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“Hay semillas de cambio que pueden llegar a germinar”, Noam Chomsky

Cuando el reloj del fin del mundo (Doomsday Clock) indica que faltan 100 segundos para la medianoche, el pensador reflexiona sobre las amenazas que afronta la humanidad y los movimientos sociales que buscan soluciones.
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Heuler Andrey (Getty Images)

ROLLING STONE presenta un fragmento de Cooperación o extinción, el nuevo libro de Noam Chomsky. Publicamos un extracto del capítulo titulado Reflexiones actualizadas sobre los movimientos, en el que se revisan las posibilidades que tienen las iniciativas y activismos a la hora de afrontar las amenazas de extinción que se ciernen sobre nuestra especie.


Reflexiones actualizadas sobre los movimientos

EDITORES: ¿Cómo cree que debería afectar a la izquierda la inminente amenaza de extinción?, ¿y a su visión y sus estrategias de activismo? ¿Implica la extinción un replanteamiento de las luchas por la justicia? ¿Un nuevo tipo de militancia?

NOAM: Desde luego, no se puede pasar por alto la alarma de una «extinción inminente». Debería constituir un eje central firme de todo programa de concienciación, organización y activismo, figurar como trasfondo de cualquier forma de participación en todas las demás luchas. Pero, al mismo tiempo, no puede desplazar a estos otros problemas, en parte porque tienen una gran importancia, pero también porque los dilemas existenciales no se pueden abordar de forma eficaz a menos que haya una conciencia y una comprensión generalizadas de lo apremiantes que son. Y algo así presupone una sensibilidad más amplia hacia los problemas e injusticias que hostigan al mundo, una toma de conciencia más profunda, que sirva para inspirar un activismo comprometido, con un enfoque más penetrante sobre las raíces de tales asuntos y las interrelaciones que entre ellos se dan. No tiene sentido propugnar la militancia cuando la población no está lista para ella, y para conseguir que lo esté no hay mayor secreto que el trabajo paciente.

Puede resultar frustrante, si se considera que las amenazas existenciales son inminentes y muy reales, pero, en cualquier caso, se trata de etapas preliminares que no se pueden saltar.

EDITORES: ¿Cree que los movimientos deberían centrarse específicamente en el tema de la extinción, como hace Extinction Rebellion en Reino Unido? ¿Cómo se extrapolaría esto a Estados Unidos? ¿De qué manera deberían cambiar los movimientos existentes el eje de su estrategia?

NOAM: El movimiento Extinction Rebellion del Reino Unido tiene objetivos muy loables. En Estados

Unidos, el movimiento de base Earth Strike (earth.strike.com) ha planificado algunas acciones a lo largo de 2019, con el objetivo de que se convoque una «huelga general para salvar el planeta» para septiembre.

Hay otras organizaciones que plantean modos de actuación. Son todas ellas iniciativas muy valiosas, que merecen todo el apoyo, pero es inevitable que su éxito dependa del nivel general de conciencia.

No podemos ignorar la realidad del mundo en el que vivimos, un mundo en el que, por ejemplo, la mitad de los republicanos, de acuerdo con las encuestas más recientes, niega que el calentamiento global sea ni tan siquiera una realidad, mientras que el resto, una mayoría muy ajustada, sí considera que el ser humano tiene cierta responsabilidad. De acuerdo con las encuestas generales más recientes, de marzo de 2018, un escaso 25 por ciento de los republicanos considera que «el calentamiento global debería ser de alta o muy alta prioridad en la agenda del presidente y del Congreso». Por otro lado, estamos en un mundo en el que los informes sobre el crecimiento de la producción de combustibles fósiles que aparecen regularmente en la prensa liberal nos dan nuestra posición y nos toman la delantera, con las implicaciones que esto tiene para el poder mundial; en ellos quizá hasta se haga alguna mención a los efectos medioambientales a nivel local de la apertura de nuevas explotaciones, como la carencia de agua en los ranchos, por ejemplo, pero apenas van a contener una palabra, si es que hay alguna, sobre los efectos que pueda tener sobre la vida de la siguiente generación. Y lo mismo con respecto a la otra gran amenaza para la supervivencia. Se ha debatido muy poco en torno a la nueva estrategia de seguridad nacional de la Administración Trump, con miles de millones de dólares destinados a asegurar la «superación», es decir, la preponderancia sobre cualquier coalición rival, y garantizar que Estados Unidos tenga la capacidad de imponerse en una guerra contra China o contra Rusia, aunque una guerra así lo que significaría es más que nada la destrucción total. La presentó con entusiasmo el mítico «acompañante adulto», la «voz de la razón» entre los seguidores de Trump, «Perro Loco» Mattis, junto a otros planes para desfavorecer los nuevos tipos de armas e invertir el lento progreso hacia la mitigación de la seria amenaza nuclear.

En definitiva, no hay manera de evitar la ardua y sostenida labor de generar conciencia y entendimiento.

Las acciones innovadoras e impactantes pueden estimular la sensibilización y el reconocimiento de que hay que hacer algo urgentemente, en el contexto de iniciativas de más amplio alcance. El esquema general es bastante fácil de esbozar, lo que cuenta es entrar en los detalles con programas y medidas específicas.

