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Hoy nadie hace ‘el trabajo sucio’

Para que vieras a tus ídolos en tarima había decenas de personas partiéndose la espalda entre cables, luces y amplificadores. Hoy la crisis los tiene enfrentando un drama que nunca imaginaron. Hugo es uno de los técnicos más reconocidos de la escena nacional, por eso hablamos con él
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Figura emblemática: Hugo Ospina es uno de los hombres más reconocidos en el trabajo técnico que ha hecho posibles miles de conciertos en nuestro país.

MARIANA REYES-@MARIANAREYESFOTOGRAFIA

Hugo empezó su carrera en los escenarios más o menos en 1993, cuando aún no habíamos tenido siquiera la primera edición de Rock al Parque, un festival para el que ha trabajado en todas sus versiones. La Pestilencia, Ultrágeno, Skampida, Pornomotora, Velandia y la Tigra, Toto la Momposina, el Cholo Valderrama, Aterciopelados y La Derecha, son algunas de las bandas y artistas que han contado con su colaboración, además de nombres internacionales como Opeth, In flames, Apocalyptica, Asia, y Entombed, entre otros.

Hoy los escenarios están desmontados y las luces apagadas. Nadie sabe cuánto pueda durar esto realmente, y las soluciones no se ven cercanas. “Es difícil, cierto, pero nos queda la música”, dice Hugo. En medio del confinamiento habló con Rolling Stone sobre la difícil situación que vive su gremio.


¿Hasta qué punto están funcionando las iniciativas que buscan ayudar a los técnicos, roadies y stage managers durante la pandemia? [La Morada, #LaRazaQueNoSeVe, el festival digital C-20, etc.]

Es importante anotar varias cosas antes de responder esta pregunta. Primero, esto que estamos viviendo es inédito y no solo para nuestro gremio, creo que nadie en Colombia o en el mundo veía o sentía que algo similar pudiera pasar tan de repente, y por ende las reacciones y acciones ante la crisis han partido prácticamente de cero.

En segundo lugar, el nuestro es un gremio relativamente joven en el país, hace 20 años no se concebía el concepto como se concibe hoy en día, debido a esto, salvo un par de excepciones, todo el mundo tiraba para su lado, pero a raíz de la emergencia por el COVID-19, surgieron iniciativas como el IPPE (Industria de Producción de Eventos y Espectáculos), que se formó a los dos días de declarada la emergencia, y que ha hecho un trabajo impresionante de recolección de datos para saber a ciencia cierta cuántos somos; han venido trabajando sin descanso, buscando alternativas frente al gobierno para solventar la crisis.

Tercero, es importante entender que la cantidad de gente que depende de este trabajo es grandísima, y en un porcentaje muy alto somos free lance que guerreamos el día a día sin ningún tipo de seguridad o contrato, es decir, quedamos en el aire en este momento. Todo esto para entender que las iniciativas que se han gestado a partir de la crisis han tenido que hacer una labor muy importante y ardua de recolección de información, de decantación, para lograr que sus propuestas sean efectivas, y estas han venido tanto del mismo gremio de manera casi angustiosa, tal es el caso de #LaRazaQueNoSeVe, que organizó una Vaki en cuestión de días. Por el lado de la empresa privada, está el caso de La Morada. Y hay iniciativas que, usando las bases de datos recogidas por el IPPE y otras organizaciones, han recibido el apoyo de entidades pertenecientes a la Alcaldía Mayor de Bogotá, y en una labor conjunta lograron llegar con ayuda a más de mil colegas que están pasándola mal en la capital.

Las iniciativas han funcionado, ha sido difícil por la gran cantidad de personas que necesitan ayuda en estos días, pero lo que se ha hecho y lo que se sigue haciendo, ha sido importante.

¿En qué otras formas es posible apoyarlos?

Desde afuera, considero yo, es difícil encontrar ayuda contundente. El gobierno nacional, hay que decirlo, no nos tiene dentro de sus prioridades. La empresa privada, salvo pocas excepciones, como la iniciativa de La Morada, tiene ahora sus propios problemas.

