión si piensan que eso se va a esfumar en el aire. Es posible que en el paso a la fiscalía se intente desmantelar esos procesos o intenten distintas vías para ilegalizar las pruebas obtenidas, así como desandar el camino. Pero el asunto es que yo creo que aquí ya se ha llegado a un momento en el cual es muy difícil que se desvanezca el problema. El problema es que Uribe tiene que explicarle al país sus relaciones con narcotraficantes y paramilitares. No que provengan de acusaciones o de señalamientos que hayamos hecho, sino de sus propios reconocimientos de las relaciones que ha aceptado tener con los Ochoa, de sus relaciones familiares con el clan Cifuentes Villa o con Salvatore Mancuso. Insisto, aquí lo importante es el camino, no tanto el punto de llegada. Lo importante sería que se llegara a una conciencia de la necesidad de decir la verdad y ya, eso sería el final de todo este drama, porque no hay otra cosa detrás de nuestra acción, no hay ninguna pretensión de cárcel de nuestra parte, lo que hay es la necesidad de la sociedad colombiana de saber la verdad. Si eso existe se puede reconstruir el camino de este país sobre una base totalmente distinta.