EDITORES: ¿Y dónde podría radicar la mayor esperanza para la solidaridad y los acuerdos de alcance internacional? ¿Hay fuerzas estructurales, como un giro en la naturaleza de la globalización? ¿Hay esperanza en países o en instituciones específicos? ¿O estará más bien en los movimientos sociales globalizados? ¿Cómo pueden estos sobreponerse al hipernacionalismo de los nuevos regímenes autocráticos como los que se están imponiendo desde Brasil, pasando por Filipinas, hasta Estados Unidos?

NOAM: No hay una fórmula sencilla. Para enfrentarse a esas crecientes y destructivas tendencias hipernacionalistas y autocráticas, primero hay que comprender sus raíces. Es una materia demasiado amplia como para dar cuenta de ella aquí de forma seria, pero creo que hay pruebas evidentes de que los programas de austeridad neoliberales de la generación anterior han sido un factor sustancial, ya que han concentrado la riqueza y socavado la democracia operativa, dejando marginada a la mayor parte de la población e induciendo en ella un resentimiento y una rabia perfectamente comprensibles, que a menudo adoptan formas patológicas y hacen de la gente una presa fácil para los demagogos. Se trata de procesos que solo podrán confrontar aquellos movimientos sociales de corte progresista que puedan dar respuestas creíbles a las tan a menudo amargas exigencias de la vida diaria y, mejor aún, marcar las pautas para el cambio social e institucional que hace falta. Esa sería la base para la solidaridad internacional, en particular en un mundo globalizado, en el que son tantos los que afrontan las mismas amenazas a una existencia decente a la vez que cuentan con medios para comunicarse e interactuar.

Se trata de herramientas que el capital internacional ha estado explotando de un modo muy efectivo, pero las víctimas de sus severas políticas no tanto. Hay problemas muy graves a los que hay que enfrentarse y poner fin.

EDITORES: En este libro no se extiende mucho sobre el capitalismo. ¿Cree que el capitalismo lleva necesariamente a la extinción? ¿Hemos de ir más allá del capitalismo para asegurarnos la supervivencia?

NOAM: Las variedades de capitalismo estatal que existen en este momento se fundamentan en principios que creo que no deberían tolerarse. Algunas de las propiedades que predominan, como el desprecio de los factores externos y la orientación al crecimiento sin pensar en las consecuencias, garantizan literalmente el desastre, pero, de hecho, el sistema es lo suficientemente maleable como para mantener la esperanza de sobrevivir mediante políticas ecológicas, en la línea de propuestas detalladas como la del economista Robert Pollin, por ejemplo. Es un alivio, porque el mundo, teniendo en cuenta las condiciones concretas, no está maduro para un cambio institucional de gran alcance, en la dirección de una auténtica democratización y un control popular y participativo de la vida social, económica y política.

Hay que decir que, de hecho, ya hay semillas de cambio que pueden llegar a germinar. Nos guste o no, los problemas más acuciantes de la actualidad han de afrontarse en el marco general de las instituciones existentes, sin óbice para que al mismo tiempo se lleven a cabo esfuerzos para quitarnos de encima la opresión institucional y caminar hacia unas mayores cotas de libertad, justicia, democracia verdadera, cooperación y ayuda mutua en todas las esferas de la vida.

EDITORES: En la misma línea, se ha centrado en las principales amenazas para la existencia humana, a saber, el cambio climático generado por el uso de combustibles fósiles y un potencial conflicto con armas nucleares. Pero también, como es razonable, alude a muchas otras fuentes para una posible extinción de la especie. Si se evalúa el panorama, lo que destaca es lo integrales que son esas amenazas y el hecho de que los cambios correctivos han de implicar cada una de las dimensiones de la vida humana.

¿Cómo podemos llegar a entender un sistema que genera un carácter tan universal? ¿Existe tal sistema, o lo que hay es una multiplicidad de sistemas? Para concretar, ¿cómo hace para dar sentido a los desafíos que pueda afrontar su comunidad alguien a quien le preocupe, por ejemplo, el abuso de opiáceos en el cinturón industrial?

NOAM: El mundo es un lugar complejo, pero es posible identificar factores y estructuras sistemáticos.

Pongamos el tal abuso de opiáceos. ¿Por qué se da esta incidencia en el cinturón industrial? ¿Por qué la esperanza de vida en Estados Unidos no para de disminuir, por primera vez desde los tiempos de la Primera Guerra Mundial y la gran pandemia de gripe? ¿Por qué se trata de un fenómeno especialmente prominente entre los blancos de clase obrera, aquellos que han sido marginados por las políticas neoliberales de la generación anterior, incluida esta particular forma de globalización, diseñada en interés de la clase inversora y del capital transnacional? El paso del abuso de opiáceos a las políticas regresivas que comenzaron a tomar forma a finales de los setenta, aceleradas por Reagan y sus sucesores, es algo bastante claro. Como he mencionado antes, hay contrapartidas por todas partes, como es el caso del auge de las democracias iliberales o del colapso de las fuerzas centristas que habían estado dominando la vida política desde la Segunda Guerra Mundial. Hay estudios que abarcan desde Estados Unidos a Suecia y otros lugares, y se constata que la xenofobia, la histeria antiinmigratoria, el racismo y todo el auge de la derecha ultranacionalista han ido de la mano, en general, de la aflicción económica y el retroceso de los programas socialdemócratas. Así que sí, el mundo es un lugar complejo en el que interactúan una multitud de factores, pero hay rasgos sistemáticos en el malestar global, los cuales señalan el camino de la acción correctiva.