Creo que la forma de ayudar en lo individual es apoyando los pequeños emprendimientos que se han derivado de esto. Por ejemplo, Roadie Colombia, una empresa que lleva casi 15 años prestando servicios profesionales en la industria de los conciertos, ofrece un kit de apoyo que incluye varios artículos significativos por 50 mil pesos, ese dinero se usará para ayudar a los colegas más necesitados. Como este ejemplo hay muchos.

En lo general, hoy más que nunca necesitamos de la creatividad de aquellos capos de la industria para que se inventen proyectos que permitan ejercer la labor de varias personas y empresas, eso sí, estando dentro de los protocolos de seguridad.

¿Ha pasado el gremio por otro momento difícil que pueda compararse con este?

Pues…. Todos los eneros y febreros [Risas]. Hablaba con un colega y coincidíamos en eso, porque enero y febrero son los meses con menor volumen de trabajo, y uno se acostumbra a ahorrar para sobrevivir a estos meses, y esto es un enero/febrero larguísimo. Pero hablando en serio, nunca nos habíamos enfrentado a algo similar.

¿Qué tan organizado está el gremio para funcionar exigiendo las garantías laborales mínimas de cualquier trabajador?

No está organizado para nada, y hay muchos factores que influyen en eso. Son muy pocos los empresarios interesados en tener trabajadores funcionando con las garantías mínimas, no es rentable para ellos, por eso echan mano a los independientes que hacen el trabajo sin ningún compromiso contractual. Es duro decirlo, pero juegan con las necesidades de la gente, eso lleva a que, para un trabajo calificado que vale realmente 100 pesos, ellos ofrezcan 50, y el trabajador que tiene necesidades urgentes hace el trabajo por esos 50 pesos; esto deriva en la subvaloración del trabajo y en disputas personales dentro del medio y la consecuente división entre nosotros mismos.

A esto hay que sumarle el hecho de que no existen políticas ni leyes que regulen el trabajo de los free lance, entonces, como dije antes, todos tiramos para nuestro lado. Esto siempre ha sido ‘un sálvese quien pueda’, y de esta manera es casi utópico pensar en una organización del gremio para exigir esas garantías.

Existen propuestas como Roadie Colombia, que ya mencioné, que ha intentado mantener y exigir un nivel justo de tarifas, pero existe la competencia desleal, empresas grandes que a la hora de ganarse un contrato por alquiler de equipos, regalan el trabajo de los técnicos de escenario, así es muy difícil.

Es muy fuerte ver que los conciertos y los festivales se estaban volviendo ya parte de nuestra cotidianidad, que la empresa privada estaba apostando por esos espectáculos, y que en ese proceso aparezca semejante coyuntura, ¿qué piensa al respecto desde su perspectiva?

Pienso que esto tiene un impacto brutal en todo el mundo involucrado en el negocio del entretenimiento, en toda la cadena de valor, no solo al nivel económico, este frenazo afecta a todos los involucrados en la industria y al público, que como usted dice, venía acostumbrándose a una ‘cotidianidad’ en la que los espectáculos jugaban un papel importantísimo dentro del mismo acontecer de la sociedad. Es fundamental ver el mapa completo en el que el entretenimiento, como parte integral del desarrollo de una sociedad sana y viable, se estrella contra este muro que es imposible de saltar.

Hablando a título personal, ¿ha pensado en la posibilidad de desarrollar otras habilidades de cara al futuro?

Claro que lo he pensado, creo que todos mis colegas lo hemos pensado, tenemos que poner comida en las mesas y eso no permite delays. Está muy vigente el concepto de la reinvención, y creo que para muchos va a ser la solución. Yo por mi parte creo que me convertiré en oficinista por el próximo año [Risas].

¿Cómo se imagina el funcionamiento de los espectáculos en Colombia después de esta emergencia?

La verdad, quiero que el futuro me sorprenda.