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Estados Unidos, al borde de desatar una guerra contra Irán

Después del asesinato del comandante iraní Qasem Soleimani, el líder supremo Ayatollah Ali Khamenei juró que actuará con una “dura represalia”
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Qasem Soleimani, el comandante de las Fuerzas Quds de Irán, en 2016. El pasado viernes fue asesinado en una operación militar estadounidense.

Pool / Press Office of Iranian Supreme Leader/Anadolu Agency/Getty Images

En la mañana del viernes, 3 de enero, Estados Unidos asesinó a un militar y agente de inteligencia iraní llamado Qasem Soleimani. Fue abatido por un dron en el Aeropuerto Internacional de Baghdad junto a otros oficiales iraníes que operaban en Irak. El ataque fue el más agresivo que se ha presenciado en los enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán, una muerte que muchos creen que podría conducir a una guerra entre los dos países.

El Pentágono confirmó las noticias del asesinato de Soleimani, asegurando que las acciones fueron comandadas por el presidente Donald Trump. Todavía no han revelado detalles detrás de la planeación del ataque, como tampoco ha habido justificaciones consistentes de la administración norteamericana.

El comandante de las Fuerzas Quds de Irán era una de las mentes maestras detrás de las operaciones inteligentes y militares del país. Tanto así, que fue uno de los hombres más poderosos de Irán y uno de los confidentes del líder supremo Ayatollah Ali Khamenei, quien despreció y criticó las tácticas militares de Trump. Soleimani era un terrorista y uno de los hombres más peligrosos del mundo, ayudando al presidente sirio Bashar al-Assad en la guerra civil y causando la muerte de cientos de estadounidenses durante la Guerra de Irak, según oficiales de EE.UU. Pero este asesinato es el equivalente a un detonante para una guerra contra Irán y no es claro cómo la administración de Trump afrontará sus efectos colaterales. 

Aunque el Pentágono aseguró en su comunicado que Soleimani fue asesinado “para proteger el personal de Estados Unidos en el extranjero”, es un acto que tendrá consecuencias negativas. Irán ha reiterado que responderá con agresividad (el líder supremo Khamenei prometió una “dura represalia”) y el Departamento de Estado de Estados Unidos le ha pedido a sus habitantes en Irak que salgan inmediatamente del país. 

“Su partida no representa el fin de su camino o su misión”, añadió Khamenei en un comunicado que hacia un llamado a tres días de luto. “Pero les espera una venganza contundente a esos criminales que tienen su sangre y la de otros mártires en sus manos”. 

La muerte de Soleimani ocurrió unos días después de la protesta de miles de iraníes contra la embajada estadounidense en Baghdad, un ataque que el Pentágono asegura que fue orquestado por el líder bélico, y a menos de una semana de un ataque con misiles contra una base con tropas de EE.UU. en Irán. Los ataques de ambos lados dieron como resultado un incremento en la tensión y las provocaciones, después de que Trump se negara a continuar con un acuerdo nuclear que la administración de Obama firmó en 2015. El asesinato del líder iraní es, sin duda, la agresión más trascendental y significativa de ambos países, y podría ser el punto de quiebre de una guerra contra una nación de 80 millones de personas dispuesta a demostrar sus aptitudes militares. 

Trump no parece entender la gravedad del asunto. El pasado jueves en la noche respondió con un trino que incluía tan solo una imagen de la bandera de Estados Unidos, que ahora está en el tope de su página oficial de Twitter. 

“Irán nunca ganó la guerra, ¡pero nunca perdió una negociación!”, añadió el viernes en la mañana, refiriéndose a la negociación nuclear que firmaron. Considerando que Estados Unidos está al borde de empezar una guerra con Irán, es difícil discutir qué país está en una mejor posición. Tras el asesinato de Soleimani, la situación parece irremediable, inevitable e insalvable.